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La lucha por los derechos jurídicos de los familiares más cercanos a los humanos

  • El movimiento de la personería de los grandes primates busca extender esta figura jurídica a los simios. Lo que se persigue es reconocer a estos animales no humanos como seres que poseen deberes y derechos.
  • Por lo pronto ha tenido varios logros notables en la lucha por lograr cambios en las legislaciones y en veredictos de tribunales individuales que han ordenado la liberación de primates en cautiverio y condiciones adversas.

Cecilia pasó más de 30 años encerrada sin juicio. Luego de la muerte de sus compañeros, pasó sus días y noches sola en una jaula pequeña con paredes y pisos de cemento, desprotegida del clima duro de las montañas de los Andes.

Luego, en 2016, Cecilia finalmente tuvo suerte en un tribunal argentino. La jueza María Alejandra Mauricio sentó posición sobre la manera en la que Cecilia era tratada en el Zoológico de Mendoza. La jueza reconoció a la chimpancé hembra como una persona jurídica con derechos —no una humana, pero tampoco un “objeto” a ser utilizado a voluntad— y ordenó que Cecilia fuera trasladada de su confinamiento solitario a un santuario animal.

Este fallo histórico le dio la razón a los activistas de los derechos animales y conservacionistas que por años han cuestionado el estatus de los grandes primates en los sistemas judiciales. El movimiento de personería de los grandes simios busca mejorar la suerte de los chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes al extender la personería jurídica y algunas protecciones legales a estos miembros no humanos de la familia Hominidae. Al cambiar el estatus jurídico de los primates, los defensores también esperan cambiar la forma en la que consideramos a los animales no humanos y en la que nos relacionamos con ellos.

Una madre y un bebé orangutanes (pongo pygmaeus) descansan en Danum Valley, Borneo malayo. El movimiento de personería de los grandes simios se nutre de tradiciones indígenas y de la filosofía moderna que reconocen a los simios como criaturas inteligentes con ricas vidas emocionales. Imagen de Charles Ryan / Sticky Rice Travel.

Raíces históricas

 

La idea de que los animales no son objetos no es nada nuevo. Tiene fuertes raíces en las creencias de los pueblos indígenas de todo el mundo, de Sudamérica a África.

“En términos generales, muchos pueblos indígenas integran a los animales como seres vivientes esenciales en sus cosmovisiones, evitan hacer una distinción tajante entre ‘humanos’ y ‘animales’, como es común es nuestras civilizaciones ‘modernas’ ”, indicó a través de un correo electrónico, Markus Fraundorfer, un becario de investigación del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Pablo de Argentina.

En muchas tradiciones indígenas, los animales son vistos y respetados como seres sintientes capaces de sentir emociones y dotados de inteligencia. Entonces, según Fraundorfer, los hábitats de primates administrados por pueblos indígenas están entre los lugares más seguros que quedan para los grandes simios.

De hecho, los conservacionistas actualmente están tratando de aprovechar el poder de la visión indígena y otros conocimientos tradicionales a fin de motivar a las comunidades locales a proteger a los grandes simios.

En contraste, las sociedades occidentales modernas han tendido a considerar a los animales como objetos que pueden explotar de manera libre y a menudo abusar de ellos con fines de entretenimiento, obtener ganancias o hacer investigaciones.

A partir de los cincuenta, sin embargo, primatólogos como Jane Goodall, Dian Fossey y Birutė Galdikas empezaron a cuestionar los límites entre los seres humanos y los grandes simios. La investigación revolucionaria sobre chimpancés, gorilas y orangutanes, respectivamente, llevó a un mayor entendimiento de los grandes simios y sus perspectivas revolucionaron no solo la ciencia, sino también nuestra relación con las especies.




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Otro hito importante fue el libro Liberación Animal de Peter Singer de 1975, a menudo llamado la “biblia” del movimiento de bienestar animal moderno. En 1993, Singer, ahora profesor de bioética de la Universidad de Princeton y a menudo descrito como el filósofo vivo de mayor influencia, cofundó el Proyecto Gran Simio, para promover que se garanticen derechos a los grandes simios, como derecho a la vida, a la libertad y la prohibición de tortura.

