La guacamaya roja (Ara Macao) figura actualmente en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), también está incluida en la categoría 2 del Listado de Especies Amenazadas de Guatemala (LEA) y en el apéndice 1 de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies de Flora y Fauna Amenazadas (CITES).

Sin embargo, esta especie relacionada a la cultura maya —que incluso se encuentra en diversas alegorías prehispánicas— convertida en símbolo que atrae a los visitantes, se está quedando sin árboles altos para sus nidos, sin lugar donde habitar y sin caminos que recorrer.

Los últimos refugios que le quedan a las guacamayas rojas dentro de este corredor están en la Reserva de la Biósfera Montes Azules (México), el Parque Nacional Chiquibul (Belice) y la Reserva de la Biósfera Maya (Guatemala). Dentro de esta última está el Parque Nacional Laguna del Tigre, que con sus 337 899 hectáreas es el más grande de Guatemala y tiene la categoría de Sitio RAMSAR.

Ahí mismo se ubica El Perú o Waka’, un conocido sitio arqueológico y punto importante para la conservación de la guacamaya roja por la cantidad de nidos que han sido localizados. En ese lugar, situado en medio de la selva, está el campamento de la Wildlife Conservation Society (WCS), que desde hace más de 15 años trabaja en la preservación de la especie intentando aumentar la supervivencia de los pichones.

El total de la pérdida anual solo en el Parque Nacional Laguna del Tigre es del 1,2 %, lo cual equivale a 3789 hectáreas, según un estudio de la organización Rainforest Alliance.

 

 

 

Y en la zona núcleo de la Biosfera Maya (de 486 252 hectáreas), donde se ubica el Parque Nacional Laguna del Tigre, el equipo de la WCS realiza actividades diarias de conservación, en un espacio que pierde más del 5.5 % de su territorio cada año, lo cual equivale a 4862 hectáreas de bosque, de acuerdo con ese mismo estudio.

La población de la Guacamaya Roja, que alguna vez estuvo ampliamente distribuida en Mesoamérica, hoy solo puede ser encontrada en algunos puntos aislados del corredor que comparten Guatemala, Belice y México.

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El Petén: la lucha diaria por conservar la guacamaya roja

 

Las actividades de manejo requieren de largas caminatas para encontrar los nidos, que tienden a estar alejados unos de otros. También demandan de cierto gusto o tolerancia por las alturas. Los científicos tienen que escalar los árboles para revisar  frecuentemente los nidos, inspeccionar y contar los huevos, el número de pichones hallados, colocar incluso jaulas con doble espacio (nidos artificiales con una cavidad donde se alojan los pichones y otra queda vacía para engañar a los halcones depredadores), y ahuyentar a los peligrosos enjambres de abejas africanizadas.

Es necesario también para realizar estas tareas contar con una buena dosis de paciencia. Los investigadores esperan ocultos entre la vegetación hasta oír el majestuoso grito de la madre guacamaya que se aproxima al nido para alimentar a su cría. Cuando termina la hora de la merienda, tienen que volver a escalar el árbol para bajar al pichón y revisar su estado de salud. Luego es devuelto al nido con la esperanza de volver a encontrarlo en la próxima revisión.

Esta rutina de trabajo se repite una y otra vez. Más aún frente a la considerable disminución de la población de guacamayas rojas.

 

 

“Desde muy temprano nos dimos cuenta que el éxito reproductivo iba muy mal, salían muy pocos pichones por nido activo que estábamos monitoreando, es por eso que decidimos hacer actividades de manejo”, señala Rony García, director de investigaciones biológicas de la WCS, durante una de sus jornadas de trabajo en El Waka´-Perú.

Para el investigador es importante preservar los pocos espacios de anidación que existen. “Principalmente el Parque Nacional Laguna de Tigre y las concesiones aledañas que mantienen nidos de guacamayas. Si perdemos esos sitios de anidación, es muy probable o seguro que vamos a perder la Guacamaya Roja en Guatemala”, explica, tras revisar el estado de salud de uno de los pichones.

“Una vez que salga de este nido, va a volar y quedarse con los padres todo el tiempo. Estarán un par de semanas acá antes de volar hacia el sur oeste, hacia Montes Azules y juntarse con toda la población de guacamayas de la selva maya”, señaló Rony García.

