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Cuatro décadas de lecciones comunitarias desde los bosques de Durango

Bosques comunitarios en Durango

Los 76 ejidos y comunidades que forman parte de la Unecofaez son dueñas de cerca de un millón de hectáreas de bosque. Foto: Carlos Zapata, de UDDFI Topia.

  • Hace casi 44 años se fundó la Unión de Ejidos y Comunidades Forestales General Emiliano Zapata (Unecofaez); organización que ha hecho del manejo forestal una herramienta para crear proyectos productivos que benefician a 10 500 familias, además de garantizar la conservación de un millón de hectáreas de bosque en el noroeste de Durango.

Comienza julio y las lluvias se integran al paisaje de Santiago Papasquiaro, en el estado de Durango, al norte de México. Para los habitantes de la región, eso indica que la reforestación anual de sus bosques está por empezar. Este año no será la excepción, pero el trabajo no transcurrirá como antes: el vivero de la Unión de Ejidos y Comunidades Forestales General Emiliano Zapata (Unecofaez) no produjo árboles para la temporada 2020 y las 76 organizaciones que integran esta agrupación tendrán que comprar a viveros particulares las plantas que solían recibir casi sin costo.

El vivero de Unecofaez, que en sus mejores momentos ha llegado a producir un millón y medio de árboles al año, no recibió los fondos que la Comisión Nacional Forestal (Conafor) le otorgaba de manera recurrente y se vio obligado a suspender operaciones.

Para Chea Soto, ingeniera forestal que trabaja en la Unidad de Conservación y Desarrollo Forestal Integral Topia, una de las empresas comunitarias que surgió a partir de la Unecofaez, la situación, aunque difícil, no es insuperable. Durante tres décadas en la región se han implementado acciones para conservar sus recursos forestales, por lo que confía en que se tendrá una buena regeneración natural de los bosques y solo tendrán que adquirir una cantidad mínima de plantas.

Las empresas forestales comunitarias en la región noroeste de Durango trabajan con un enfoque de paisaje, que busca conciliar el aprovechamiento de madera con la conservación del bosque. Foto: Cortesía UCDFI Topia, S.C.

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Pero la problemática del vivero es para José Raquel Ramírez Nevárez, presidente de Unecofaez, una señal de alerta: si los recortes de fondos federales se convierten en una práctica recurrente se afectará el manejo sostenible de casi un millón de hectáreas de bosques, propiedad de los 76 ejidos y comunidades que integran la Unión.

La alerta que existe entre los integrantes de la Unecofaez se intensificó aún más en los últimos meses, cuando la pandemia de COVID-19 provocó que se cayera 80 % la venta de madera. En este difícil contexto, el próximo 20 de agosto, la Unecofaez celebrará 44 años de su nacimiento.

En sus casi 44 años de existencia, la Unecofaez ha consolidado un modelo de gestión forestal del que hoy dependen 10 500 familias —que trabajan fabricando triplay,  atendiendo proyectos de ecoturismo, conservando caminos o en la operación de los criaderos de truchas instalados en los cauces de los ríos— y que ha permitido garantizar la conservación de 970 000 hectáreas de bosques de Durango.

¿Cómo logró la Unecofaez conformar una compleja red de proyectos productivos al tiempo que garantizaba un manejo sustentable de sus bosques?

Bosques de Durango en donde se realiza manejo forestal comunitario desde hace cuatro décadas. Foto: Cortesía UCDFI Topia, S.C.

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La semilla de una organización

A sus 71 años, Andrés Carrera recuerda con precisión los orígenes y la consolidación de la Unión; su historia personal se entrelaza con la de ese movimiento, del que fue protagonista central durante 33 años.

El primer punto de entrecruzamiento lo marca el año de su nacimiento, 1949; el mismo en que el gobierno federal decretó una veda sobre dos millones de hectáreas de bosques en el noroeste de Durango, que incluían los correspondientes al ejido en que transcurrió la infancia de don Andrés: Salto de Camellones.

Crecer en una región cubierta en 87 % por bosques de pinos y sometida a una veda le dejaba solo dos opciones de futuro laboral: trabajar en las minas de la zona o irse “de alambre” (cruzar a Estados Unidos desde Tijuana). A los 19 años, después de probar suerte en la minería, Andrés emprendió el viaje al norte en compañía de su amigo, Alejo Vizcarra Parra.

Andrés Carrera durante una reunión informativa con ejidatarios en Los Altares, en 1988. Foto: Cortesía Andrés Carrera.

Era 1968; apenas unos meses antes, el 11 de noviembre de 1967, se había publicado en el Diario Oficial de la Federación el decreto que ponía fin a la veda en esos bosques y creaba un organismo público descentralizado, Productos Forestales Mexicanos (Proformex), al que le asignaba la exclusividad del aprovechamiento de sus recursos forestales.

Después de varios contratiempos Andrés y Alejo se establecieron en Los Ángeles, California; ahí los despertó un gran sismo el 9 de febrero de 1971. Alejo decidió regresar a México de inmediato; Andrés se quedaría hasta 1972, trabajando como lavaplatos.

