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Organización comunitaria, la barrera que protege a los bosques del fuego

Incendios-México

Control de un incendio en zonas forestales de Oaxaca. Foto: Cortesía Conafor-Oaxaca.

  • Las comunidades que realizan aprovechamiento forestal, como Ixtlán de Juárez en Oaxaca, han desarrollado estrategias de prevención y control del fuego en sus bosques.
  • Los efectos del cambio climático, pero también los conflictos territoriales, incrementan los riesgos de incendios en las zonas boscosas

Palas, picos y carros cisternas son indispensables para combatir los incendios forestales. Pero ninguna de estas herramientas es tan efectiva como la organización comunitaria que no solo permite realizar aprovechamiento sustentable forestal, sino que también ha demostrado ser la mejor forma de resguardar a los bosques de la tala clandestina y, en especial, del fuego.

Las comunidades que realizan aprovechamiento maderable conocen el bosque y, por lo tanto, tienen una ventaja mayor para controlar de manera efectiva un incendio, asegura Francisco Luna, presidente del Comisariado de Bienes Comunales de Ixtlán de Juárez, poblado que desde hace poco más de 30 años vive de la madera que produce en forma sustentable en su territorio forestal.

La comunidad de Ixtlán de Juárez es pionera en el país en el manejo forestal comunitario. Foto: Cortesía Elías Santiago.

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“Gracias a la apropiación de los bosques, las comunidades ven una columna de humo e inmediatamente se activan; hay una colectividad entre los pueblos vecinos que hace que los incendios no sean mayores”, reconoce el gerente de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) en Oaxaca, el ingeniero Óscar Mejía.

Al 27 de abril, el país tenía 61 incendios forestales activos, siete de ellos dentro de Áreas Naturales Protegidas, de acuerdo con el reporte diario difundido por la Conafor.

Aprovechamiento forestal hace la diferencia

 

Una clave para alcanzar una organización fuerte contra los incendios es que las comunidades tengan experiencia viviendo de sus bosques, lo que se conoce como aprovechamiento forestal comunitario.

En Oaxaca, 67 % del territorio (6.3 millones de hectáreas) son bosques. De ellos, el 80 % son propiedad de 860 grupos comunitarios y 760 poblados, integrados principalmente por comunidades indígenas que históricamente han habitado esos territorios, de acuerdo con datos del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCMSS).

Y aunque hay comunidades que poseen territorio boscoso, no necesariamente realizan en forma organizada aprovechamiento forestal maderable, pues para eso se requiere contar con un plan de manejo, autorizaciones, inversión e infraestructura.

Por ejemplo, solo 76 comunidades en Oaxaca realizan aprovechamiento maderable, de las cuales 65 cuentan con alguna empresa forestal comunitaria, de acuerdo con un reporte publicado por el CCMSS en 2018.

Comunidades que realizan aprovechamiento forestal maderable también han emprendido otras actividades, lo que les permite diversificar sus ingresos. Han creado, por ejemplo, embotelladoras de agua o centros de ecoturismo. Esto involucra a los comuneros en el reconocimiento de cada palmo de su bosque y los obliga a organizarse para atender mejor sus distintas necesidades.

El manejo forestal comunitario, como el que se realiza en Ixtlán de Juárez, obliga a que se tenga un conocimiento y mantenimiento del bosque. Foto: Cortesía Elías Santiago.

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Comunidades como Santa Catarina Ixtepeji, San Francisco Coatlán e Ixtlán de Juárez son algunas que en Oaxaca realizan aprovechamiento forestal maderable, eso les ha permitido contar con planes de manejo forestal y mapas detallados de su territorio.

“Contar con un plan de manejo forestal hace la diferencia para controlar de manera inmediata y eficiente el incendio”, asegura Francisco Luna, líder comunero de Ixtlán. Y advierte: “las comunidades en donde la actividad principal no es el trabajo forestal, obviamente no cuentan con la capacidad e infraestructura organizativa ni capacitación suficiente”.