Desde los setenta, Singer ha visto un cambio en las actitudes hacia los grandes simios. “Al menos en el mundo occidental, la mayoría de las personas reconocen que está mal utilizar a los grandes primates como si fueran meros objetos, por ejemplo como herramientas de laboratorio para que experimentemos”, le respondió  a través de un correo electrónico a Mongabay. Explicó también que ahora reconocemos que los grandes simios son seres inteligentes que forman relaciones fuertes y tienen vidas emocionales ricas.

“Los experimentos invasivos en grandes primates han cesado esencialmente y los simios que vivían en miserables jaulas de laboratorio, a menudo en confinamiento solitario, ahora han sido enviados a santuarios en donde son parte de un grupo social y tienen vidas mucho mejores”, precisó.

Los dedos de un chimpancé a través de la jaula en el zoológico Artis Royal Zoo de Amsterdam. Los animales en sociedades occidentales han estado en cautiverio en zoológicos, jaulas, laboratorios de investigación y —de manera creciente— en tribunales. Imagen de Kitty Terwolbeck en VisualHunt / CC BY

Primates en tribunales

 

No solo se ha experimentado con animales en laboratorios; también han sido sentenciados a muerte en tribunales. El primer registro de una ejecución animal data de 1266, cuando hubo un juicio de una cerda infanticida en Fontenay-aux-Roses, Francia. En la Edad Media, perros, cerdos, vacas, caballos y toros comparecieron ante jueces y, de ser encontrados culpables de crímenes capitales, eran enviados de manera rutinaria a la hoguera o la horca.

Pero ahora los activistas llevan a los animales ante los tribunales por un objetivo diferente.

Desde principios de los noventa, algunos países han dado pasos importantes para proteger a los grandes simios y otros animales. Suiza enmendó su constitución en 1992 a fin de reconocer a los animales como seres y no objetos. En 1999, Nueva Zelanda garantizó protecciones fuertes para los grandes primates y como resultado hoy está prohibido su uso en investigaciones, testeos y enseñanza. De manera similar, varios países europeos —incluidos Austria, los Países Bajos y Suecia— prohibieron por completo el uso de grandes simios en testeos con animales.




La historia en 1 minuto: Una cría de mono araña da esperanza al Parque Nacional Cañón del Sumidero en México | VIDEO. Video: Mongabay Latam. 

Luego, Alemania garantizó derechos a los animales en una enmienda de 2002 a su constitución y se convirtió en el primer Estado miembro de la Unión Europea en hacerlo. En 2007, el parlamento de las Islas Baleares, una región autónoma de España, aprobó la primera ley del mundo que otorgaría de manera efectiva derechos de personería jurídica a todos los grandes simios.

En 2014, la Corte Suprema de India resolvió que todos los animales no humanos tienen derechos estatutarios y constitucionales en India. Eso fue luego de una decisión de 2015 de la Corte Suprema de Delhi de que las aves tienen el derecho fundamental de volar y una decisión de 2018 de la Corte Suprema de Uttarakhand que reconocía al reino animal en su totalidad como personas.

Los defensores de la personería sostienen que los primates poseen derechos intrínsecos, incluido el derecho a moverse de manera libre y asociarse con su propia especie. Una cantidad creciente de tribunales y legisladores han tenido en cuenta este argumento. Foto de stoic en VisualHunt / CC BY

A fines de 2014, Argentina garantizó a una orangutana en cautiverio “derechos de persona no humana” y, en 2016, a la chimpancé Cecilia se le otorgó personería jurídica.

“En la presente no se intenta igualar a los seres sintientes —animales— a los seres humanos, como así tampoco se intenta elevar a la categoría de personas a todos los animales o flora y fauna existente, sino reconocer y afirmar que los primates son personas en tanto sujetos de derechos no humanos y que ellos poseen un catálogo de derechos fundamentales que debe ser objeto de estudio y enumeración por los órganos estatales que correspondan”, dice el fallo de la jueza Mauricio.

“Aplaudo esta decisión audaz y espero que con el tiempo la sigan otros jueces de todo el mundo”, afirmó Singer. No obstante añadió que muchos legisladores todavía “parecen estar preocupados por adelantarse a la opinión pública” y “podrían ser más audaces”.

