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Pescadores y científicos buscan salvar de la extinción a ballenas francas del Atlántico Norte

  • Pescadores, ingenieros, productores, científicos y gerentes se han reunido para desarrollar artes de pesca sin cuerdas para evitar que las ballenas francas del Atlántico Norte se enreden con equipos de pesca.
  • Solo quedan 451 ballenas francas y es posible que menos de 100 sean hembras reproductoras.

Las ballenas francas del Atlántico Norte enfrentan un futuro cada vez más incierto. A pesar de dos décadas de monitoreo y protección intensivos, sus números han llegado a un récord en siete años y queda un número estimado de 451 ballenas francas.

Hoy en día, sin embargo, un equipo recientemente conformado de ingenieros, científicos, conservacionistas y pescadores esperan haber podido hallar una estrategia posible para salvar estas ballenas en peligro de su amenaza más importante: el enredo en artes de pesca.

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El enfoque se centra en desarrollar las llamadas artes de pesca sin cuerda. El objetivo de la creación de estos equipos modificados es eliminar los sedales largos que conectan trampas, nasas y redes a boyas de señalización y otras boyas en la superficie. Las ballenas francas del Atlántico Norte (Eubalaena glacialis), de hasta 14 metros (46 pies) de largo y de un peso equivalente a 10 autobuses escolares, tienen tendencia a enredarse en estas cuerdas.

Un equipo de rescate trabaja para desenredar una ballena franca. Foto de NOAA Photo Library (post0025) [CC BY 2.0], vía Wikimedia Commons.

Incluso si el enredarse con un aparejo de pesca no mata a una ballena franca del Atlántico Norte por las heridas que le causa, puede perjudicar su capacidad para reproducirse. Los sedales pueden ralentizar el movimiento de la ballena cuando busca comida y eso es en especial preocupante para las hembras reproductoras, porque tratan de abastecerse lo suficiente para llevar una cría durante un embarazo de 12 meses y luego alimentar al ballenato de 900 kilogramos (una tonelada) luego de su nacimiento.

Consorcio sin cuerdas

Una reunión en Woods Hole, Massachussets, el uno de febrero lanzó la formación de un consorcio sin cuerdas nuevo destinado a «conectar pescadores, ingenieros, productores, científicos y gerentes», según un acta de la reunión. En la reunión, los científicos e investigadores buscaron maneras de moverse con cuerdas verticales adheridas a los equipos de pesca.

Comúnmente, los pescadores llegan a sus trampas, nasas y redes con un sedal fijo que va hasta la superficie. Pero la tecnología nueva podría permitirles recuperar y controlar sus aparejos para cangrejos, langostas y peces utilizando un control remoto. Una variante que ahora se está testeando desenrolla una medida de cuerda flotante cuando recibe una señal del bote arriba. Otro prototipo responde a una señal acústica con la liberación de aire que infla una bolsa y lleva la trampa a la superficie.

Una ballena franca del Atlántico Norte. Foto cortesía de NOAA (en dominio público), vía Wikimedia Commons.

El consorcio todavía tiene que determinar consideraciones como el costo y cómo se manejarán los sistemas en lugares con corrientes fuertes. Y actualmente, la pesca sin cuerda no es legal en Estados Unidos ni Canadá. Sin boyas de señalización en la superficie, los pescadores ilegales podrían utilizarla como una forma de esconder sus aparejos de las autoridades.

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Aun así, todas las estrategias que no utilizan cuerdas comparten el objetivo de cortar de raíz la hemorragia de la población de la ballena franca del Atlántico Norte. Los asistentes estuvieron de acuerdo en que una disminución sostenida no sería buena para nadie, porque podría llevar a que se cierren las pesquerías en un último esfuerzo por proteger a las ballenas.

“Creemos que estos cierres devastarán las pesquerías fijas y las comunidades que dependen de ellas”, escribieron los autores del acta. “Este es un problema de todos: la industria pesquera, los mayoristas, los minoristas, los consumidores, los organismos gubernamentales, los científicos y los conservacionistas”.

