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El tiempo se agota para el sudeste asiático

  • En la actualidad, la mayoría de los animales grandes del sudeste asiático está en peligro de extinción y varias especies y subespecies ya se han extinguido en los últimos 100 años.
  • El sudeste asiático debe decidir si preservar su vida silvestre única e irremplazable es una prioridad... O las pérdidas continuarán aumentando.

El 23 de noviembre murió el último rinoceronte de Sumatra (Dicerorhinus sumatrensis) en Malasia. Se llamaba Iman y había vivido en cautiverio en el estado de Sabah en Borneo durante poco más de cinco años. Iman no solo era el último rinoceronte hembra en Malasia, sino también una de las últimas de la subespecie de Borneo del rinoceronte de Sumatra (D. s. harrissoni).

La muerte de Iman no es solo otra tragedia y la última oportunidad para su especie, también es otra señal de algo más grande: el centro de nuestra crisis de extinción masiva se encuentra en el sudeste asiático.

La región está sufriendo una disminución de su vida silvestre que no tiene comparación con ningún otro lugar de tamaño similar. Recientemente, los científicos declararon que los tigres se extinguieron en Laos, después de ya haber desaparecido en Vietnam y en Camboya. Las poblaciones indochinas y malasias del tigre (Panthera tigris tigris) y la subespecie de Sumatra (P. t. sondaica) están resistiendo. Lo mismo sucede con el leopardo de Indochina (Panthera pardus delacouri).

Uno de los últimos tigres de Laos, fotografiado en el 2005. Foto: WCS-Laos.

Entretanto, la última fotografía de un saola (Pseudoryx nghetinhensis), o unicornio asiático, en una cámara trampa, fue tomada seis años atrás. Ahora existe un proyecto con la esperanza de atrapar algunos y criarlos en cautiverio, aunque es una incógnita si los conservacionistas lograrán encontrar uno vivo en algún lado (oficialmente, se cree que sobreviven unos doscientos), y una incógnita aún mayor si encontrarán suficientes de ellos para formar una población para criar en cautiverio.

La lista continúa: los cuatro grandes animales de Sumatra (elefantes, tigres, orangutanes y rinocerontes) están en Peligro Crítico de extinción. El orangután de Tapanuli (Pongo tapanuliensis), descubierto recién en el 2017, está en riesgo por el proyecto de la represa de Batang Toru y es el único hogar que tiene esta especie. De las 16 especies de gibones evaluadas por la UICN, 15 están clasificadas como En peligro o en Peligro Crítico de extinción. Asimismo, menos de 200 cocodrilos filipinos (Crocodylus mindorensis) sobreviven, mientras que solo existen tres ejemplares de la tortuga de caparazón blando del Yangtzé (Rafetus swinhoei), todos en distintas ubicaciones.

Tigres, elefantes, rinocerontes, orangutanes, leopardos, tapires, bantengs, doles…Todas las especies dentro de esos grupos están clasificadas como En peligro o en Peligro Crítico de extinción en la región. En los últimos 100 años, ya hemos perdido el tigre de Bali y el de Java, así como las subespecies continentales del rinoceronte de Sumatra (D. s. lasiotis) y del rinoceronte de Java vietnamita (Rhinoceros sondaicus annamiticus). El kouprey (Bos sauveli), un buey salvaje gigante, no ha sido visto desde 1988 y, probablemente, esté extinto. La megafauna del sudeste asiático está sufriendo una disminución como no se ha visto desde el Pleistoceno, unos 15 000 años atrás.

Pero, tal vez, lo más preocupante es que no son solo los animales grandes: parece que, cada vez más, todos los animales vivientes de la región están en peligro. Innumerables especies de tortugas se están exterminando para usarlas como alimento o para medicina tradicional. Se cazan aves hasta su extinción para comerlas o para comercializarlas como mascotas ilegales mientras pierden los bosques y los humedales en los que viven. Y muchos animales más pequeños, desde el loris perezoso hasta el pangolín, están siendo diezmados por el comercio ilegal de vida silvestre.