Singer indicó que cree que la personería no debería depender de la pertenencia a una especie. El objetivo principal del movimiento para garantizar personería jurídica a los grandes primates, explicó, es achicar la brecha entre humanos y otros animales al reconocer que no solo los seres humanos son personas ni los únicos que deben tener derechos legales como tales.




Video: Mongabay. 

“Si las personas sostienen que los grandes primates no son tan racionales como los humanos, o no pueden usar el lenguaje como nosotros, podemos responder que no negamos la personería a los seres humanos que no tienen la capacidad de razonar o utilizar el lenguaje”, sostuvo.

El libro Liberación Animal de Singer cambió las vidas de muchas personas en todo el mundo. Una de ellas es Steven Wise, quien luego de leerlo se convirtió de un día para otro en un abogado dedicado a la protección animal. Wise es hoy un académico y el fundador y presidente del proyecto Nonhuman Rights Project (NhRP), que trabaja para asegurar los derechos fundamentales reconocidos por la ley a los animales no humanos. Entre los miembros de la junta se encuentra la primatóloga pionera Jane Goodall y sus clientes potenciales no son solo grandes primates individuales, sino también elefantes, delfines y ballenas que viven en cautiverio en todo EE.UU.

“El proyecto Nonhuman Rights Project sostiene que son seres autónomos que pueden elegir cómo vivir sus vidas y que la autonomía es una cualidad que los jueces y legisladores valoran en gran medida y creen que es su trabajo proteger”, explicó Wise.

Un gorila de montaña joven fotografiado en el Parque Nacional Virunga, RDC. Los activistas esperan que garantizar derechos legales a los primates ayude a eliminar la división entre los humanos y la naturaleza y nos inspire a proteger a los animales salvajes y preservar los ecosistemas. Imagen de Charles Ryan / Sticky Rice Travel.

¿Reconocer a los grandes primates como personas jurídicas puede ayudar a salvarlos?

 

Fraundorfer de la Universidad de San Pablo explicó que el movimiento por la personería jurídica de los grandes primates podría tener un rol importante en salvar a los grandes simios de la extinción al cambiar la manera en que vemos a los animales no humanos. Esto, sostuvo, puede respaldar la aparición de nuevas ideas sobre cómo nos vemos a nosotros mismos en relación con animales no humanos y el planeta como un todo. Por extensión, estas nuevas maneras de pensar pueden ser capaces de afectar cómo abordamos desafíos mundiales como el cambio climático y la devastación del ambiente, sostuvo Fraundorfer.

Sin embargo, también teme que la división humanos-animales y la ideología comercial neoliberal estén muy arraigadas en el tejido de la sociedad moderna. En un sistema liderado por las dinámicas del mercado, en donde las regulaciones para proteger a la naturaleza a menudo son consideradas barreras para el progreso, puede ser ya muy tarde para ayudar a salvar a los grandes primates de la extinción y proteger lo que queda de la biodiversidad del planeta. “En otras palabras, puede ser muy tarde para salvarnos de nosotros mismos”, afirmó Fraundorfer.

“La lucha por la personería jurídica de los grandes primates es una de las muchas maneras posibles de protegerlos [a los grandes primates]”, indicó Wise del NhRP y añadió que en el estado de Nueva York, el NhRP estaba haciendo un buen progreso para persuadir a los jueces de considerar a los chimpancés personas con derechos legales.




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El NhRP ya ha empezado a crear y colaborar con grupos de trabajo jurídicos en Gran Bretaña, España, Francia, Suecia, Finlandia, Suiza, Portugal, Argentina, Israel, Turquía, India y Australia para desarrollar campañas de derechos no humanos adaptados a los sistemas legales respectivos de estos países. También busca expandirse a estos países en donde los primates todavía se encuentran en la naturaleza.

“El NhRP recién está empezando a trabajar en los países en el rango. Esperamos, con otros, persuadir a los gobiernos de reconocer la personería y los derechos legales de los grandes primates como parte de la lucha para protegerlos”, explicó Wise.

“Si reconociéramos que algunos animales no humanos son personas”, indicó Singer, “eso cambiaría de manera radical la forma en que nos vemos a nosotros mismos y nuestra relación con los otros seres con quienes compartimos este planeta”.

El artículo original fue publicado en Mongabay News. Puedes leerlo aquí.

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