Desde entonces GHC, ha desarrollado siete proyectos de reforestación en las comunidades de : San Antonio de los Lagos, Valencia, Mocagua, San Sebastián Km6, San José del Río, San Martín de Amacayacu y actualmente en Casiyanaira Km 11.

Para Jorge Chan es motivo de orgullo resaltar que el proyecto de reforestación y agroforestería ha sembrado, hasta el momento, 50 000 árboles nativos en un área de aproximada de 180 hectáreas. “Trabajamos con diferentes familias y beneficiarios que quieran integrarse al proyecto, ellos escogen entre plantas tradicionales, como yuca y plátano, y árboles frutales, maderables o palmas para construcción de vivienda, canoas o artesanías (…) solo se trabaja con especies nativas no se introducen árboles de otros lados que puedan afectar la biodiversidad”, sostuvo.

Pero lo que asegura el éxito de cada proyecto es que las comunidades demuestren un interés real. El siguiente paso consiste en establecer una reunión con el curaca o líder de la comunidad, para explicarle cada detalle del proyecto y consultarle si están dispuestos a participar. Si están de acuerdo, el tercer paso implica el firmar un convenio, armar un cronograma y establecer las fechas y actividades.

“Acto seguido se asignan tareas y compromisos de las dos partes, la ONG pone las herramientas, los semilleros y germinadores de las plantas nativas. Se realizan trabajos comunitarios y se hacen las siembras en camas de germinación con abono orgánico”, resalta Chan.

Lo siguiente es esperar que las plántulas tengan buena talla para embolsarlas y empezar el proceso de crecimiento independiente. Luego se trabaja en el control de plagas y en la reposición de las plantas que han ido muriendo en el camino. Tras esta selección, se distribuyen las plantas a cada uno de sus beneficiarios, se realiza un trabajo de seguimiento por un período de uno a dos años y, finalmente, el último paso consiste en entregar el proyecto de reforestación culminado.

Hasta el momento, “los resultados han sido positivos y lentos, pues es difícil sacar a las comunidades de las garras de diferentes negocios ilegales como narcotráfico, tráfico de madera y tráfico de vida salvaje, de manera repentina. Hay que socializar y crear conciencia en las comunidades de por qué se debe reforestar con árboles nativos y los resultados positivos que esto trae a sus comunidades”, comenta Jorge Chan.

Hoy las regiones en las que se inició este proyecto conservan sus árboles y estos las proveen de comida, medicina y representan un ingreso económico para las comunidades.

En la actualidad, indica Chan, “Green hope Colombia (GHC) trabaja principalmente en el departamento del Amazonas, pero también desarrolló un proyecto sostenible en Altos del Pino en Cazucá (Bogotá) donde se construyó un centro comunitario con botellas plásticas recicladas (…) La mira está puesta en el Guaviare, donde queremos crear proyectos sostenibles y ambientales en una de las zonas más golpeadas por el conflicto armado en Colombia”.

Deforestación en Colombia: las cifras que deben ser reducidas

“Los bosques son, sin lugar a dudas, la mayor riqueza de Colombia. Son importantes porque resguardan buena parte de nuestra diversidad biológica, que está constituida en gran medida por especies que no existen en ningún otro país del planeta” resalta Zoraida Calle, bióloga, investigadora y coordinadora del Área de Restauración Ecológica del Centro para la Investigación en Sistemas Sostenibles de Producción Agropecuaria (CIPAV).

Y aunque ya mucho se ha hablado sobre sobre la importancia de estos ecosistemas y Colombia posee parte del denominado pulmón del mundo, según información del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), “la superficie de bosque natural en Colombia con respecto a la superficie total del país ha venido disminuyendo de manera gradual, con valores correspondientes a 56,4 % en 1990 hasta 51,6 % en 2014”.

El año pasado, el panorama le dio un respiro a las autoridades forestales ya que se reportó que “124 035 hectáreas fueron deforestadas en 2015, reduciéndose un 12 % con relación al año 2014 (140 356 ha). Este fenómeno se concentró principalmente en las regiones de la Amazonía y Andina, con 46 % y 24 % del total nacional, respectivamente”, por ello la importancia de iniciativas como la de GHC.

En el país, como mencionó Calle, “las causas directas de la deforestación son la ampliación de la frontera agrícola y ganadera, los cultivos ilícitos, la expansión de la minería (tanto la ilegal como la legal) y las obras de infraestructura como vías, oleoductos y embalses. Las causas indirectas incluyen el crecimiento poblacional, la expansión de los agronegocios, el aumento en la demanda de minerales, hidrocarburos, madera y productos de la agricultura y la ganadería; y la concentración de las tierras en manos de grandes propietarios y empresas”.

A lo que añadió Jorge Chan, “lamentablemente en Colombia la reforestación es vista como un negocio en algunos lugares, ya que buscan obtener beneficios tributarios o bienes forestales, medicinales en lugares tradicionales indígenas. En Colombia no se conoce claramente la importancia de cuidar bosques vírgenes y recuperar bosques intervenidos o talados”.

