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México: comunidades hacen del agave un aliado para restaurar suelos degradados

Agave salmiana es uno de los protagonistas en el programa de reforestación de 546 hectáreas en ejidos de San Miguel de Allende. Foto: Cortesía ejido Los Torres.

  • Para aliviar la degradación de los suelos, familias de dos ejidos en San Miguel Allende, Guanajuato, han reforestado 546 hectáreas de terrenos comunitarios.
  • Agave salmiana, palo dulce y ocotillo son algunas de las especies utilizadas en la reforestación de 546 hectáreas, como parte de un programa de Pago por Servicios Ambientales.

Juana Soria camina bajo uno de los árboles que yace afuera del salón de asambleas de la comunidad, luego de hacer un recorrido con autoridades ejidales y funcionarios para mostrar las acciones de reforestación y restauración que ella, su hija y otras 19 familias han implementado en la parte alta del ejido Los Torres, en el municipio de San Miguel de Allende, Guanajuato, donde vive desde que tenía seis años.

San Miguel de Allende, municipio ubicado en el centro de México, se encuentra en una región donde abundan los arbustos, cactus y pastizales, plantas representativas del ecosistema de matorral xerófilo, característico de climas áridos y semiáridos. Y aunque en esta zona, la humedad no es algo que marque el paisaje, para los habitantes de Los Torres los cambios en el ambiente ya son evidentes:

“Vemos falta de lluvia y falta de tantas aves. Antes, cuando era niña, donde quiera había cantadero de pájaros, y ahora uno va al campo y ya no cantan. El agua ya también no hay mucha, pues ¿cómo vive un animal así?”, comenta Juana Soria, mientras observa el matorral y señala las áreas donde solían escuchar a las aves. Esos cambios se suman a la erosión que sufren los suelos de la región.

Uno de los paisajes en donde se busca realizar la restauración de los suelos. Foto: Yanine Quiroz.

Ante este panorama, habitantes del ejido Los Torres y su vecino El Salitre decidieron no quedarse con los brazos cruzados. Desde el 2020, unas 35 familias de las dos comunidades participan en un programa de apoyo forestal sustentable con el que trabajan para restaurar los suelos y reforestar sus terrenos comunitarios con maguey, ocotillo y árbol de palo dulce.

El programa funciona bajo un esquema de Pagos por Servicios Ambientales y es impulsado por la Comisión Nacional Forestal (Conafor) y el municipio de San Miguel de Allende. El objetivo es recuperar y preservar los servicios ambientales —regulación del clima, recarga de acuíferos, conservación de biodiversidad y secuestro de carbono para mitigar el cambio climático— de 1480 hectáreas de terrenos de uso común del ejido Los Torres y 622 hectáreas en el Salitre.

Juana Soria (izquierda) y Cesárea González (derecha) son dos de las mujeres que participan en el programa de Pago por Servicios Ambientales en el ejido Los Torres, en San Miguel de Allende. Foto: Yanine Quiroz.

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Tierra de matorrales y fauna

La ciudad de San Miguel de Allende atrae a visitantes nacionales y extranjeros por su legado histórico, arquitectónico y cultural. Más de 132 mil turistas arribaron al municipio de enero a marzo de 2022. El turismo, pero sobre todo la agricultura han ocasionado una fuerte presión sobre los recursos hídricos de la región, que se refleja en la sobreexplotación de los acuíferos San Miguel de Allende y Cuenca Alta del Río de la Laja, según reportes de la Comisión Nacional del Agua (Conagua).

Para ayudar a llenar de agua esos acuíferos, la vegetación del bajío juega un papel esencial. El municipio se encuentra en la Mesa del Centro, donde abundan ecosistemas de matorral xerófilo y pastizal que se caracterizan por sus cactáceas, arbustos como la gobernadora (Larrea tridentata), con sus hojas de tamaño reducido y flores amarillas, y nopaleras como el cardón (Pachycereus pringlei) que produce la tuna cardona, consumida en jugos o jaleas.

La importancia ambiental del territorio en donde se encuentran los ejidos Las Torres y El Salitre es, entre otras cosas, su papel como una importante zona de transición, menciona Julio Ledesma, subdirector de Medio Ambiente y Sustentabilidad del municipio de San Miguel de Allende. “Hacia el sur —explica— tenemos el bajío [el Eje Neovolcánico, donde hay bosque templado], y al norte se hace el cambio de ecorregión a la Meseta Central o el Altiplano Central. Esta zona resguarda el tipo de vegetación del semiárido, aunque también tenemos bosque de encino, de pino-encino, de galería y selva baja caducifolia”.

