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Indonesia: ¿cómo se convirtió en el feudo de la palma aceitera?

  • El crecimiento de la palma en Indonesia se presenta como un milagro económico, pero hay otra versión de la historia: tratos encubiertos, asociaciones turbias, destrucción de bosques y más.
  • Esta es la primera entrega de Indonesia en Venta, una saga en profundidad sobre la corrupción detrás de la crisis de deforestación y derechos de la tierra en Indonesia, una colaboración entre Mongabay y The Gecko Project.

El 29 de noviembre de 2007, en la décima planta de un bloque de oficinas revestido de mármol en Yakarta, el descendiente de una de las familias más ricas de Indonesia se reunió con un visitante de la isla de Borneo.

Arif Rachmat, de treinta y pocos años, era el heredero de un imperio empresarial y una fortuna inmensa que le colocaría entre las personas más ricas del mundo. Su padre ascendió como jefe de la industria bajo la dictadura de 32 años del presidente Suharto. Después de que una crisis financiera regional forzase al dictador a dimitir, el padre de Arif fundó un extenso conglomerado, el Grupo Triputra, con negocios que van desde la minería hasta la fabricación.

Arif alcanzó la mayoría de edad como uno de los más privilegiados miembros de la generación posterior a Suharto, estudió en una de las universidades más importantes de los Estados Unidos y se curtió en una gran corporación estadounidense. Había regresado recientemente a su país para unirse a la empresa familiar, para tomar el control de la sección de la agroindustria de Triputra. Ahora su intención era posicionar la empresa como operador dominante en la industria en auge del aceite de palma de Indonesia.

Arif Rachmat

La visita de Arif ese jueves fue Ahmad Ruswandi, un joven gordito con gafas y tendencia sonreír y reírse de forma nerviosa. Contemporáneo de su anfitrión Arif a la edad de 30 años, Ruswandi venía de otro sitio, pero podía ser perdonado por pensar que su fortuna estaba al alza mientras subía en el ascensor en la Torre Kadin.

El padre de Ruswandi, Darwan Ali, era el jefe de un distrito en la región Indonesia de Borneo llamado Seruyan, lo que le pone a la vanguardia de un nuevo amanecer de la democracia en Indonesia. Darwan estaba entre los primeros políticos que eligieron, localmente, dirigir distritos por toda la nación, después de tres décadas en las que Suharto había mantenido a todo el país bajo un estricto control. A estos políticos, conocidos como bupatis (jefes de distrito), se les dieron enormes poderes nuevos, como la capacidad de arrendar casi todas las tierras dentro de sus jurisdicciones a quienquiera que considerasen apto para desarrollar dichas tierras.

Darwan Ali, a la izquierda, y su hijo Ahmad Ruswandi

Los bupatis tenían una opción. Podían intentar dar paso al desarrollo económico a la vez que salvaguardaban los derechos de la población que representaban; o podían repetir los pecados de Suharto, que había saqueado los recursos de Indonesia en una orgía de capitalismo clientelista.

La escena en la Torre Kadin proporcionaría alguna indicación sobre la dirección que había tomado Darwan. Mientras caía la hora punta de la tarde sobre la capital, su hijo Ruswandi vendía a Triputra una empresa fantasma con un único activo, una licencia para crear una enorme finca de aceite de palma en Seruyan. La licencia había sido emitida por el mismo Darwan, que estaba ahora en medio de una cara campaña de reelección. No era la primera empresa fantasma que Ruswandi había vendido y no era el único miembro de la familia que ganaría dinero con los activos de Seruyan.

Durante los últimos nueve meses, The Gecko Project y Mongabay han investigado las operaciones de los terrenos que se realizaron en Seruyan durante su transición a la democracia. Seguimos los rastros de papel y de dinero, localizamos a las personas implicadas y hablamos con aquellos afectados por las acciones de Darwan. Fue un viaje que nos llevó de los bufetes de abogados en Yakarta a una prisión en Borneo, de las legislaturas estancadas a las aldeas que permanecen como islas en medio de un mar de aceite de palma.

Una extensión de árboles de aceite de palma en el distrito de Seruyan, 2017.

