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Efecto invernadero: recorte de emisiones de gases podría revertirse por aumento de deforestación en Brasil

  • La disminución de la deforestación entre el 2016 y el 2017 ahorró emisiones por un equivalente a 610 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono en la Amazonía brasileña y 170 millones de toneladas métricas en el Cerrado, la sabana boscosa de Brasil, según el Gobierno brasileño.
  • Sin embargo, en medio de una deforestación en aumento durante los últimos años, en especial en la Amazonía, los expertos mostraron su preocupación por que esta reducción de emisiones no se sostenga.

El Gobierno de Brasil anunció que recortó sus emisiones de gas de efecto invernadero a tal punto que cumplió el objetivo establecido hace tiempo con tres años de anticipación. Los climatólogos sostienen que, si bien el hito refleja los progresos  que se han hecho en reducir la tasa de pérdida de bosques, declarar la victoria a esta altura podría ser prematuro, dada la lucha continua por controlar la deforestación en Brasil.

“Es muy arriesgado afirmar que Brasil cumplirá las metas del 2020”, planteó a Mongabay Carlos Nobre, climatólogo e investigador sénior en el Instituto de Recursos Mundiales Brasil. Sostuvo que, si bien las cifras actuales son mucho menores a “las tasas de deforestación gigantescas y ridículamente altas” de finales de los 90 y principios de los 2000, un repunte reciente en la pérdida de bosques puede dificultar el mantenimiento del curso.

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“No es imposible, pero es cada vez más y más arduo”, agregó Nobre.

El 9 de agosto durante una presentación de miembros nuevos del Foro Brasileño sobre Cambio Climático en el palacio presidencial de Brasilia, el presidente, Michel Temer, informó que la reducción de deforestación entre el 2016 y el 2017 ahorró emisiones por un equivalente a 610 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono en la Amazonía y 170 millones de toneladas métricas en el Cerrado, una sabana boscosa que cubre más de un quinto de Brasil. Ambas cifras eclipsan los objetivos del equivalente a 564 millones de toneladas métricas de reducción de emisiones de dióxido de carbono en la Amazonía y a 104 millones de toneladas métricas en el Cerrado, tal como figura en el compromiso aprobado por el Congreso brasileño en el 2010 como parte de la política nacional sobre cambio climático.

Un árbol de la castaña solitario en una zona deforestada. Foto: Rhett A. Butler/Mongabay.

El ministro de Medioambiente de Brasil comparó dichos objetivos con las tasas de deforestación medidas por PRODES el sistema de monitoreo brasileño para el Cerrado y la Amazonía. Pero los científicos señalan que los métodos que respaldan el sistema dan espacio a la incertidumbre respecto de los cálculos del Gobierno.

Por ejemplo, las emisiones resultantes de la degradación del bosque (como consecuencia de la tala, por ejemplo) no están incluidas en los cálculos del Gobierno, como tampoco lo están las emisiones causadas por los incendios.

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“La tala y los incendios causan emisiones que están reduciendo los bosques amazónicos y aún no están calculadas en las metas de París que tiene Brasil”, escribió en un correo electrónico Daniel Nepstad, ecologista forestal y fundador y director del Earth Innovation Institute.

Brasil se comprometió a reducir un 37 % sus emisiones de gases de efecto invernadero para el 2025 cuando firmó el Acuerdo de París sobre el clima en el 2015.

“Sería posible [reducir] radicalmente los incendios del bosque amazónico y las emisiones abundantes que provocan, ya que es una de las emisiones más económicas de eliminar”, agregó Nepstad. Pero, por el momento, las emisiones causadas por incendios no están incluidas en las Contribuciones Previstas y Determinadas a Nivel Nacional (INDC, por sus siglas en inglés) de Brasil de acuerdo con el Acuerdo de París.

La política actual del país sobre cambio climático precede a los acuerdos de París sobre el clima. En el 2009, el entonces presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, prometió que Brasil reduciría sus emisiones un 36 % o más para el 2020. Eso significa una reducción del 80 % en las tasas de deforestación comparado con lo ocurrido entre 1996 y el 2005.

Como resultado de los esfuerzos “enormes” para alcanzar esas metas, que comenzaron en el 2004, la deforestación disminuyó, según sostuvo Nepstad.

“Brasil logró lo que pocos estudiosos de la deforestación pensaron que fuera posible —explicó—. Restringieron la deforestación a lo largo de una región enorme, casi continental, de pluviselva (la Amazonía)”.

Deforestación anual en la región amazónica brasileña desde el 2001, según el Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE).
Deforestación anual en la región del Cerrado desde el 2001, según el INPE.

El Gobierno amplió las áreas protegidas de Brasil, aumentó las patrullas de control y restringió el crédito financiero en lugares donde las tasas de deforestación estaban por las nubes, según comentó Nepstad. Eso llevó a que la tasa de deforestación del 2017 fuera un 65 % menor que la tasa promedio entre 1996 y el 2005, que es el punto de referencia del país sobre deforestación.

“Pero el logro fue aún mayor hace cinco años”, agregó Nepstad (77 % menos que el promedio 1996-2005).