Ixtlán de Juárez es una de las comunidades insignia cuando se habla de manejo forestal comunitario. Como consecuencia de un trabajo de más de treinta años, que inició con la autorización del gobierno federal para administrar sus bosques en la década de los ochenta, esta comunidad de la Sierra Norte ha logrado hacer un manejo sustentable de sus 19 310 hectáreas.

Por su larga experiencia, que incluye la presidencia de la Unión de Comunidades de la Sierra Juárez (Ucosij), y su trabajo de innovación en actividades silvícolas, Ixtlán se ha posicionado como un referente regional, nacional e internacional.

Ixtlán de Juárez ha diversificado sus actividades de aprovechamiento forestal, además de la producción de madera también tiene un centro ecoturístico y otras empresas. Foto: Cortesía Elías Santiago.

 

Ixtlán ha logrado ser ejemplo de organización no solo por el aprovechamiento forestal, sino también por sus estrategias para el cuidado de su bosque, entre ellas las destinadas para prevenir y combatir incendios.

Si el fuego supera a su brigada de 20 guardabosques, se integran a las acciones de combate del incendio los 40 empleados de las empresas comunitarias del pueblo (el aserradero, la fábrica de muebles, una purificadora de agua, un vivero, la empresa ecoturística y un restaurante). Si aún así el grupo es insuficiente, participan otros 140 comuneros. Todos están capacitados pero, sobre todo, conocen el territorio, explica Francisco Luna.

Por su posición de liderazgo, Ixtlán también apoya a otros poblados en el combate a incendios, principalmente a las comunidades integrantes de la Ucosij.

En mayo pasado, los comuneros de Ixtlán auxiliaron a la comunidad vecina de Santa María Jaltianguis a sofocar un siniestro en su territorio. Por la dinámica comunitaria de la región, no se cobra ni un solo peso por este apoyo.

“Ahí se pudo observar que Jaltianguis no cuenta con el tipo de experiencia para poder controlar un incendio. Toda la coordinación técnica estuvo a cargo del presidente y los secretarios de vigilancia (de Ixtlán), quienes coordinaron a la gente que llegó”, explica Francisco Luna.

 

La organización comunitaria es una de las mejores estrategias para prevenir y controlar los incendios en los bosques de Oaxaca. Foto: Cortesía Conafor-Oaxaca

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Prevención, la primera línea de defensa

 

Ixtlán y otras comunidades de la Sierra Norte lideran la experiencia en manejo forestal comunitario en Oaxaca, pero hay otras, no tan conocidas, que también se distinguen por su organización.

En la Sierra Sur, por ejemplo, está San Francisco Coatlán, comunidad forestal que cuenta con un grupo de policía rural, de entre 12 y 18 personas, que tiene entre sus funciones responder en forma inmediata a los incendios. Así ha ocurrido desde que tiene memoria Pedro Hernández, presidente del Comisariado de Bienes Comunales.

El combate al fuego no inicia cuando se detecta un incendio, sino mucho antes, con tareas preventivas. “Ahora estamos haciendo barreras y aclareos”, explica Hernández, refiriéndose al retiro de hojas y demás material flamable que sirve de combustible durante un incendio.

En esta comunidad de 2800 habitantes, los 560 comuneros son quienes dirigen las acciones para cuidar sus 6000 hectáreas, por lo que el trabajo abunda y no siempre se cuenta con apoyo externo. Apenas el año pasado consiguieron recursos de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) para pagar 200 pesos mensuales a cada policía rural, que tradicionalmente ocupan el cargo durante un año y lo hacen como parte del “tequio”, como se conoce en Oaxaca al trabajo voluntario que se realiza en beneficio de la comunidad.

Con una capacidad mayor, los comuneros de Ixtlán de Juárez además de hacer brechas corta fuego y aclareos, también realizan pozos, distribuidos de forma estratégica en su territorio forestal, para contar con agua que les permita combatir las llamas.

Además, tanto Ixtlán como Ixtepeji cuentan con carros cisterna de más de 10 000 litros de capacidad.