Estas operaciones jugaron un rol clave en una de las mayores explosiones de la agricultura industrial que el mundo ha visto nunca. Pocos años después de que Darwan y docenas de otros bupatis asumieran la autoridad, las plantaciones se multiplicaron por todo el archipiélago. La consiguiente destrucción de las selvas tropicales de Indonesia catapultó al país a la cabeza de la lista de países que contribuyen al cambio climático.

Habitualmente, este auge agrícola se presenta como un milagro económico, que lleva rápidamente ingresos y modernidad a regiones subdesarrolladas. En esta narrativa, la expansión fue planeada, controlada y regulada. El daño al medio ambiente fue un efecto secundario desafortunado del imperativo moral del desarrollo.

Pero hay otra versión de la historia, una que se llevó a cabo a través de tratos encubiertos y asociaciones turbias. En esta historia, los políticos irresponsables repartieron las tierras de otras personas y las vendieron a los hijos de multimillonarios. Las granjas que alimentaban a la empobrecida población rural fueron destruidas para que las multinacionales pudiesen producir alimentos destinados a la exportación. Los intentos de meter en cintura a los bupatis fueron minados gracias a su capacidad de comprar elecciones con el dinero del aceite de palma y llegaron a ser conocidos, en un guiño a Suharto, como “reyecitos”.

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Las operaciones de Darwan en Seruyan, aunque inmensas, representan una fracción del total. Su importancia reside en qué nos dicen sobre cómo había sido arreglado el sistema para permitir a los jefes de distrito explotar los recursos naturales, subvertir la democracia y convertir el estado en una fuerza que actúa contra la población rural. Al ahondar es su historia, exponemos el mecanismo interno de un sistema que puede ser visto en funcionamiento por todo el país.

Hoy en día, las acciones de los bupatis como Darwan resuenan por toda Indonesia, al continuar los conflictos y la deforestación en tierras que cedieron a empresas. Entender la corrupción que tuvo lugar en ese delicado momento puede ser la clave para acabar con la crisis.

Indonesia renacida

Ruswandi, el hijo de Darwan, era un estudiante universitario de 21 años cuando los manifestantes ocuparon la Cámara de Representantes en 1998 para exigir la dimisión del envejecido Suharto. Una crisis financiera regional resultó en la caída en picado de la rupia, lo que privó al dictador de su capacidad para tapar las profundas desigualdades. El crecimiento económico, así como una disposición a usar al ejército para imponer un control violento, ha servido como el cimiento de su régimen. Pero con el colapso de la economía, la desaparición de los suministros alimentarios y los manifestantes que llenaban las calles de todo el país, fue abandonado por sus aliados y, finalmente, dimitió.

Durante tres décadas Suharto había colocado sectores enteros de la economía en las manos de sus familiares y compinches. Fue acusado formalmente de malversación de cientos de millones de dólares de fondos públicos a través de una red de organizaciones benéficas, aunque defendió con éxito estar demasiado enfermo para ser juzgado. Una investigación de la revista Time estimó que la familia había amasado una fortuna de 15 mil millones de dólares. Transparencia Internacional le clasificó como el líder más corrupto del mundo.

Manifestantes Timor Oriental contra el tratamiento de Suharto, que se separó de Indonesia después de la dimisión del presidente autócrata. Fotografía de Rob Croes/Wikimedia Commons.

En el vacío de liderazgo que siguió a su dimisión, el país amenazó con partirse. Indonesia, un inverosímil estado-nación compuesto de una multitud de personas diversas étnica y lingüísticamente que viven a lo largo de miles de islas, se ha mantenido unida gracias a un poder forzado por el ejército altamente centralizado. La burocracia había estado dominada por los javaneses, personas de una isla densamente poblada que proporcionó al estado su identidad cultural de facto. Al ir erosionándose su dominio, las identidades que habían sido reprimidas durante mucho tiempo resurgieron como fuerzas potentes. Sin el fuerte centro de gravedad que Suharto había fijado en Yakarta, las regiones empezaron a salirse de su órbita de control.