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Desde el 2012, las tasas de deforestación en la Amazonía han vuelto a subir y llegaron al pico más alto desde el 2009 en el 2016 acon un total de 7989 km2. La pérdida de vegetación en el Cerrado también había estado disminuyendo desde principios de los 2000, pero volvió a aumentar después del 2012.

Deforestación anual en la Amazonía brasileña desde el 2009, según el INPE. Brasil comenzó a perder terreno en su progreso hacia el cumplimiento de su meta de reducción de emisiones por deforestación en el 2015, cuando la deforestación superó su meta oficial. Ahora ya ha fracasado por tercer año consecutivo.
Deforestación acumulada en la Amazonía brasileña y progreso de cumplimiento de las metas de reducción de deforestación desde el 2009, según el INPE.

Carlos Nobre atribuye este aumento a una recesión reciente en Brasil, que dejó menos dinero en las arcas públicas para detener la deforestación, mucha de la cual era ilegal.

“Es necesario tomar acciones —planteó Nobre—. Hay que arrestar a estas bandas responsables por la deforestación”.

Otros expertos señalan la influencia de la política nacional. Carlos Souza, científico de la ONG Imazon ubicada en Brasil, sostuvo que las tasas de deforestación en la Amazonía probablemente se mantengan más altas que las metas del 2009 para una deforestación anual promedio —5586 km2 por año desde el 2014 hasta el 2017—, ya que “el Gobierno está desmantelando las ganancias ambientales de la década pasada y hay menos financiación para llevar a cabo un control de la deforestación ilegal”.

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La política mundial también podría ejercer su efecto. La guerra comercial de Trump provocó que la soya brasileña y el ganado fueran más atractivos para los compradores, lo que ejerció presión sobre la Amazonía por parte de granjeros y de ganaderos. La moneda de Brasil, el real, también se debilitó. Esto llevó a un mayor interés en el sector agrícola desde el extranjero.

A algunos les preocupa que esto pueda revertir la tendencia en la reducción de emisiones o que se haya terminado la lucha por salvar los bosques brasileños.

“Este anuncio puede parecer una excelente noticia, pero oculta la situación real: la deforestación continúa siendo muy elevada”, afirmó Carlos Rittl, secretario ejecutivo del Observatorio del Clima de Brasil, un grupo de entidades de la sociedad civil, en una entrevista al diario brasileño Estadão. “Y no se puede decir… que el objetivo se alcanzó porque esta situación puede cambiar en los próximos años”.

Imagen de satélite de Google Earth, donde se muestra la deforestación en Igarape Lagé, un territorio indígena en el estado de Rondônia, Brasil. Imagen cortesía de Google Earth.

Un comunicado del Observatorio del Clima también señaló que la pérdida de bosques en la Amazonía sigue siendo 78 % más alta que los 3900 km2 de deforestación necesarios para alcanzar la meta de una reducción del 80 % en las tasas de deforestación para el 2020, según lo codificado en la ley brasileña en el 2010.

En efecto, el anuncio de la reducción de emisiones fue el resultado de una caída en las tasas de deforestación amazónica de un 16 % entre el 2016 y el 2017. Pero una investigación indica que la deforestación podría estar aumentando otra vez en el 2018. Imazon calcula que 1169 km2 de bosque amazónico fueron despejados tan solo en junio del 2018.

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A pesar de las fluctuaciones en la política y en el cumplimiento de la ley, Carlos Nobre afirmó que mantener baja la deforestación debería ser una prioridad para las autoridades, independientemente de la elección de Jair Bolsonaro.

“[El nuevo gobierno] se esforzará mucho por mantener esos compromisos porque es muy malo para Brasil desde el punto de vista internacional… si se ve a Brasil como un país que no puede controlar ni reducir la deforestación”, sostuvo Nobre.

La comunidad internacional también debe continuar brindando incentivos para alentar a Brasil a seguir ocupándose de estos temas, según dijo Daniel Nepstad, del Earth Innovation Institute, como los mil millones de dólares que Noruega entregó al Fondo Amazonía en el 2015 en reconocimiento a la reducción de la deforestación hasta aquel momento.

“Es difícil mantener el orden y el control. La voluntad política se desgasta y es costosa —afirmó Nepstad—. La contribución de Noruega al Fondo Amazonía es de gran ayuda, pero no es suficiente. Se necesitan incentivos mayores”.

Imagen del banner: bosque despejado por tala y quema a lo largo del río Xingu, en el estado de Mato Grosso, Brasil, tomada por el equipo de Expedición 29. Cortesía Image Science & Analysis Laboratory, Centro Espacial Johnson de la NASA (dominio público), mediante Wikimedia Commons

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John Cannon es un redactor para Mongabay establecido en Oriente Medio. Pueden encontrarlo en Twitter: @johnccannon

Referencias

Nepstad, D., McGrath, D., Stickler, C., Alencar, A., Azevedo, A., Swette, B., … & Armijo, E. (2014). Slowing Amazon deforestation through public policy and interventions in beef and soy supply chains. Science, 344(6188), 1118-1123.