El plan no solo incluye los objetivos de cada grupo de trabajo —los cuales varían entre la recopilación de información básica sobre la enfermedad y la coordinación de esfuerzo de monitorización a nivel nacional— sino también un protocolo de respuestas para emergencias, el cual puede ser implementado rápidamente en el caso de un brote.

El protocolo cuenta una variedad de posibilidades, desde descubrir una salamandra muerta en el entorno silvestre con signos de infección hasta detectar el agente patógeno en una población en cautividad. Y para cada uno de estos casos, hay un algoritmo, una lista de pasos para contener el brote tan rápido como sea posible.

Por ejemplo, digamos que alguien encuentra una salamandra letárgica cubierta en úlceras y se lo comunica a un guarda. Según el protocolo, el guarda debería entonces seguir una serie de pasos, que empiezan por enviar la salamandra a uno de los 11 laboratorios en América del Norte que están equipados para detectar la enfermedad micótica. Si el análisis resulta positivo, el guarda debería, entre otros pasos, convocar una reunión de emergencia para determinar qué acciones tomar.

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Y no hay muchas acciones. Por ejemplo, el planteamiento más simple sería aislar el lugar de la infección; restringir el acceso al público y cercar el área. El funcionario también podría cubrir el estanque o la masa de agua con una red para evitar que los pájaros lleven las esporas a otro estanque.

En función del nivel del riesgo, los científicos también podrían elegir adoptar un enfoque más drástico. Si un estanque pequeño y poco profundo está lleno de Bsal y es el hogar de salamandras susceptibles y en peligro de extinción, como el tritón de manchas negras, los científicos podrían considerar verter fungicidas. Sin embargo, según Bletz, este método podría resultar en graves daños colaterales.

“La mayoría de los antifúngicos tienen un espectro bastante amplio”, dice Bletz. “Aunque posiblemente maten el Bsal u otros agentes patógenos negativos, también podrían matar los hongos buenos que son responsables de los procesos del ecosistema dentro de un estanque”.

El tritón de piel rugosa (Taricha granulosa) vive en la costa oeste de los EE. UU. y Canadá y es un miembro de las Salamandridae, que es una familia de salamandras que los científicos creen es susceptible al Bsal. Los tritones de piel rugosa son conocidos por su habilidad para producir una toxina lo suficientemente fuerte para matar a un humano adulto. Fotografía de Todd W. Pierson.

No solo verter fungicidas en un estanque tiene consecuencias. Cada acción, ya sea cercar un área o poner especies en cautividad, tiene un inconveniente. Y eso hace la toma de decisiones muy difícil para los funcionarios locales —sobre todo cuando no hay tiempo—.

Pero los miembros del grupo de trabajo, muchos de los cuales son veteranos de la lucha contra el Bd, lo vieron venir. Y, por lo tanto, crearon el grupo de trabajo de apoyo a las decisiones. Con el uso de simulaciones y modelos, el objetivo de la unidad es evaluar compensaciones y riesgos para la “óptima toma de decisiones”. En otras palabras, el grupo ayudará a los funcionarios a determinar cuándo las acciones drásticas pueden hacer aceptables los inconvenientes.

Una de las líneas de acción está clara, pero otro grupo, el de gestión, es el responsable de garantizar que no haya barreras a la implementación, como restricciones conforme a la Ley Nacional de Protección del Medio Ambiente (NEPA, por sus siglas en inglés).

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“Imagina que hay un brote en un parque nacional o un bosque estatal y los animales están muriendo en un estanque”, dice Harris. “Incluso algo tan simple como poner una cerca para evitar que las salamandras se desplacen a otras zonas requeriría un permiso”. Y obtener uno puede llevar meses o incluso años.

Una vez más, Bletz y otros investigadores, que sacan provecho de la previsión, han estado buscando “excepciones categóricas” de la NEPA, que les concedería esencialmente ciertas acciones, previas a la aprobación, que se sabe ralentizan la propagación del Bsal.

La preparación total no existe

Si todo sale según el plan estratégico, los funcionarios de la fauna silvestre serán capaces de tomar decisiones informadas rápidamente a la primera señal del Bsal, lo que ralentizará el hongo. Y el plan no es solo pertinente para los EE. UU. —Kerby dice que también se está coordinando con la Unidad de Salud de la Fauna Silvestre del Servicio Canadiense para la Protección de la Fauna Silvestre para adaptar el plan acorde a las necesidades de Canadá.

Pero aquí vienen las malas noticias: nadie sabe cómo pararlo. Como el plan claramente indica, no hay un método probado para prevenir que el Bsal se propague, ese es el motivo por el que muchos científicos y funcionarios de la fauna silvestre están preocupados por una invasión inminente, incluso cuando han tenido años para prepararse.