Una vista al ecosistema de matorral xerófilo de San Miguel de Allende, con especies de cardones y huizaches. Foto: cortesía ejido Los Torres.

Además, esta región es hábitat de especies como el gato montés (Felis silvestris), así como de aves como el correcaminos (Geococcyx californianus) o la codorniz de Moctezuma (cyrtonyx montezumae). En los estudios técnicos que buscan declarar a Los Picachos y Presa Allende como Área Natural Protegida Estatal se menciona la  presencia de animales como el puma (Puma concolor).

A pesar de la diversidad biológica que alberga el municipio, sus suelos se encuentran degradados. Lo anterior se observa mientras Juana Soria y los representantes ejidales y del gobierno recorren la parte alta de Los Torres. La tierra tiene un aspecto poroso, reseco y con un tono blanco. Esta no es una condición exclusiva de esta área del país. En realidad es un reflejo de un problema que enfrenta buena parte del territorio nacional: 45 % de los suelos de México se encuentra con algún proceso de degradación.

Construcción de zanjas bordo para conservar el agua de lluvia y evitar deslizamientos desde la parte alta del ejido. Foto: cortesía ejido Los Torres.

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La urgencia de restaurar los suelos

Los ejidatarios de Los Torres conocen el problema y las consecuencias de la degradación de los suelos: “Debemos saber todo sobre la tierra porque cuando nosotros ya no estemos, va a quedar puro tepetate [suelo endurecido y poco fértil] ¿Dónde vamos a sembrar?”, se pregunta Juana Soria.

Los procesos de degradación ambiental en Guanajuato suceden principalmente en la zona norte, justo en el área en donde se encuentra el municipio de San Miguel de Allende, y se deben principalmente a la expansión de asentamientos humanos y a la actividad agrícola, revela un artículo científico publicado en 2020 por el Instituto de Geografía de la UNAM. Los investigadores analizaron mapas de uso de suelo y vegetación y evaluaron el porcentaje de superficie vegetal que aumentó o disminuyó en esos periodos, qué tan rápida fue esa modificación y las trayectorias que siguieron esos cambios.

El estudio concluye que “la intensa transformación de las cubiertas originales constituye una amenaza para los ecosistemas actuales, en los que serán mermados los servicios ambientales que proveen ante la creciente demanda de la población local, nacional e incluso internacional”.

Trabajos de reforestación en los terrenos comunitarios. Foto: cortesía ejido Los Torres.

Además, la erosión del suelo aumenta la vulnerabilidad de la población frente a eventos como inundaciones, que se agudizan con el cambio climático. “Aquí son áreas donde si llueve, y no tenemos vegetación, el agua va a arrastrar la tierra y todos los sedimentos hacia las partes bajas, lo que provocará inundaciones y deslaves. Además de mala calidad del agua, porque no se va a filtrar en el suelo y no va a recargar los mantos freáticos”, explica José Antonio Méndez, titular de la Promotoría de Desarrollo Forestal de la Conafor en Guanajuato. Por eso, agrega, son importantes las acciones de restauración de suelos que realizan los habitantes de los ejidos Los Torres y El Salitre.

Recuperar servicios ambientales

Desde el salón de asambleas del ejido, Rafael Barranca, comisariado de Los Torres, comparte cómo es el involucramiento de ejidatarios en el programa de Pagos por Servicios Ambientales. “Se les hace el llamado para que entren y beneficien a sus familias”. Actualmente, dice, en este ejido participan 20 familias; todos sus integrantes participan en las actividades.

Una de esas familias es la de Juana Soria. Ella, su hija y las 19 mujeres jefas de familia con sus hijos son quienes dedican más tiempo a estos trabajos. Por familia llegan a recibir hasta 2340 plantas entre las que se incluyen especies de palo dulce, agave y ocotillo, que les brindan en cada temporada de reforestación.

Colocación del cercado para evitar que el ganado entre a las zonas reforestadas. Foto: cortesía ejido Los Torres.

“Primero empezamos escarbando zanjas para la conservación de agua de lluvia, ahí plantamos ocotillo y palo dulce para que crezcan con la humedad. Enseguida reforestamos con mezquite, huizache y ya últimamente el maguey para ver si producimos aguamiel y pulque”, explica Juana Soria.

El maguey que cultivan es de la especie salmiana, distribuida en el centro de México. Aunque tarda al menos 7 años en producir aguamiel o penca de maguey, brinda altos rendimientos productivos, hábitat y alimento para la fauna, como el gusano rojo (Comadia redtenbacheri), gusano blanco (Acentrocneme hesperiaris) e incluso especies polinizadoras como murciélagos y colibríes, así como beneficios para los terrenos, pues generan raíces ramificadas que fijan el suelo alrededor de la planta, evitando su erosión ante lluvias o vientos y su deslizamiento en pendientes, se resalta en el documento Propuesta de reforestación con Agave salmiana de la región centro del país, en el ejido de San Mateo Chipiltepec, Acolman, Estado de México, 2015.