Minimizan colisiones

Por otra parte, los científicos y los conservacionistas han tenido más éxito en minimizar la amenaza que representan las colisiones con embarcaciones para las ballenas francas que nadan lento. Han trabajado con las compañías navieras para cambiar sus rutas y evitar las zonas en donde a las ballenas les gusta congregarse. Y los navíos grandes ahora deben reducir su velocidad cuando tienen que viajar por estas zonas. Estas medidas ayudaron a la especie a escaparse de la garra de la extinción en 1990 cuando solo quedaban 270 animales. Para el 2010, esas cifras aumentaron a 483.

Pero desde entonces, las cantidades han caído una vez más y el problema persistente (y generalizado) de las ballenas que se enredan no ayuda. Un estudio de 2016 descubrió que el 83 por ciento de las ballenas francas llevan cicatrices, o las mismas cuerdas restantes, de cuando se toparon con artes de pesca anteriormente.

El esqueleto de “Stumpy,” una ballena franca del Atlántico Norte cuya muerte por una colisión con una embarcación ayudó a que se sancionaran leyes que establecen velocidades menores para los buques de carga en las rutas de migración de las ballenas. Exhibido en el Museo de Ciencias Naturales de Carolina del Norte en Raleigh, Carolina del Norte. Foto y epígrafe de Nate J E [CC BY-SA 3.0], vía Wikimedia Commons.

“Es algo muy común para las ballenas francas y todas ellas sufren un cierto daño”, afirmó el biólogo Scott Kraus del Acuario de New England en una reunión del Consorcio de la Ballena Franca del Atlántico Norte en octubre de 2017. Los enredos tuvieron un papel central en varias de las 17 muertes registradas de ballenas francas en 2017, según el informe más reciente presentado por el grupo. Una pérdida tan alarmante para la población decreciente llevó al Servicio Nacional de Pesca Marina de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) a llamarla un “suceso inusual de mortalidad”. El consorcio informó en 2015 que los enredos causaron el 85 de las muertes de ballenas francas entre 2010 y 2015.

Algo que agrava potencialmente la deficiencia enérgetica a partir de los enredos, según lo que propone otra investigación reciente, es que las concentraciones de copépodos, un plancton que es alimento básico de las dietas de las ballenas francas, se han desplazado hacia el norte tal vez debido al cambio climático. Esto puede provocar una migración anual más larga y de mayor consumo energético de las aguas del sudeste estadounidense al Golfo de Maine.

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Hoy en día, los científicos creen que quedan nada más que 100 hembras reproductoras. “Dada la tasa actual de mortalidad, a la especie le quedan alrededor de 20 años antes de que estas 100 hembras desaparezcan y en este punto la especie estará funcionalmente extinta”, dice el informe de la reunión del consorcio sin cuerdas.

En otro golpe para la especie, la temporada de crías, que dura cuatro meses, terminó este mes, pero ninguno de los esquipos que estudia a las ballenas cerca de las costas de Florida y Georgia vio un solo ballenato.

“Sigo pensando cuándo tendremos esa recuperación maravillosa”, dijo Clay George, un biólogo de vida silvestre del Departamento de Recursos Naturales de Georgia, en un boletín informativo reciente. “Pero todavía no ha sucedido”.

Como dijo Kraus en octubre, “Hemos estado trabajando durante 20 años para tratar de reducir los enredos en las artes de pesca. Hemos probado de todo”, dijo. “E incluso así, no tuvo ningún impacto en la tasa… ni en la gravedad de los enredos”.

El nuevo consorcio sin cuerdas espera que puedan cambiar ese historial.

Imagen al comienzo de una ballena franca del Atlántico Norte cortesía de NOAA (foto en dominio público).

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Referencias

Kraus, S. D., Kenney, R. D., Mayo, C. A., McLellan, W. A., Moore, M. J., & Nowacek, D. P. (2016). Recent scientific publications cast doubt on North Atlantic right whale future. Frontiers in Marine Science, 3, 137.

Meyer‐Gutbrod, E. L., & Greene, C. H. (2018). Uncertain recovery of the North Atlantic right whale in a changing ocean. Global Change Biology, 24(1), 455-464.

Pettis, H. M., and Hamilton, P. K. (2015). North Atlantic Right Whale Consortium 2015 Annual Report Card. Report to the North Atlantic Right Whale Consortium, November 2015.

Pettis, H.M. et al. 2017. North Atlantic Right Whale Consortium Annual Report Card. Report to the North Atlantic Right Whale Consortium, October 2017.