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Causas clave de la deforestación en Brasil: pastos, cultivos y especulación de tierras

  • Una nueva investigación muestra que la expansión de campos de cultivo (cultivos en hileras) en Brasil casi se duplicó entre los años 2000 y 2014, de 26 millones de hectáreas a 46,5 millones de hectáreas.
  • El 80 por ciento de los nuevos campos de cultivo en Brasil llegaron como consecuencia de la conversión de pastos, mientras que solo el 20 por ciento fue consecuencia directa de la conversión de vegetación nativa a tierras de cultivo, sobre todo de soya.

Las tierras de cultivo de Brasil (cultivos en hilera) casi se duplicaron entre los años 2000 y 2014, tal como muestra una nueva investigación del Departamento de Ciencias Geográficas de la Universidad de Maryland. Esta expansión es significativa, ya que Brasil ya era un productor agrícola importante a finales de siglo XX. En el 2000, se utilizaban 26 millones de hectáreas para cultivos. Esa área había aumentado hasta 46,5 millones de hectáreas para 2014.

El estudio es el resultado de una inmersión profunda en la gran base de conocimiento de teledetección de Brasil. Combina varios satélites que monitorizan en diferentes resoluciones para comprobar y validar los resultados que se derivan del análisis de los datos de Landsat, uno de los archivos de imágenes de satélite más importantes del mundo. Los investigadores dicen que el nuevo estudio muestra que, utilizando los diversos conjuntos de datos disponibles, es cada vez más fácil medir y predecir los efectos de las políticas en la deforestación y evitar errores.

Plantación de soya en el Cerrado brasileño. Imagen de Alicia Prager.

La disponibilidad de datos de referencia precisos es de vital importancia, ya que cada vez hay más temor a que los índices de deforestación aumenten debido a la desregularización de las protecciones ambientales que se espera con la presidencia derechista de Jair Bolsonaro. “Los datos de satélite nos permiten monitorizar cambios en la cubierta terrestre, así que pase lo que pase, lo sabremos”, dice Viviana Zalles, autora principal de estudio y candidata a doctorado en el laboratorio Global Land Analysis and Discovery (GLAD).

Uno de los descubrimientos clave es que la mayoría de campos de cultivo no se crea a través de la conversión directa de vegetación nativa. En lugar de eso, se ha establecido un proceso de dos pasos: se talan bosques para crear pastos y después esas tierras de pastoreo se convierten, con el tiempo, en tierras de cultivo, sobre todo de soya. De todos los campos de cultivo de Brasil, solo el 20 por ciento surgieron de la conversión directa de vegetación nativa, mientras que el 80 por ciento se creó de los pastos.

La industria de la ganadería es el principal culpable de la deforestación en Brasil. Sin embargo la especulación suele causar la conversión de bosques a pastos y después a tierras de cultivo. Imagen © Erik Lopes / The Nature Conservancy.

Al principio, puede sonar positivo, porque los pastos “absorben” la expansión de los campos de cultivo, dice Zalles. Sin embargo, aunque la causa principal de deforestación sea la creación de nuevos pastos —y aunque sea la razón principal de la pérdida de cubierta forestal en todos los tipos de bosque— la creación de tierras de cultivo sigue estando estrechamente ligada a la industria de la ganadería, según Vivian Ribeiro, investigadora del Instituto de Investigaciones Ambientales de la Amazonía que está preparando un estudio sobre este aspecto del proceso de conversión.

Ribeiro subraya un punto muy importante: el habitual carácter especulativo de la deforestación. Se reclaman tierras y se deforestan para hacer pastos con la esperanza de que, una vez desmontadas y utilizadas, puedan venderse a los productores de cultivos por un precio inflado, sobre todo a la industria de la soya. La soya puede obtener mucho más rendimiento de un trozo de tierra de lo que podría obtener la ganadería.