Si se miran los datos de la Lista Roja de la UICN, el sudeste asiático también resalta por las cantidades de especies amenazadas (la mayoría aún no han sido identificadas). Los tres países con la mayor cantidad de especies amenazadas identificadas globalmente son Madagascar, Ecuador y Estados Unidos. No es sorprendente, dado que el primero está lleno de biodiversidad endémica y megadiversa; el segundo contiene, quizás, la región más biodiversa de la Tierra; y el tercero está entre los países más grandes y mejor estudiados. Pero, en cuarto y quinto lugar, están Indonesia y Malasia, respectivamente. Vietnam, Tailandia y Filipinas tienen, cada uno, más de 600 especies amenazadas identificadas, lo que los pone en lo más alto de todo el mundo. Laos y Birmania tienen mucho menos, pero tal vez se deba a que hay menos investigaciones sobre sus especies.

Deforestación en Borneo. Foto: Rhett A. Butler.

No hay que olvidar que el sudeste asiático es la región por la que surgió la frase “bosque vacío”, que denota un paisaje tan desprovisto de animales, tan explotado que mientras los árboles y las plantas continúan creciendo, no se mueve nada más grande que un ratón o que una mantis religiosa. Hay muy pocos sonidos de aves (o ninguno), no hay monos por el dosel y hay pocos mamíferos en el sotobosque. Es más un parque que la naturaleza salvaje, y las plantas que dependen de los animales desaparecerán pronto.

Las razones por las que el sudeste asiático está enfrentando una crisis de extinción son variadas, complicadas y, en algunos casos, singulares de cada país. Pero surgen algunos temas. Número uno: deforestación. En ningún otro lado del mundo los humanos han destruido tanto bosque con tanta rapidez (todo para brindar bienes primarios como aceite de palma, madera, caucho, papel, madera tropical) en un sistema económico global cuyas bases son los residuos y el consumismo.

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Por otro lado, existe el comercio ilegal de vida silvestre, verdaderamente maligno, que utiliza a los animales para la medicina tradicional china, por su carne, como mascotas y para fabricar baratijas. Este mercado ha pasado cada vez más de usar armas y balas a colocar millones de trampas, lo que mata indiscriminadamente a lo largo de los parques nacionales y de las últimas tierras salvajes intactas de la región.

Por último, la población humana del sudeste asiático ronda los 655 millones de personas. Eso es más del 8 % de la población mundial en once países que cubren solo unos 4,5 millones de kilómetros cuadrados (1,7 millones de millas cuadradas). Equivale a una región del tamaño de la mitad de Estados Unidos con el doble de personas. Sin embargo, la población del sudeste asiático está a una o dos generaciones de llegar a su pico máximo en algunos lugares: por ejemplo, tanto Malasia como Vietnam tienen tasas de fecundidad justo en el nivel de reemplazo o por debajo de este. Laos tiene la mayor tasa de la región (2,7 hijos por mujer), y Singapur tiene la más baja (1,16). Esto es una luz de esperanza para los recursos naturales de la región y para su vida silvestre asediada si es que puede resistir.

Animales silvestres cazados, en un mercado en la zona rural de Laos, vendidos por su carne. Muchas especies de la región son cazadas de manera indiscriminada. Foto: Rhett A. Butler/Mongabay.

Pero tal vez no haya suficiente tiempo para muchas de ellas. Ninguna especie, sin importar lo resistente que sea, puede soportar indefinidamente el acoso implacable y la destrucción industrializada. La cantidad de víctimas aumenta cada año, muchas de las cuales aún no están identificadas.

Entonces, los ciudadanos del sudeste asiático deben tomar una decisión: ¿están de acuerdo con perder sus especies icónicas a causa de plantaciones, cazadores furtivos sin escrúpulos, medicina falsa y símbolos de posición social? ¿Están de acuerdo con que la conservación de la naturaleza quede entre las últimas prioridades de los gobiernos en medio de semejante escala de pérdidas? ¿Están de acuerdo con que esta generación derroche la herencia natural de sus hijos, tal como las generaciones recientes se han jugado nuestra estabilidad climática?

No hay duda de que la región enfrenta desafíos económicos y de desarrollo, así como decisiones difíciles. Pero no finjamos que estas muertes masivas tienen que ver con un desarrollo inteligente o con la reducción de la pobreza. Singapur es uno de los países más ricos del mundo, mientras que Malasia tiene menos pobreza extrema que Estados Unidos. Las tasas de pobreza en Laos, Camboya y Birmania aún son altas, pero han caído en los últimos años.