“Este es agave mezcalero y pulquero, es un sistema totalmente distinto al agave tequilero, que ocupa un sistema agrícola-industrial y ha deforestado muchas superficies en Jalisco”, detalla Julio Ledesma, quien añade que “reforestar con agave no es tan espectacular como tener árboles de 8 metros, pero lo elegimos porque está adaptado a estas condiciones. Son plantas que tuvieron su centro de origen y diversificación en esta zona ecológica del país”.

Magueyes salmiana utilizados en los trabajos de reforestación. Foto: cortesía ejido Los Torres.

Las zanjas bordo (obras de conservación del suelo que permiten la infiltración de agua) y las reforestaciones son algunas acciones que las familias realizan como parte del programa. Además, se han colocado cercas en el perímetro comunal, donde realizaron las reforestaciones, para evitar que el ganado se coma las plantaciones y degrade el suelo.

Quienes participan en el proyecto también hacen vigilancia y monitoreo de especies de flora y fauna, como parte del programa Monitoreo Comunitario BIOCOMUNI, creado por la Conafor, el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza A.C. y el Servicio Forestal de los Estados Unidos. Como parte de este proyecto, a las comunidades se les enseña la metodología de monitoreo y se les proporciona cámaras trampa.

El monitoreo y vigilancia es una tarea crucial en las comunidades, pero no se dan abasto. El comisariado de Los Torres menciona que solo hay cuatro personas dedicadas a esta labor en el ejido; ellos han identificado a forasteros que, presumiblemente, extraen aves del ejido como palomas alas blancas (Zenaida asiatica), por lo que pidió apoyo de las autoridades federales y locales para detener esas prácticas ilegales.

Para financiar el programa de restauración de los suelos, la Conafor y el municipio de San Miguel Allende unieron recursos, gracias a un esquema de fondo concurrente.

Avistamiento de coyote en Los Torres a través del sistema del monitoreo de fauna Biocomuni. Foto: cortesía ejido Los Torres.

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Los siguientes pasos 

Durante el recorrido en la parte alta de Los Torres, Juana Soria y Rafael Barranca muestran algunos magueyes salmiana que plantaron: se ven verdes y van creciendo a dos años de iniciar con las reforestaciones.

“Cuando el maguey crece, se le corta la penca alrededor, la molemos y se la damos a las reses, los puercos o las gallinas para que engorden. El nopal, igual, si lo dejamos crecer al rato podemos vender tunas, el pulque de tunas o el queso”, comparte con entusiasmo Juana Soria.

“Le estamos dando vida al mundo, al uso común del ejido. Me da mucho gusto que ayudemos al medio ambiente para que vuelva otra vez la fauna. Creo que a futuro va a ser un gran beneficio para la comunidad”, expresa Rafael Barranca.

El comisariado es consciente de esos beneficios, por ello espera que en el futuro, cuando su generación no esté, los hijos de los ejidatarios decidan mantener y conservar sus tierras comunales y, por lo tanto, sus recursos y servicios ambientales.

Familias trabajan en la construcción de las zanjas de bordo. Foto: cortesía ejido Los Torres.

“El siguiente paso es generar una cooperativa ejidal con industria del agave y el mezquite: hacer aguamiel, composta, fibra, tela, mezcal, pulque, cerveza de mezquite, harina de mezquite. Lograrlo sin perder el equilibrio ambiental”, explica Alejandro Castro, director de Medio Ambiente y Sustentabilidad de San Miguel de Allende.

Las autoridades municipales, además, contemplan medir los resultados del programa con estudios de índices de humedad, infiltración de agua y análisis de suelo, para tener mayores evidencias sobre los servicios ambientales que se consiguen con los trabajos que realizan los ejidos de Los Torres y El Salitre.

Por ahora, el ejido tiene previsto continuar con las labores de restauración y reforestación. Y el comisariado considera que podrían ocupar parte de los recursos del programa para implementar mejoras sociales, como construir una clínica y una telesecundaria. “Lo que quiero es que mi gente reciba una retribución por sus acciones, porque con mucho esfuerzo están reforestando y restaurando”, sostiene Rafael Barranca.

* Imagen principal: El Agave salmiana es uno de los protagonistas en el programa de reforestación de 546 hectáreas en ejidos de San Miguel de Allende. Foto: cortesía ejido Los Torres.

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