De acuerdo con Parks Watch, una organización estadounidense que se dedica a vigilar áreas protegidas en diversos países, las regiones de la Biósfera Maya y Montes Azules, “forman un delgado puente que mantiene el flujo genético” de la guacamaya roja.

 

 

Una de las tareas más importantes del trabajo de conservación de esta especie emblemática es el monitoreo continuo. Por eso se han colocado cámaras ocultas para detectar a los ladrones furtivos de nidos. El problema es que muchas veces andan armados. Esa es para García la principal amenaza que enfrenta la Guacamaya Roja y los que apuestan por su conservación.

El Petén, además, es una zona del norte de Guatemala donde prevalece la actividad de grupos de narcotráfico y eso lo tienen en cuenta en cada recorrido quienes se dedican a la conservación en esa convulsa región de Centroamérica.

García y su equipo sufrieron la pérdida de cinco pichones que fueron robados de sus nidos en 2017 y encontraron una cámara trampa que los ladrones descubrieron y destruyeron de un balazo.

 

Guacamayas recuperadas del tráfico de fauna por autoridades de Guatemala en noviembre de 2016. Foto: Conap.
Guacamayas recuperadas del tráfico de fauna por autoridades de Guatemala en noviembre de 2016. Foto: Conap.

 

De acuerdo con el  estudio Colaboración binacional para erradicar el tráfico ilegal de vida silvestre en Belice y Guatemala: lecciones aprendidas y recomendaciones realizado entre el 2015 y 2017 por organizaciones ambientales y los gobiernos de Belice y Guatemala, el tráfico de Guacamayas rojas se da en ambos países y se considera como un problema la falta de control en la frontera.

“Las poblaciones de la especie en ambos países están actualmente en peligro de extinción como consecuencia de este comercio ilegal”, dice el informe del estudio. Aunque Rony García cree que el tráfico de guacamayas en mayor en Guatemala.

“La gente roba los pichones para el mercado negro de mascotas. Vendidos ilegalmente a coleccionistas privados, creemos que el principal mercado es acá en Guatemala pero seguro van a otros sitios donde hay un precio mayor”, señala el especialista.

El robo de pichones también está en el lado mexicano, por lo tanto, el único corredor que le queda a la guacamaya roja para desplazarse está bajo permanente asedio humano.

Guacamayas rojas incautadas en mayo de 2018. Foto: Cortesía Conap.
Guacamayas rojas incautadas en mayo de 2018. Foto: Cortesía Conap.

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La historia de dos funcionarios y de las guacamayas rojas que ocultaban

 

Cuando en 2017 fue detenida la exvicepresidenta de Guatemala, Roxana Baldetti, acusada de estar vinculada a una red de corrupción en aduanas de su país, la Fiscalía de Delitos contra el Ambiente y organizaciones de la sociedad civil que combaten el tráfico de vida silvestre se enteraron que en el allanamiento a la casa de la exvicepresidenta se encontraron dos guacamayas rojas.  

Cuando las autoridades ambientales acudieron a rescatar a las aves, se toparon con la sorpresa de que alguien ya se las había llevado y no pudieron recuperarlas. Hasta la fecha no se sabe dónde están las guacamayas que había adquirido Baldetti, pero sí se sabe cómo llegaron ahí.

Según fuentes consultadas por Mongabay Latam cercanas al caso, las dos aves fueron adquiridas a través de intermediarios en contacto con traficantes furtivos, quienes no trabajan para una organización criminal específica, pero que saben muy bien cómo extraer los pichones de los nidos. Ellos son los responsables del tráfico ilegal del 70 % de las guacamayas rojas que habitan Guatemala, según estimaciones de la WCS. Y a ese cálculo hay que sumarle un dato que incrementa el problema: 8 de cada 10 ejemplares que caen en las manos de los traficantes mueren en el camino.

Cuando Baldettii, acorralada por la investigación en su contra, renunció a su cargo en el 2015, siguió la caída del presidente Otto Pérez Molina meses después. Esta crisis política hizo que el  caso de las guacamayas quede al margen del interés público, y aunque hay una investigación en curso, el Fiscalía de Delitos contra el Ambiente insiste en que no puede revelar más información.