La competencia por remplazar la autoridad del régimen de Suharto catalizó la violencia sectaria por todo el archipiélago. Las insurgencias separatistas ganaron ímpetu en Aceh y Papúa. Cristianos y musulmanes se mataron los unos a los otros en las Islas Molucas. En Kalimantan, la parte indonesia de Borneo, la noción de que los indígenas Dayaks habían sido pisoteados fue usada para fomentar la violencia contra los inmigrantes en la ciudad de Sampit. Por todas partes, el objetivo era controlar los recursos.

El premio a la vista para aquellos que podrían escalar su camino a la cima era una porción del botín de la inmensa riqueza natural de Indonesia. Sus islas se sentaban encima de metales preciosos y combustibles fósiles y estaban recubiertas con selvas tropicales repletas de maderas valiosas. Durante tres décadas, todos habían observado, impotentes, como los ingresos procedentes de la explotación de esos recursos salían de las islas, a Yakarta y las cuentas personales de la familia de Suharto y sus compinches. Ahora estaban disponibles.

En este ambiente turbulento, Darwan Ali emergió como una fuerza política. Darwan habían crecido en una aldea firmemente musulmana en las orillas del Sembuluh, un extenso lago en el centro del distrito de Kotawaringin Este, en Kalimantan Central, la mayor provincia en la región indonesia de Borneo. Sus orígenes siguen siendo un misterio incluso para aquellos que han estudiado la zona, pero un anciano de la misma comunidad nos dijo que había nacido a principios de los años 50 en una familia normal. Sus padres eran sastres que también cultivaban una pequeña parcela de caucho y llamaron a sus otros hijos Dardi, Darlen, Darhod y Darwis. Para los años 90, Darwan estaba operando en la capital del distrito, Sampit, en una época en la que la economía local era abrumadoramente dependiente de la tala. Maderas nobles valiosas eran extraídas de las selvas que una vez habían cubierto toda la isla. La madera era flotada río abajo a Sampit para ser procesada y exportada.

Troncos cortados en las selvas tropicales de Seruyan eran entrelazados y flotados por el río Sekonyer hacia los centros de exportación como Sampit. Fotografía cortesía de EIAImages.

La tala se extendió mucho más allá de lo que se podía cosechar legal o sosteniblemente. Floreció una economía sumergida basada en dinero en efectivo que llegaba a raudales del comercio de madera que no había autorizado —pero respaldaba tácitamente— el gobierno local. Darwan se movía en este mundo, primero como constructor de proyectos de infraestructura, luego como miembro de un grupo de presión del Partido Democrático Indonesio de la Lucha o PDIP.

Las comparecencias puntuales de Darwin en los periódicos locales en esa época trazan su ascenso como representante de la comunidad empresarial, alguien que presionaba contra cualquier esfuerzo por regularla o reducir sus peores excesos. Protesta la prohibición a las empresas de pujar por proyectos gubernamentales debido a la corrupción; se cubre en polémica por ganar un contrato que no había sido licitado para suministrar mobiliario a las escuelas; se queja de los impuestos al sector forestal, destinados a prevenir la tala ilegal. “La impresión general es de un típico hombre de negocios de la frontera de Borneo que gana mucho dinero en la economía sumergida”, nos dijo Gerry van Klinken, profesor de la Universidad de Ámsterdam que sigue atentamente las políticas de Kalimantan.

Al reducirse la hegemonía de Yakarta, y al disiparse el agarre del círculo de Suharto en los recursos naturales, la economía sumergida y los personajes que lo controlaban salieron a la luz. Una mafia de la madera entró en las zonas protegidas. El Parque Nacional Tanjung Puting, un bosque pantanoso lleno de orangutanes, leopardos y cocodrilos, era un objetivo prioritario por sus ramines y palo fierros. Quemaron las oficinas de una agencia gubernamental local que intentó detener el flujo de troncos. Cuando un periodista informó sobre la tala ilegal del parque, fue atacado, le cortaron con machetes y le dejaron por muerto en una zanja. Sobrevivió por poco, paralizado y desfigurado.