“Nos sentimos tan preparados cómo es posible estarlo dado el actual estado de nuestro conocimiento y la disponibilidad de las técnicas de control”, le dijo John Jensen, biólogo principal de la fauna silvestre del Departamento de Recursos Naturales de Georgia, a Mongabay. Las enfermedades micóticas son muy difíciles de contener; si llega a los EE. UU., o ya está aquí, me temo que se propagará de manera relativamente inalterada”.

Debido a que las salamandras plethodontidae respiran a través de su piel, tienden a ser pequeñas y necesitan estar siempre húmedas. Las salamandras de cuatro dedos (Hemidactylium scutatum, en la imagen se puede ver un espécimen joven) rara vez superan los 10 centímetros. Fotografía de Todd W. Pierson.

Su opinión es compartida por otros biólogos que trabajan a nivel estatal y nacional. Katie Richgels del USGS le dijo a Mongabay en septiembre que si el Bsal llega a aquí “se propagará y veremos pérdidas catastróficas de un par de especies o más”.

Muchos investigadores reconocen que lo que falta es una solución milagrosa: una vacuna o un tratamiento medioambiental a gran escala que no provoque un gran daño colateral. Cuanto más tiempo puedan mantener el Bsal alejado con el uso de las acciones ya existentes, más tiempo tendrán para encontrar una solución.

Un arma en obras

Una solución milagrosa puede tener muchas formas, pero todas ellas serán, probablemente, infinitesimalmente pequeñas.

Una de las ideas más prometedoras para ayudar a las salamandras a hacer frente al agente patógeno es el uso de probióticos, o bacteria que ataca de manera natural al Bsal (del mismo modo que la bacteria en el estómago humano combate a sus hermanos nocivos).

Como están descubriendo los investigadores, algunas salamandras son inmunes de manera natural al Bsal; ponlas en un estanque con el aterrador hongo y salen ilesas. Los investigadores creen que estas especies están produciendo probióticos de manera natural en su piel y quizás ese cóctel de bacterias beneficiosas pueda ser reproducido y pasado a las especies menos afortunadas y más susceptibles.

En la Universidad de Massachusetts, Bletz está explorando otro tipo de bacteria probiótica —una que emite al aire compuestos que prohíben el Bsal—. Es como un aerosol probiótico (pero no del tipo que se venden en el supermercado).

Realmente puede “matar el agente patógeno sin entrar en contacto”, dice Bletz. “No es algo que vaya a eliminar al agente patógeno, pero podría crear una situación donde estos COV [compuestos orgánicos volátiles] reduzcan la infección lo suficiente para que no alcance un nivel mortal”.

Los investigadores también están explorando la posibilidad de usar algunos de los depredadores más pequeños del mundo para controlar el Bsal. Dice Bletz que a organismos fluviales pequeños, como ciertas especies de copépodos, les gusta comer esporas fúngicas. De hecho, investigaciones de laboratorio sobre el Bd han mostrado que la presencia de estos microdepredadores puede reducir la posibilidad de infección.

“La manipulación de las comunidades de los microdepredadores podría servir como una táctica factible para minimizar el riesgo de infección”, escriben los investigadores del grupo de trabajo en el plan estratégico.

La salamandra purpúrea (Gyrinophilus porphyriticus) se encuentra en el este de los EE. UU. y Canadá. Es conocida por su tendencia tener una larga etapa larval acuática —hasta cinco años—. Fotografía de Todd W. Pierson.

Finalmente, se habla de desarrollar una vacuna.

“Estamos intentando usar los avances técnicos en otros campos como la medicina humana”, dice Bletz. “Si podemos determinar qué proteína del Bsal está realmente asociada con la virulencia —la razón por la que es tan eficaz al invadir la piel del anfibio— puede que seamos capaces” de desarrollar una respuesta inmunológica para el huésped.

La investigación preliminar es prometedora, y continúa su carrera hacia delante. Pero es solo eso, preliminar. Hasta que haya una cura o un tratamiento eficaz que produzca resultados probados sobre el terreno, las perspectivas para las salamandras siguen siendo desconocidas, si no un tanto desoladoras.

Cuando sea que llegue el agente patógeno —tanto si se ha encontrado una solución milagrosa o no— será una prueba de lo preparados que estén los científicos, dice Harris, de lo efectivo que ha sido el proceso de planificación.

“Siento que hemos hecho todo lo que hemos podido con el conocimiento que tenemos”, dice Kerby. “Pensamos en muchas posibilidades y estamos equipados para enfrentarnos a ellas de manera efectiva. Pero por otro lado, no lo sabemos”.

Imagen principal: una salamandra cavernícola americana (Eurycea lucifuga). Fotografía de Todd W. Pierson.

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Artículo publicado por Maria Salazar
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