Como consecuencia, la especulación para ganado y cultivos es una de las causas clave de deforestación. En el estado de Bahía, por ejemplo, el 15 por ciento de la vegetación nativa deforestada para pastos entre 2012 y 2016 se convirtió en campos de cultivo en menos de 5 años, según investigaciones del IPAM. “Los nuevos pastos necesitan unos siete años para ser rentables para los ganaderos, así que nos pareció sospechoso” que la tierra hubiera pasado a convertirse en cultivos tan rápidamente, afirma.

“Eso transmite claros indicios de que la tierra se había talado con fines especulativos”, conviene Tiago Reis, investigador doctoral de cadenas de suministro en agricultura en la Universidad Católica de Lovaina. Advierte que es muy importante diferenciar con claridad entre los diferentes grupos del sector agrícola. Una gran parte de la industria trabaja de forma responsable y se esfuerza por conseguir una producción sostenible. Sin embargo, a otros se les relaciona con la deforestación, los conflictos territoriales y la especulación.

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“Con la elección de Bolsonaro, se ha extendido la percepción de que [los productores] pueden hacer lo que quieran. Esta consecuencia de su presidencia es problemática”, dice Reis. De hecho, durante la campaña electoral del año pasado, los índices de deforestación del Amazonas se dispararon casi en un 50 por ciento cuando las posibilidades de Bolsonaro mejoraron y los especuladores ruralistas anticiparon que un cambio en las políticas con el nuevo gobierno permitiría el acaparamiento de tierras con impunidad.

Mariposas en la Amazonía brasileña. La conversión de bosques a pastos y tierras de cultivo afecta gravemente a la biodiversidad. Imagen de © Fernando Lessa / The Nature Conservancy.

Ver la tierra con otros ojos

“Las mejoras en la teledetección son obligatorias para comprender los problemas [de deforestación] en este país, y cada vez es más y más importante ser capaz de entender los desafíos para el futuro”, afirma Ribeiro.

Mientras tanto, la comunidad de la teledetección está introduciendo rápidamente métodos nuevos y mejores para mapear y calcular el alcance del cambio en el uso de la tierra. Zalles y sus coautores, por ejemplo, utilizaron robustos análisis estadísticos para cuantificar la expansión de las tierras de cultivo. Al ofrecer datos más precisos, los investigadores esperan tener más influencia en las decisiones sobre las políticas.

Ribeiro enfatiza un hecho clave, algo que suelen tratar las ONG conservacionistas. En realidad, Brasil no necesita deforestar más tierra para aumentar drásticamente la productividad agrícola. “El ganado y la soya son muy importantes para la economía, pero las áreas [agrícolas] que ya se han talado tienen mucho potencial para producir de forma más intensa”, explica Ribeiro.

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Por ejemplo, la media de la producción de carne de vacuno en Brasil es de 50 kilos por hectárea. Sin embargo, la producción potencial de ese mismo espacio de tierra con las mejores prácticas de ganadería podría aumentar a 300 kilos por hectárea, según Daniel Silva, uno de los colegas de Ribeiro en IPAM.

Intensificar los cultivos sería mucho más difícil, dice Ribeiro, por eso los investigadores como ella sugieren convertir más cantidad de los pastos existentes a cultivos de soya. Brasil ya es el principal exportador mundial de soya. En 2018 vendió 83,8 millones de toneladas en los mercados globales, un aumento del 23,1 por ciento desde 2017. Gracias al aumento de la demanda de soya en China y a la guerra comercial entre China y Estados Unidos impulsada por Donald Trump, se espera que las exportaciones brasileñas sigan creciendo en el futuro, una producción que se podría alcanzar mediante la conversión de pastos sin causar más deforestación.

Sin embargo, para que eso suceda, debe encontrarse la forma de reducir el proceso de especulación en dos pasos, con el que los especuladores talan un fragmento prístino de bosque, posiblemente venden los árboles, ponen ganado en la tierra y luego la venden rápidamente a los productores de soya por un precio elevado.

En el siglo XXI el Cerrado ha sufrido una grave deforestación. Imagen de Alicia Prager.