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A principios de 1999, Indonesia se embarcó en un ambicioso programa de descentralización, que transfería una amplia gama de poderes de Yakarta a las burocracias locales en la esperanza de atajar los impulsos separatistas y hacer al gobierno más responsable. Se concedió a los jefes de distrito, los bupatis, autoridad para promulgar sus propias regulaciones, siempre y cuando no entraran en conflicto con las leyes vigentes. Ejercieron su autoridad generosamente. Una de las primeras decisiones de la administración de Kotawaringin Este fue empezar a gravar cargamentos de troncos ilegales y así   respaldar tácitamente la economía sumergida en vez de hacerle frente.

En 2002 Seruyan, nombrado por el río que corre por él, fue separado de Kotawaringin Este como un nuevo distrito. El año siguiente Darwan, que para entonces era el jefe del partido PDIP en Kotawaringin Este, se convirtió en el primer bupati de Seruyan. Su jurisdicción se extendía unos 300 kilómetros desde el mar de Java hasta las remotas junglas apenas pobladas por los indígenas Dayaks. Su extremo occidental abarcaba parte del Parque Nacional Tanjung Puting. Estaba dominado por las tierras bajas entre el parque y Sampit, con el lago Sembuluh en el centro. Con el cambio de milenio, más de dos terceras partes del distrito seguían estando cubiertas de bosques. Aunque estaba reducido por la tala, albergaba una riqueza de fauna silvestre que podría competir con la mayoría de los paisajes del planeta.

La isla de Borneo es compartida entre Indonesia, Malasia y Brunei.

La primera generación de bupatis con poder fue elegida por los miembros del parlamento del distrito. El ascenso de Darwan sorprendió a algunos observadores, que lo veían como un político novato. Se dijo que había expresado que cualquier burócrata que respaldase su candidatura ascendería en rango del escalón uno al dos, o del escalón dos al tres y así sucesivamente, sin entender que, en realidad, esto constituiría un descenso de categoría. Pero también era visto como un putra daerah, un “hijo de la tierra”, que lucharía por su gente. Fue galardonado con un mandato de cinco años, media década para transformar las fortunas de su patria, antes de enfrentarse a sus constituyentes en las urnas.

Para 2003 la economía del distrito estaba estancada. El comercio de la madera se estaba colapsando bajo el peso de sus propios excesos. El lago Sembuluh había sido un centro de construcción naval que, en su punto álgido, atrajo a artesanos de otras islas. Pero las embarcaciones eran manufacturadas con madera noble y para su transporte, y la industria murió al agotarse la madera comercial. Con los árboles más valiosos de los bosques ya talados, Darwan estaba tomando las riendas de un distrito  cuyo apogeo como centro de la madera, su principal fuente de ingresos, se estaba aproximando a su final.

Las plantaciones, sobre todo del aceite de palma, eran el sustituto más evidente. La fruta del árbol del aceite de palma produce una grasa comestible usada en todo desde chocolate hasta el detergente de ropa y el biocombustible. El producto estaba en creciente demanda globalmente y se consideraba que la región al sur del lago Sembuluh tenía un gran potencial para el desarrollo a gran escala del cultivo comercial. Aunque carecía de infraestructura, estaba cerca de las ciudades portuarias de Pangkalanbun y Sampit. Los funcionarios de distrito imaginaron esta última como una vibrante ciudad de tránsito para los obreros que llegan para trabajar las plantaciones y el aceite de palma que sale para los mercados globales. Darwan anunció planes para invitar a inversores de Hong Kong y Malasia. Prometió un nuevo puerto para facilitar las exportaciones y una relajación de las regulaciones.

Marianto Sumarto, el dueño de un aserradero local que se había unido al equipo de campaña de Darwan en 2003, dijo que la toma de poder de un hijo de la tierra generó esperanza. “Hizo a la gente sentirse orgullosa”, nos dijo. “No sabían que entre bastidores, Darwan estaba jugando un partido más importante”.

El auge de las plantaciones

El puñado de empresas de plantaciones presentes en Seruyan había avivado un resentimiento latente antes de la aparición de Darwan. Los habitantes afirmaban que la primera vez que supieron que sus tierras estaban dentro de una licencia otorgada a PT Agro Indomas, cerca del lago Sembuluh, fue cuando sus granjas fueron quemadas o arrasadas. Propiedad de un par de multimillonarios de Sri Lanka, la empresa profanó sus cementerios, lo que impulsó a los habitantes a destruir un puente dentro de la concesión.

