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Guatemala: la estrategia que sostiene la conservación de los manglares

Conservación en Guatemala. Jóvenes de la Escuela Técnica de Formación Forestal del departamento de Huehuetenango viajan a la costa sur para participar en las evaluaciones de las parcelas permanentes de medición forestal. Foto: César J. Zacarías-Coxic /INAB.

Jóvenes de la Escuela Técnica de Formación Forestal del departamento de Huehuetenango viajan a la costa sur para participar en las evaluaciones de las parcelas permanentes de medición forestal. Foto: César J. Zacarías-Coxic /INAB.

  • En cinco puntos te explicamos el programa para la conservación y restauración de los bosques de mangle en el país centroamericano.

Isaías Ortiz nació hace 50 años en la comunidad costera de San Francisco Madre Vieja, en el municipio de Tiquisate del departamento de Escuintla, a unos 190 kilómetros al sur de la ciudad de Guatemala. Recueda que cuando era niño miraban a los cotorros volar en grupo sobre su comunidad. Hoy ya no se ven, “se fueron”.

El hombre también recuerda que sus padres lo enviaban a recoger leña al manglar, a esa área donde se encuentran el agua dulce de los ríos con el agua salada del mar, en donde crecen los árboles de mangle y en donde viven animales como los cangrejos o las iguanas.

Esos recuerdos son, entre otras cosas, los que hoy mueven a Ortiz a detener la tala excesiva del mangle, así como a restaurar y conservar este ecosistema costero. Eso lo hace como habitante del lugar, pero también como presidente del Consejo Comunitario de Desarrollo (COCODE) y de la Mesa Local de Mangle de Tiquisate.

Vecino de río Dulce observa el área de manglar que están reforestando con una técnica artificial. Foto: GRD.

Las Mesas Locales de Mangle son espacios para el diálogo, la coordinación y la gestión comunitaria de los manglares en Guatemala. Son una herramienta que impulsa y coordina el Instituto Nacional de Bosques (INAB) para propiciar y fortalecer acciones de protección, conservación, restauración y manejo sostenible de este ecosistema marino costero.

A continuación te explicamos, en cinco puntos, por qué es importante conservar los manglares y en qué consiste esta estrategia de conservación que se desarrolla en Guatemala.

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1. Un ecosistema prioritario

Los mangles brindan múltiples beneficios a quienes viven en zonas marino-costeras y al mundo en general.

Contribuyen a la calidad del agua porque depuran sedimentos; son el hogar de distintas especies de plantas, aves, mamíferos y reptiles, así como de peces, moluscos y crustáceos de los que dependen muchos pescadores. También mitigan el cambio climático porque sirven como reservorios de carbono.

Carlos Rodríguez, ingeniero agrónomo y especialista en mitigación y adaptación al cambio climático, explica que en los mangles se depositan dos tipos de carbono: uno que se acumula en el suelo, cuando las hojas caen o la madera se descompone, y el otro, que se aglomera cuando los ríos o las mareas arrastran el sedimento que termina almacenándose en el manglar.

Por ello, una de las tantas consecuencias negativas que trae la tala del mangle es la liberación de carbono a la atmósfera.

Voluntario que ayuda a medir el tamaño de las plantas obtenidas por regeneración natural. Foto: César J. Zacarías-Coxic /INAB.

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2. Conservar y restaurar un ecosistema

En Guatemala, hasta octubre de 2019, se habían creado 10 Mesas Locales de Mangle; nueve funcionan en la costa sur del país, a lo largo del litoral del Pacífico, y una en el Caribe.

Las comunidades cercanas a los manglares son las que lideran las Mesas Locales del Mangle, a ellas se suman municipalidades, instituciones de gobierno, organizaciones no gubernamentales y privadas.

El ingeniero agrónomo Luis Vela, director regional de la Costa Sur, Región IX del INAB, resalta que las entidades gubernamentales carecen de recursos económicos para efectuar las actividades necesarias en favor de la conservación, como los patrullajes, por lo que las alianzas público-privadas y el trabajo interinstitucional son vitales.

Conscientes de todos los servicios ambientales que ofrece el mangle, los vecinos del municipio de Tiquisate integraron su Mesa Local de Mangle en 2012.

Así lucía un área talada de mangle en el municipio de Iztapa, departamento de Escuintla, Guatemala. Foto: César J. Zacarías-Coxic/INAB.

De las seis comunidades que integran el municipio de Tiquisate, solo cuatro están próximas a esas 160.58 hectáreas de manglar. A pesar de eso, los líderes de las otras dos comunidades decidieron integrarse y participar porque, según manifestaron, ellos también aprovechan el mangle y es su responsabilidad cuidarlo para continuar con su uso.

En el 2015, las empresas productoras de banano, caña de azúcar y palma que tienen operaciones en el municipio decidieron apoyar y formar la Mesa Técnica del Mangle, un paraguas de las Mesas Locales de Mangle.