Pero Baldetti no fue la primera funcionaria de gobierno a la que le encontraron ejemplares de esta especie en su casa. En el 2014, cuando Baldetti encabezaba una mesa interinstitucional para coordinar el tráfico de vida silvestre, se detuvo a Diego Thomas Giesemann Widwann, un funcionario del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap), por tener 31 ejemplares de animales en peligro de extinción en su casa, incluyendo guacamayas rojas, según informó el Fiscalía de Delitos contra el Ambiente de Guatemala en un comunicado.

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¿Cómo opera el tráfico dentro del corredor?

 

De acuerdo con José María Castillo, técnico de la Asociación Balám de Guatemala —dedicada a la conservación del medio ambiente— el sector de El Perú es el más frecuentado por los  traficantes de fauna silvestre.

El experto precisa que existe una“estructura” criminal organizada integrada por campesinos e intermediarios. Los primeros saquean los nidos. y los segundos se quedan con la mayor tajada de dinero, que viene tras la venta ilegal de los pichones de guacamaya. “Hay intermediarios que llegan a tener hasta 15 ejemplares”, señala Castillo, en una entrevista con Mongabay Latam.

 

 

De acuerdo con los testimonios recogidos en el lugar, los intermediarios son vistos como los principales promotores del tráfico de vida silvestre en la Biósfera Maya y quienes deben ser detenidos.

Pero el problema no solo está presente en Guatemala. Del otro lado del corredor, en México, el saqueo de guacamayas rojas acecha los nidos de la  Reserva de la Biósfera Montes Azules, según señala Rodrigo León, coordinador del Proyecto de Conservación de Guacamaya Roja en la Selva Lacandona de Natura Mexicana.

“Se intentó de todo, alambres de púas, cámaras escondidas y nada”, declaró León. Por lo tanto, Natura Mexicana optó por instaurar la “protección comunitaria” de los nidos, para lo cual —explicó— se han tenido que sortear barreras tan complicadas como las amenazas de los traficantes a los campesinos.

A esto se sumó que para proteger los nidos, no encontraron mejor salida que llevarse los pichones a un laboratorio. “Era imposible seguir protegiendo al árbol”.

Rodrigo León y Rony García describieron un escenario idéntico del tráfico de la guacamaya roja en sus respectivos países de trabajo. Son regiones golpeadas por la pobreza y el narcotráfico, con personas “locales” que conocen dónde están los nidos y que viven con la tentación permanente de entregar los pichones a los intermediarios.

 

 

Los intermediarios son los que siempre salen más beneficiados, comenta Castillo de la Asociación Balám, porque reciben grandes sumas de dinero y pagan por un pichón que ya tiene un comprador seguro.

Después de años de combate al tráfico ilegal en la Biósfera Maya y en Montes Azules utilizando diferentes métodos, en ambos lugares se logró involucrar a lugareños de las regiones para que ayuden a cuidar los nidos. Se trató, según explicó Castillo, de crear una organización “espejo”, es decir, con similitudes a la de los ladrones de guacamayas rojas para comprender mejor cómo operan e impedir el robo de pichones.

“Es una actividad ilícita que la realiza la gente muy masivamente”, señaló el técnico de la Asociación Balám.

En Montes Azules el panorama de colaboración parece más alentador para quienes trabajan en la conservación de esta especie. Rodrigo León explicó que el programa de educación que implementaron ya dio sus primeros frutos. “Hemos ganado terreno en muchas zonas con educación ambiental”, dijo.

No se tiene un estimado del dinero que genera la venta ilegal de ejemplares de guacamaya roja ni se tienen ubicadas las rutas de trasiego. Pero, de acuerdo con información obtenida a lo largo de los años por las organizaciones que trabajan en los tres países, se sabe que en su mayoría son vendidas a personas de un nivel socioeconómico medio y alto.

La cadena del comercio ilegal de guacamayas rojas permite a un campesino ganar, con una sola venta, lo que ganaría en meses de trabajo, y en el caso de los intermediarios, los ingresos crecen exponencialmente. Castillo pidió que no se publiquen las cifras de las ganancias que se obtienen, para no promover esta actividad ilícita.