La apertura de brechas corta fuego es una de las acciones de prevención que se realizan en los bosques comunitarios, como los existentes en Durango. Foto: Cortesía Conafor.

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Conflictos territoriales, tala e incendios

 

Pese a que el manejo forestal comunitario ha mostrado ser un modelo que permite vivir del bosque y, al mismo tiempo, cuidarlo, para las comunidades no es nada fácil incorporarse a este modelo ni mucho menos sostenerlo.

Además de contar con una fuerte gobernanza, las comunidades deben cumplir con una serie de requisitos que les pide el gobierno federal, entre ellos la aprobación del plan de manejo forestal, un documento que puede llegar a costar hasta más de un millón y medio de pesos (cerca de 60 mil dólares).

Las comunidades que llevan años realizando manejo forestal comunitario saben que un punto clave para su futuro es el cuidado de su bosque, por lo que tienen que reinvertir recursos económicos en su mantenimiento.

En Ixtlán, señala Francisco Luna, 60 % de las utilidades por la venta de madera se destinan a trabajos para prevención de incendios, control de plagas, mejoramiento genético de los árboles y otras actividades relacionadas con el cuidado del bosque.

En el caso de Oaxaca, entre los varios obstáculos que enfrentan las comunidades para realizar manejo forestal comunitario están los conflictos por colindancias de tierras. Este es el caso de San Agustín Etla, poblado ubicado a 20 kilómetros de la capital oaxaqueña, que no realiza manejo forestal comunitario entre otras cosas, por los problemas territoriales que enfrenta con poblados vecinos.

Incendio en San Agustín Etla, registrado en diciembre de 2019. Foto: Cortesía San Agustín Etla.

 

El 15 de diciembre pasado, San Agustín Etla puso a prueba su capacidad de reacción cuando en los límites de su territorio un incendio los sorprendió en pleno invierno. Al lugar llegaron los comuneros que integran la brigada especial contra incendios, 10 personas que están listas para actuar los 365 días del año y que cuentan con el equipo básico reglamentado por Conafor, incluyendo botas, pantalón de mezclilla, camisolas, casco, gafas, guantes y herramientas mínimas como machetes, picos y palas.

El trabajo de esta brigada logró detener el incendio. Esto no siempre es así. Cuando los brigadistas se ven superados, las autoridades comunales hacen tocar las campanas del templo para llamar a otros comuneros y reforzar la lucha contra el fuego.

“El comisariado de bienes comunales es el que encabeza los trabajos y la estrategia de combate al fuego”, explica Erick Pérez, presidente del Comisariado de Bienes Comunales de este poblado ubicado en la región de los Valles Centrales de Oaxaca. “En segunda instancia, y dependiendo del volumen del incendio —explica—, entra la Comisión Estatal Forestal (Coesfo) o la Comisión Nacional Forestal (Conafor) o en algunos casos las dos”.

Esta acción por niveles, con los comuneros siempre a la cabeza de la respuesta, es la estrategia que siguen las comunidades de Oaxaca, en especial aquellas que no realizan aprovechamiento forestal. Este sistema se desarrolló a partir de prueba y error.

 

En Oaxaca, la organización comunitaria es punto clave en la estrategia para control de incendios. Foto: Cortesía Conafor-Oaxaca.

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Uno de los errores que dejó muchas enseñanzas fue un siniestro que se inició en una zona de manantiales llamada El Cárcamo, en 1996, recuerda Erick Pérez. El fuego rebasó no solo la capacidad de la comunidad, también de las autoridades de todos los niveles. “Ese incendio arrasó con todo el bosque de San Agustín”, recuerda el líder comunero, que estima en 3500 hectáreas el territorio boscoso del pueblo.

Los comuneros de San Agustín Etla aseguran que el incendio del 15 de diciembre pasado fue provocado por personas del municipio vecino de Nuevo Zoquiapam, quienes quedaron inconformes con un fallo judicial que debía poner fin a una larga disputa por 520 hectáreas de bosque, según denunciaron en febrero pasado las autoridades comunales de San Agustín.