Un hombre cuyas tierras fueron ocupadas por una empresa llamada PT Mustika Sembuluh le dijo a una ONG que la gente no había recibido otra opción que no fuera la aceptación de la compensación según las condiciones de la empresa en lo que se percibió como una transferencia de tierras “forzosa”. “Si nos resistíamos, nos enfrentábamos al aparato de seguridad traído para proteger las operaciones de la empresa”, dijo. “El jefe de nuestra aldea nos dijo entonces que si alguien se negaba a renunciar a sus tierras la empresa procedería a despejar esas tierras porque tenían el permiso y porque nuestras tierras son tierras estatales”.

Las plantaciones contaminaron el lago y los ríos hasta el punto de que el agua potable en algunas áreas tenía que ser llevada con camión cisterna. También agotaron la industria de la pesca, que junto con el colapso de la construcción naval impulsó una “emigración enorme” de hombres, dijo Gregory Acciaioli, un profesor de la Universidad de Australia Occidental que realizó un trabajo de campo en el distrito. “Había un enorme número de mujeres cabezas de familia que estaban trabajando, que rellenaban bolsas de plástico con tierra y semillas para las plantaciones de aceite de palma”, nos dijo. “Apenas podían sobrevivir”. Añadió, “Era una situación muy deprimente”.

A pesar de estas experiencias, al principio en el reinado de Darwan, había un nuevo optimismo sobre las grandes plantaciones, según Mashudi Noorsalim, investigador que ha estudiado el crecimiento de la industria del aceite de palma en Seruyan. Cuando Darwan tomó posesión de su cargo, algunos eran optimistas sobre la perspectiva de trabajo o de ganar contratos para transportar el fruto de la palma o construir carreteras de acceso. Noorsalim nos dijo que muchos residentes creían que las cosas mejorarían porque Darwan, el hombre que lideraba una nueva ola de inversión, era un hijo de la tierra. “Algunos creían que haría que las plantaciones nos ayudasen”, dijo.

Como bupati, Darwan podía dar licencias a quien quisiese, sin consulta pública o licitación. Teóricamente, el Ministerio de Silvicultura ejercía el control sobre una etapa más avanzada del proceso de permisos en áreas de tierras que estaban dentro de su extensa jurisdicción. Pero por toda la provincia de Kalimantan Central el ministerio era principalmente ignorado, al eliminar el control final sobre los poderes de otorgar permisos de los bupatis. En Seruyan, esto llevó a un auge en las licencias de plantaciones que excedió casi todos los otros distritos en Indonesia.

Nuestro análisis de permisos de las bases de datos gubernamentales y otras fuentes muestra que, entre 1998 y 2003, solo tres licencias fueron otorgadas a empresas de aceite de palma en Seruyan. En 2004 y 2005, Darwan emitió 37, que, colectivamente, cubren un área de casi medio millón de hectáreas, más de 80 veces del tamaño de Manhattan. Esto se corresponde con un patrón similar por todo Kalimantan, si bien a mayor escala, al aprovechar los bupatis su control sobre las transacciones de tierras, con la distribución de una oleada de licencias que llevó a una explosión en la deforestación.

Licencias para plantaciones fueron emitidas por casi todo Seruyan, incluso dentro del Parque Nacional Tanjung Puting.

Entre los primeros que consiguieron una licencia de Darwan estaba el Grupo BEST, una empresa propiedad privada de los hermanos indonesios Tjajadi. En una descarada indiferencia hacia la ley, Darwan les dio una licencia que se solapaba con el Parque Nacional Tanjung Puting. El parque había recibido una prórroga en 2003, cuando Yakarta finalmente tomó medidas contra la tala ilegal que devastaba su interior. Las fuerzas de seguridad descendieron sobre el parque en una muestra de poder con la intención de señalar que el apogeo de la extracción de la madera descontrolada se había acabado.

El Ministerio de Silvicultura presionó a Darwan para que revocase el permiso. Pero señalando de dónde yacía el poder real en este nuevo amanecer, el bupati se mantuvo firme, y BEST metió sus excavadoras en el bosque protegido.