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Entre los aportes realizados por la Mesa Técnica está la identificación de las áreas de manglar en el municipio. Por medio de imágenes satelitales y luego de efectuar la respectiva verificación en campo, determinaron que hay 160,58 hectáreas con zonas para conservar y restaurar.

Solo la Mesa Local de Mangle de Tiquisate cuenta con Mesa Técnica. En otras localidades donde hay mesas locales, el sector privado no se ha organizado.

Este pescador lleva en su lancha la captura del día: cangrejos que viven entre el mangle. Foto: César J. Zacarías-Coxic/INAB.

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3. ¿Qué acciones realizan?

Desde 2016, la Mesa Local de Mangle de Tiquisate efectúa patrullajes de monitoreo y vigilancia para evitar la tala del mangle. Esto lo hacen con apoyo de agentes de la División de Protección a la Naturaleza (DIPRONA) de la Policía Nacional Civil. La Mesa Técnica compra el combustible que necesitan las unidades terrestres o marítimas para movilizarse y contribuye con los gastos de alimentación y hospedaje para las personas que participen.

La meta es hacer un patrullaje mensual, pero debido a que son escasos los agentes de DIPRONA asignados a esta tarea, sumado a que los envían a cubrir emergencias u otras actividades y que ellos son los únicos facultados para hacer arrestos y comenzar un proceso legal contra quienes cometan un ilícito, solo han logrado realizar ocho patrullajes al año.

Técnico forestal mide las raíces de un mangle rojo en playa Las Lisas del departamento de Santa Rosa, Guatemala. Foto: César J. Zacarías-Coxic/INAB.

Para la restauración del manglar, que consiste en llevar un ecosistema degradado a su estado original, las técnicas que usan son: reforestación o siembra de mangle donde no hay; enriquecimiento, es decir, siembra de mangle donde hay árboles dispersos y, nucleación, que es tomar varios propágulos —estructuras vegetales por las que se reproducen los manglares— y plantarlos en grupos de 10 a 15, con cinco metros de distancia entre cada grupo.

Como actividades complementarias han establecido viveros forestales para que, en lugar de talar el mangle, las personas produzcan su propia leña y madera.

A las comunidades interesadas les brindan asesoría técnica y ofrecen semillas para cultivar especies de rápido crecimiento, algunas exóticas como la melina (Gmelina arborea) y otras nativas como madre cacao (Gliricidia sepium) y matilisguate (Tabebuia rosea).

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4. Un manejo sustentable del ecosistema

Además de las Mesas Locales de Manglar, se han establecido 63 parcelas permanentes de monitoreo forestal: 59 en el Pacífico y cuatro en el Caribe. En ellas, se evalúa la dinámica de crecimiento en diámetro y altura del mangle. Estas dos variables permiten conocer cuánto crece el árbol y esa información sirve para realizar proyecciones de volumen de la madera y así indicarles a las comunidades cuánto pueden usar del bosque sin acabarlo.

También se hacen estudios biológicos para conocer las plagas o enfermedades que puedan estar afectando al ecosistema.

Para cubrir los gastos —los cuales se calculan entre 635 y 1000 dólares— que requiere el trabajo de campo en cada parcela permanente de monitoreo forestal, el INAB se ha aliado con el sector privado y organizaciones no gubernamentales.

Estas alianzas le permiten contar con voluntarios dispuestos a enlodarse o treparse en las raíces del mangle para hacer las mediciones respectivas y con recursos económicos para cubrir los gastos de combustible, hospedaje o alimentación de todos los participantes.

Mujer limpia las conchas que recolectó de entre las raíces de los mangles y que venderá para su sustento. Foto: César J. Zacarías-Coxic/INAB.

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5. ¿Qué especies de mangle hay en el país?

En Guatemala crecen seis especies de mangle. Están el blanco (Laguncularia racemosa L.) y el botoncillo (Conocarpus erectus L.). Del mangle rojo y negro hay dos especies para cada uno: del primero están la Rhizophora mangle y Rhizophora racemosa, mientras que del negro o madre sal están presentes Avicennia germinans y el llamado popularmente Ixtatén (Avicennia bicolor Standl).

Aunque cada especie tiene características propias —como su distinta tolerancia a la salinidad—, en una misma área pueden encontrarse tres de ellas o incluso todas. También se sabe que el mangle rojo o colorado es el de menor tolerancia a la sal, pero el más resistente a tormentas e inundaciones, lo cual es muy conveniente en tiempos de cambio climático donde los fenómenos hidrometeorológicos tienden a ser más frecuentes e intensos.

Un reporte del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales, que data del 2013, señala que la cobertura del bosque de mangle en Guatemala es de 18 840 hectáreas. De estas, el 94 % se encuentra en la costa del Pacífico y el resto en el Caribe.

Lee el artículo completo de Lucy Calderón aquí.

 

* Imagen principal: Jóvenes de la Escuela Técnica de Formación Forestal del departamento de Huehuetenango viajan a la costa sur para participar en las evaluaciones de las parcelas permanentes de medición forestal. Foto: César J. Zacarías-Coxic /INAB.

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