Armas, trampas y motosierras confiscadas en Camboya. El sudeste asiático tiene bosques vacíos a lo largo de la región, donde cualquier cosa más grande que un ratón ha sido eliminada. Foto: Rhett A. Butler/Mongabay.

Tampoco es que la enorme destrucción de bosques y de vida silvestre haga mucho (si es que hace algo) por la riqueza y bienestar públicos. La mayoría del dinero por la vida silvestre masacrada no va a los lugareños que la cazan, sino al mercado negro y a la mafia regional, que también está implicada en el tráfico de personas y de drogas.

Entretanto, la destrucción de los bosques que quedan en la región, incluida la quema intencional, es a menudo impulsada por empresas extranjeras y por la corrupción, y cada vez más van en contra de los deseos locales (la única vez que el aceite de palma es económicamente beneficioso para el público es a través de los pequeños agricultores).

En una época de catástrofe climática veloz, sin duda alguna, ninguna economía puede sobrevivir sobre la base de quemar turberas y de destruir los pocos bosques tropicales que le quedan, ¿no es así? Ya no podemos desarrollar tan solo por el bien del “desarrollo”. El desarrollo inteligente y la conservación de recursos naturales deben ser el futuro no solo en el sudeste asiático, sino en todos lados.

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¿Qué se debe hacer en la región? Mucho. No pretendo tener todas las respuestas. Pero un buen lugar para comenzar sería que los gobiernos de la región tomaran en serio esta crisis de extinción (también la climática) y destinaran más recursos en aplicación de la ley y en proteger los bosques que quedan en pie. Al mismo tiempo, es necesario continuar ganando terreno en la tarea de cambiar la visión pública sobre la destrucción de la vida silvestre para destinarla a medicina falsa.

Los parques nacionales y las tierras salvajes necesitan una mejor administración y más gente que trabaje en la zona. Tal vez sea hora de que se establezca un equivalente regional de algo como African Parks en el sudeste asiático, una idea que me comentó hace poco el conservacionista Niall McCann.

Los grupos conservacionistas de la zona, en especial las organizaciones pequeñas, que trabajan en el lugar, necesitan desesperadamente más financiamiento y recursos. Hoy más que nunca, se necesitan ideas ambiciosas y compromisos audaces por parte de la comunidad internacional. Y también debemos considerar opciones más extremas con mayor rapidez. No debemos esperar décadas para instalar operaciones de cría en cautiverio, por ejemplo, sino que debemos comenzar a formar poblaciones de resguardo de tantas especies en peligro de extinción como sea posible. Consideremos el rinoceronte de Sumatra y el saola como ejemplos: para ambas especies, los conservacionistas tal vez hayan demorado mucho más de lo que deberían haberlo hecho.

Un saola hembra, llamada Martha, mantenida en cautiverio durante tres semanas antes de su muerte. Los científicos creen que solo queda un puñado de ejemplares y planean organizar un programa de cría en cautiverio. Foto: William Robichaud.

No nos engañemos. Nada de esto será fácil, y todo requerirá apoyo público. Nos tocan los líderes a quienes votamos. Los habitantes de la región deben decidir si vale la pena salvar sus orangutanes y tigres, sus elefantes y rinocerontes, sus pangolines y doles. Hoy aún queda tiempo. Pero tal vez mañana no.

La muerte de Iman cierra otra puerta para la conservación del rinoceronte de Sumatra, lo que deja en el planeta un solo ejemplar conocido de la subespecie de Borneo del rinoceronte de Sumatra y una hembra menos de una especie que, como mucho, llega a unos 80 animales.

Si no hay un cambio agresivo, un día no muy lejano, indonesios y vietnamitas, filipinos y malasios se despertarán y descubrirán que no queda mucho en sus bosques; toda su región estará verdaderamente vacía. Ya no solo serán bosques vacíos, sino paisajes vacíos desde el delta del Mekong hasta Sumatra y desde los Montes Cardamomo hasta la Cordillera Central.

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