Un letrero en una plantación de BEST dice, “Necesitan que los protejamos —salva a los orangutanes—”.

Entre los primeros promotores había algunas de las familias más ricas del sudeste de Asia. Para cuando Darwan tomó posesión de su cargo en 2003, Robert Kuok, que por entonces era el segundo hombre más rico de Malasia, tenía un derecho creíble a ser el mayor terrateniente del distrito. Su cartera de plantaciones en Seruyan más tarde se fusionaría con otra empresa dentro del extenso negocio familiar para formar Wilmar International, posiblemente la mayor empresa de aceite de palma del mundo.

En 2005, Arif Rachmat se convirtió en el director general de la sección de la agroindustria de su familia, Triputra Agro Persada, y el desmonte empezó en uno de sus primeros proyectos, una concesión enorme al sur del lago Sembuluh. Dos de las familias más ricas de Indonesia se aliaron bajo la estructura corporativa que poseía las plantaciones de su empresa en Seruyan.

Los bosques de Borneo retenían cantidades inmensas de carbono que fueron liberadas cuando fueron talados para hacer sitio a las plantaciones. En los tramos al sur de la isla gran parte de esta jungla creció en turberas, estaba compuesta de profundas capas de materia orgánica acumuladas durante miles de años. Para plantar en turba, los productores de aceite de palma excavaron enormes zanjas para drenar el agua. Esto las hizo descomponerse rápidamente, lo que liberó potentes gases de efecto invernadero a la atmósfera. La turba seca también era altamente inflamable. Tanto empresas como agricultores tenían la costumbre de utilizar el fuego para limpiar la tierra para la agricultura. En 2006, Indonesia vivió una de las peores temporadas de incendios que se recuerdan, cuando el humo de los incendios por toda Sumatra y Kalimantan desencadenó una bomba de carbono y cubrió la región en una bruma visible desde el espacio. Bajo el mandato de Darwan, Seruyan estaba entre las zonas afectadas más negativamente.

Incendios en Borneo y Sumatra en septiembre y octubre de 2006. Fotografía cortesía de la NASA.

En un documental de 2007 sobre el impacto del aceite de palma en Seruyan, un habitante señala a unos pocos árboles altos que quedaron intactos en un paisaje despojado. En la cima de uno de los árboles se sienta un orangután inmenso. Los primates dependen de la expansión del bosque que se extiende por toda la parte sur del Seruyan para su hábitat. Podrían sobrevivir a la pérdida de algunos de los árboles más grandes, pero no el completo aplanamiento de su hogar en favor de las plantaciones.

El Parque Nacional Tanjung Puting contiene una de las poblaciones más grandes y más concentradas de orangutanes que quedan en estado salvaje.

El mismo año que Seruyan fue consumido por las llamas, un informe encargado por el gobierno británico atrajo la atención hacia la escala de las emisiones de la deforestación global, que se habían vuelto más significativas incluso que los combustibles fósiles que engullen el sector del transporte. En 2007, el Banco Mundial llegó a una conclusión sorprendente, que debido a la destrucción de sus junglas y turberas, Indonesia estaba produciendo más emisiones de gases de efecto invernadero que cualquier otra nación excepto los EE.UU. y China.

La deforestación y los cambios en el uso de la tierra —un eufemismo del avance de las plantaciones— representaban un 85 % de las emisiones de Indonesia. Globalmente, el país representaba más de una tercera parte de las emisiones dentro de esta categoría, ahora reconocida como una de las principales impulsoras del cambio climático.

La mayoría de la pérdida forestal en el archipiélago tuvo lugar en las islas de Sumatra y Borneo, que soportaron la mayor carga del crecimiento de la plantación. Pero incluso allí, la destrucción estaba concentrada en solo dos provincias: Riau en la costa este de Sumatra y Kalimantan Central, la tierra natal de Darwan Ali. La región se había convertido en el epicentro de una crisis global, y Seruyan tenía su propio papel.

MAÑANA:  Empresas fantasmas detrás de los cultivos de palma y la historia de quienes se atrevieron a denunciarlas. 

** La historia completa se puede leer aquí