La deforestación pasa de la Amazonía al Cerrado

Durante el periodo de estudio, la pérdida de vegetación natural en la Amazonía descendió significativamente, mientras que la rápida expansión de la agroindustria se trasladó al Cerrado, una gran sabana que se alarga al este y al sur de la Amazonía brasileña.

Los investigadores descubrieron que el índice de conversión de vegetación nativa en el bioma del Cerrado era 2,5 veces más elevado que en el Amazonas, con toda probabilidad, porque las políticas de protección son mucho más laxas en el Código Forestal de Brasil, ya que los productores de soya del Cerrado no se ven limitados por acuerdos de deforestación voluntarios como la Moratoria de la Soya Amazónica.

El Cerrado, y en especial Matopiba (compuesto por los estados de Maranhão, Tocantins, Piauí y Bahía), suele catalogarse como la frontera agrícola de Brasil por la facilidad con que el rico suelo de la región y el paisaje de colinas y llanuras pueden explotarse para servir a la agroindustria mecanizada.

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Después de que la expansión agrícola en Brasil llegara a su máximo en 2004, se frenó drásticamente, llegando a su punto mínimo en 2012. Aunque los índices de conversión de la vegetación nativa han vuelto a aumentar de forma espectacular en muchas zonas desde entonces, como en el Cerrado, la deforestación en la Amazonía siguió siendo baja, sobre todo después de que se introdujera la Moratoria de la Soya. Sin embargo, la deforestación en la Amazonía ha vuelto a aumentar en los últimos años.

Un árbol solitario entre las tierras de cultivo y el bosque en Brasil. Imagen de Rhett A. Butler / Mongabay.

Zallan atribuye el descenso de la deforestación del Amazonas entre 2006 y 2013 a la Moratoria de la Soya Amazónica, un acuerdo entre comerciantes, ONG de conservación y el gobierno para no extraer soya de tierras deforestadas recientemente. “Si no fuera por la moratoria, es posible que los índices de deforestación hubieran aumentado también en el Amazonas”, dice Zalles. El análisis de datos del estudio muestra una correlación entre la aplicación de la moratoria en 2006 y un marcado descenso en la conversión de vegetación nativa causada directamente por nueva producción de soya en la Amazonía.

Un acuerdo similar en el Cerrado, como se prometía en el embrionario Manifiesto del Cerrado, podría ser un buen paso adelante, según declara Matthew Hansen, codirector de GLAD, quien supervisa la investigación de Zalles. “Tenemos que seguir bajando los índices de deforestación, pero eso no es lo que está sucediendo. Y con el nuevo gobierno [de Bolsonaro], el actual desarrollo geopolítico, los cambios en la dieta [la gente consume más carne y soya] y el aumento de la población, creo que habrá más expansión de cultivos en áreas naturales”, añade, señalando la reciente tendencia al alza en la conversión de tierras.

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Sin duda, Brasil, seguirá teniendo un papel importante en la alimentación de un mundo hambriento. Por eso hay es primordial encontrar formas innovadoras de aumentar la productividad en territorios deforestados, y cada vez será más urgente si queremos conservar los ecosistemas ricos en biodiversidad del país.

Como siguiente paso, el equipo de investigación de la Universidad de Maryland planea un estudio parecido, pero más amplio, del cambio de uso de la tierra en toda América del Sur desde 1985. Esta vez, el equipo de investigación mapeará la soya como categoría en sí misma para entender los impactos ambientales de este producto en el continente.

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Referencias:

Viviana Zalles, Matthew C. Hansen, Peter V. Potapov, Stephen V. Stehman, Alexandra Tyukavina, Amy Pickens, Xiao-Peng Song, Bernard Adusei, Chima Okpa, Ricardo Aguilar, Nicholas John, and Selena Chavez. Near doubling of Brazil’s intensive row crop area since 2000. By Proceedings of the National Academy of Sciences Jan 2019, 116 (2) 428-435; DOI: 10.1073/pnas.1810301115

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