¿Una meta ambiciosa?

Para 2018, el gobierno nacional busca restaurar 210 000 hectáreas de bosque, según la Dirección de Bosques del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. Algunos expertos señalan que se trata de una meta difícil de alcanzar, sin embargo para Martín Pérez, especialista en bosques y cambio climático, no es más que una “deuda histórica que se tiene con los bosques colombianos”.

Zoraida Calle explicó a Mongabay Latam, que aunque no es del todo imposible conseguir este objetivo en cuatro años, no ve “un sistema organizacional transparente, un marco regulatorio adecuado, ni una estructura de gobernanza que nos permitan avanzar hacia el logro de esta meta. (…) Restaurar cientos de miles o millones de hectáreas requiere de la participación activa de muchos sectores de la sociedad”.

Para ella es necesario cambiar las políticas que aún promueven o toleran la deforestación, desmontar los impuestos que castigan a los propietarios de predios con bosques, movilizar los fondos con transparencia, involucrar a las organizaciones de base, generar, diseminar conocimiento y fortalecer las capacidades técnicas (locales y regionales) para la restauración.

Bosque en proceso de restauración, Maceo, Antioquia. Foto: Zoraida Calle.
Bosque en proceso de restauración, Maceo, Antioquia. Foto: Zoraida Calle.

Además, cree como muchos otros expertos colombianos, que el postconflicto es una oportunidad para la restauración de bosques “porque las personas que han hecho parte de los grupos armados poseen muchas de las destrezas que se requieren para hacer esta labor en el campo (…) Pero el país tendría que hacer un esfuerzo de capacitación sin precedentes y el manejo de los recursos tendría que ser absolutamente transparente”.

Según la línea base del Plan Nacional de Restauración Ecológica, Rehabilitación y Recuperación de Áreas Degradadas (PNR), presentado en 2015 por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, durante el periodo 2010-2014 fueron restauradas 90 000 hectáreas. Este es el insumo principal para que en los próximos 20 años se logre promover y orientar los procesos integrales de restauración ecológica, en busca de recuperar la estructura y las funciones de los ecosistemas, para que sigan prestando sus servicios.

Este mecanismo se suma a los esfuerzos y compromisos asumidos por el gobierno como la iniciativa 20×20.

Un compromiso internacional

El 2 de septiembre de 2011, los líderes del mundo se reunieron en Alemania para poner en marcha una iniciativa que hoy se conoce como el Desafío Bonn, con el fin de restaurar, para 2020, 150 millones de hectáreas degradadas y deforestadas.

Luego, a fines de 2014, se llevó a cabo la XX Conferencia Internacional sobre Cambio Climático o 20ª Conferencia de las Partes (COP20) en Lima (Perú), donde se lanzó formalmente la iniciativa regional 20×20 como apoyo a lo acordado en Alemania, “liderada por 11 países latinoamericanos (México, Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Costa Rica, Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Argentina) y tres estados del Brasil (Mato Grosso, Sao Paulo y Espírito Santo), en busca de cambiar la dinámica de degradación de tierras en la región (…) A corto plazo pretende iniciar la restauración de 20 millones de hectáreas hasta el 2020”, resaltó Walter Vergara, funcionario del Instituto de Recursos Mundiales (WRI) y Coordinador de la iniciativa 20×20.

Según información del Instituto de Recursos Mundiales, una de las principales razones para crear este proyecto fue la fuerte deforestación que han sufrido los bosques de la región en los últimos años. “Latinoamérica y el Caribe contienen algunos de los ecosistemas forestales ecológicamente más valiosos del mundo, pero en la historia reciente, el 20 % de las tierras forestales (casi 350 millones de hectáreas) han sido completamente deforestadas y un 20 % más (300 millones de hectáreas), fuertemente degradadas”.

El término adecuado para estos procesos es restaurar, debido a que “la restauración ecológica se define como el proceso de apoyar la recuperación de un ecosistema que ha sido degradado, dañado o destruido con el fin de restablecer los valores sociales (o humanos) que los ecosistemas pueden proveer. La restauración de bosques va mucho más allá de la siembra de árboles porque intenta recuperar la estructura, la composición y las funciones de un bosque nativo”, añadió Calle.

Con la iniciativa regional 20×20, Colombia adquiere el compromiso internacional de restaurar un millón de hectáreas, es decir que las 210 000 del compromiso nacional pueden ser sumadas o ser parte de esta cifra.

Las comunidades pueden vincularse a estos procesos exigiendo a los gobiernos locales, regionales y nacionales la restauración de los bosques, pero también pidiendo ser capacitados y poniendo en práctica esos conocimientos aprovechando sus recursos, como en el caso de las comunidades indígenas amazónicas con Green Hope Colombia.

Foto de portada: Luciana Gallardo – WRI.

Artículo publicado por alexa
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