“Una vez que ganamos el juicio, esa comunidad nos invadió las 520 hectáreas. Y pues nuestra preocupación, que estamos revisando también en procesos legales, es que están talando clandestinamente”, asegura Erick Pérez, líder comunero de San Agustín, quien afirma que las causas del incendio son actualmente revisadas por la Fiscalía General de la República.

Además de incendios deliberados para perjudicar a comunidades rivales, los conflictos impiden acciones de saneamiento del bosque cuando se presentan plagas que causan la muerte de los árboles y, en consecuencia, se genera mayor combustible en las temporadas de incendios.

Incluso, hay casos en donde durante el incendio, las comunidades no permiten el paso de brigadistas de ningún tipo, asegura Óscar Mejía de la delegación de Conafor en Oaxaca.

 

Tanto en Oaxaca, como en otras partes del país, los conflictos entre comunidades suelen ser un combustible para la generación de incendios. Foto: Cortesía Conafor.

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Cambio climático y menos presupuesto

 

El cambio climático también es un factor que está presente cada vez más cuando se habla de incendios forestales, advierte Óscar Mejía. Y resalta que hay menos lluvias, mayores temperaturas y menor humedad en los bosques, eso se traduce en un arbolado más estresado, más plagas, así como mejores condiciones para la proliferación de incendios y las peores para detenerlos.

El gerente estatal de Conafor considera que es justo el cambio climático la principal razón por la que la superficie afectada por los incendios forestales en Oaxaca pasó de 19 000 hectáreas en 2018 a 68 000 en 2019. Es decir, casi cuatro veces más.

“Algunos lo atribuían al recorte presupuestal, pero Conafor no redujo su plantilla y el estado reportó sus 13 brigadas listas. Aquí lo que nosotros vemos es una condición climática atípica: cambio climático”, explica Mejía.

“Con la combinación del efecto de la sequía, combustible, arbolado debilitado y viento, si los compañeros tenían antes que poner una brecha cortafuego a 300 metros de donde venía el incendio, ahora se tuvo que poner arriba del medio kilómetro para poder ganarle a la velocidad del fuego”, explica el gerente estatal de Conafor.

La combinación de fuego con fuertes vientos se identificó también en el incendio en el que murieron nueve combatientes a mediados de marzo de 2020, en el municipio de Reyes Tepejillo. Medios locales reportaron que en la conflagración en esa zona serrana de la región Mixteca se formaron remolinos que, impulsados por las ráfagas de viento, envolvieron a los combatientes sin darles oportunidad de huir o refugiarse.

Algunas comunidades del país, como en Guachochi, en Chihuahua, se han instalado miradores para detectar en forma oportuna la presencia de fuego. Foto: Cortesía Conafor.

Para organizaciones como el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, Greenpeace México y Naturalia, la reducción presupuestal del 43% que ha sufrido Conafor desde 2012 sí ha tenido un impacto negativo en el combate a los incendios forestales. Y es por ello que en marzo pasado estas organizaciones realizaron un llamado a la Presidencia de la República para que se duplicara de manera urgente el presupuesto de Conafor y se clasificara el combate de incendios como asunto de prioridad y seguridad nacional.

“Estoy seguro de que nos hacen falta recursos, pero no para hacer combate de incendios. Tendríamos que cambiar la lógica de combatir los incendios a hacer prevención”, explica Óscar Mejía, gerente de Conafor en Oaxaca. Como ejemplo, el ingeniero forestal se refiere al mal uso del fuego en actividades agropecuarias, que durante 2019 fue el origen de casi una tercera parte de los incendios forestales en México.

Para comunidades como Ixtlán de Juárez, en donde el aprovechamiento sustentable del bosque les ha permitido tener su sustento de vida, cuidarlo es una prioridad. Por eso, ellos no dan tregua cuando se trata de hacer todo para evitar un incendio.

*Imagen principal: Control de un incendio en zonas forestales de Oaxaca. Foto: Cortesía Conafor-Oaxaca. 

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