Por el alto rango de Roxana Baldetti, para algunos de los expertos consultados para este reportaje el caso de las guacamayas rojas en su casa ilustra la magnitud del problema.

Kurt Duchez, director de Tráfico de Vida Silvestre de la WCS, aseguró que “aunque no sean los grandes criminales, los ladrones de guacamayas trafican el 70 % de los ejemplares en Guatemala, es tráfico bajo pedido”. Y agregó: “Es así como llegaron las guacamayas a la casa de Baldetti”

Mongabay Latam solicitó una entrevista al Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap) para tener acceso a información sobre las cifras de incautación y las estrategias de control desarrolladas en la frontera con México, pero hasta el cierre de este artículo no tuvimos una respuesta.

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El encanto de las guacamayas

 

Dice el señor Antonio Xol que nunca se imaginó salir del departamento de Izábal cuando era pequeño. La costa caribeña de Guatemala le sentaba muy bien, pero hace 14 años conoció a las guacamayas rojas y desde entonces no ha dejado de vivir cuidándolas internado en la selva.

Esperemos que salga calidad”, cuenta mientras sostiene a un recién nacido en la mano izquierda y una jeringa con alimento en la derecha. “Queremos que se abunden más, el valor para nosotros es un montón, hemos estirado y forzado para poder ver los animalitos esos”, continúa, mientras le da de comer a un “dinosaurio”, que es como el llama a los recién salidos que permanecen dentro de una incubadora.

 

 

Pedro Díaz, técnico de la WCS, es el encargado de subir a los nidos cada semana para revisar a los pichones. Si detecta más de dos huevos en el nido, los extrae y se los lleva a Antonio Xol para que los cuide.

El equipo de conservación trabaja en total en cinco zonas dentro del Parque Nacional Laguna del Tigre. Son lugares alejados uno de otro y con tramos de selva espesa que dificultan los traslados. “Lo más difícil es entrar, los caminos son muy malos”, cuenta Pedro Díaz.

En esas caminatas, además de ver la llegada de las guacamayas a los nidos y a los pichones dentro de sus pequeñas cuevas, también son testigos del avance de la deforestación que amenaza a la especie que tanto cuidan

“Mucha gente viene talando el bosque. En lo que uno cuida una cosa, otros tratan de terminar lo poco que queda. Lástima porque qué bueno sería que todos salváramos todo lo que habita en el bosque”, menciona Pedro Díaz.

Las manos de Antonio Xol son lo primero que han conocido decenas de guacamayas rojas antes de ser liberadas en la selva maya.

Una guacamaya llega por la mañana al árbol donde tiene el nido de su pichón para alimentarlo. Foto: Rodrigo Soberanes.
Una guacamaya llega por la mañana al árbol donde tiene el nido de su pichón para alimentarlo. Foto: Rodrigo Soberanes.

“Hemos visto bastante que han volado. Para mí es bastante bonito esta especie, no es poco el valor que tienen los animalitos. Antes no sabía nada de conservación y ahora estoy viendo la necesidad de la vida silvestre, por eso estoy contento”, expresó Antonio.

Rony García y Rodrigo León, de Natura Mexicana, coinciden en que, si el éxito de anidación en sus respectivos laboratorios continúa, dentro de 10 años la especie podría sostenerse por sí misma en esas tres regiones unidas por las rutas de la Guacamaya Roja.

Es un deseo que depende de que “paren las amenazas y haya más oportunidades económicas” para la población, según Rodrigo León. Las cifras de decomisos de las autoridades Guatemaltecas no pintan un escenario optimista:  la Conap reportó 23 incautaciones entre el 2005 y el 2015, y más capturas esporádicas a partir de entonces.

Estos, al igual que los incendios y la tala, son factores que escapan de las manos del cuidador de pichones, Antonio Xol, y sus demás compañeros que pasan sus días en la selva.

En el informe sobre el estudio binacional entre Belice y Guatemala, se recomienda que sea la sociedad civil la que tome en sus manos la protección ambiental debido a las “bajas capacidades” de ambos gobiernos y que estos trabajan en desarrollar acciones conjuntas y no aisladas.