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A su regreso a Salto de Camellones, Andrés encontró a Alejo convertido en presidente del comisariado ejidal y activo opositor a la actividad de Proformex. En cinco años de operación la empresa consolidó lo que el doctor Gonzalo Chapela, activista e investigador forestal, califica como un régimen feudal: “era una república dentro de la república, el director vivía en Ciudad de México y viajaba a la zona en avión privado. De él dependía toda la vida de la región: la empresa controlaba no solo el aprovechamiento forestal, también los caminos, la educación, los servicios de salud; incluso el abasto cotidiano, no podía ingresar un refresco sin su autorización”.

La única opción que tenían ejidatarios y comuneros era vender su madera al precio que fijara Proformex o negarse a hacerlo, dejar de recibir ingresos y ver cómo el abandono del bosque iba multiplicando las plagas y la muerte de los árboles: “nosotros nomás veíamos sacar nuestros pinos  y no podíamos trabajar, no podíamos tumbar el árbol, venderlo en rollo y ponerle precio”, recuerda don Andrés.

Para 1972, sin embargo, un hueco legal, el trabajo de capacitación del Fondo Nacional de Fomento Ejidal en la zona y las gestiones de Alejo Vizcarra lograron que el gobernador del estado accediera a la instalación de un aserradero comunitario en Salto de Camellones, a condición de que procesara solo trocería de mala calidad y bajo supervisión permanente de un representante de Proformex.

Cascada en el ejido Salto de Camellones, donde inició el movimiento para formar Unecofaez. Foto: Cortesía Andrés Carrera.

Administrar ese aserradero fue el primer trabajo forestal que tuvo Andrés Carrera: “yo solo tenía mi certificado de sexto año de primaria pero ahí aprendí a cubicar la trocería, para que el encargado de Proformex pudiera hacer la documentación forestal que nos autorizaba a venderla”.

Salto de Camellones consiguió así una mínima autonomía en el aprovechamiento de sus recursos, un logro suficiente para despertar el interés de las comunidades vecinas en un proceso de organización que culminó el 20 de agosto de 1976, con el registro oficial de Unecofaez, que entonces solo agrupaba a 20 ejidos y comunidades.

No se trataba de un proceso aislado. Proformex era una de las paraestatales y empresas privadas a las que se les habían entregado concesiones para explotar los recursos forestales del país. En varios estados, sobre todo Oaxaca, se habían generado movilizaciones sociales para exigir que el aprovechamiento y el mantenimiento de los bosques estuviera en manos de los ejidos y comunidades que eran sus legítimos propietarios.

Desde los años 80, Unecofaez tiene reuniones de delegados cada dos meses; en ellas se abordan la problemáticas forestales de la región y se toman acuerdos sobre obras a realizar y la manera de financiarlas. Foto: Cortesía Andrés Carrera.

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El impulso a la silvicultura comunitaria

La formación de Unecofaez coincide con la llegada del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas a la Subsecretaría Forestal de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos y del ingeniero León Jorge Castaños (actual titular de la Conafor) a la Dirección General de Desarrollo Forestal, justo en 1976.

Como reconoce el doctor Chapela, eso implicó el primer ensayo de una política de la silvicultura comunitaria que buscaba promover el desarrollo de las capacidades organizativas y técnicas que requerían la formación de empresas forestales comunitarias competitivas.

La idea de que solo cuando los bosques fueran administrados por sus habitantes se podría aspirar a su conservación empezó a cobrar fuerza, incluso al interior del Estado mexicano.

Edificio sede de la Unecofaez en Santiago Papasquiaro, inaugurado en 1987. Foto: Cortesía Andrés Carrera.

En 1980, el desempeño de Andrés Carrera en el aserradero lo llevó a convertirse en comisario ejidal de Salto de Camellones, y desde ahí a participar de manera activa al lado de su amigo Alejo en la Unecofaez, de la que se convertiría en presidente en 1983.

Desde esa posición, Andrés Carrera logró convencer a los ejidos que conformaban la Unión para que aportaran a la organización un porcentaje de los ingresos que recibían por la venta de material a Proformex.

Unecofaez inició así una práctica que, de acuerdo con don Andrés, explica la continuidad de la organización: financiar sus iniciativas con recursos que van generando los proyectos impulsados por la propia Unión.

En 1990 Unecofaez había reactivado por completo las instalaciones de la antigua fábrica de triplay de Proformex, ya bajo la razón social Grupo Sezaric. Foto: Cortesía Sezaric.

Informada de manera oficial de ese acuerdo, Proformex se comprometió a depositar en la cuenta de la Unión las cantidades correspondientes y, por tanto, a entregar información sobre la comercialización de la madera. La Unecofaez había conseguido su primer gran triunfo histórico.

El segundo logro, compartido con otras organizaciones, llegaría el 21 de abril de 1986, con la promulgación de una nueva Ley Forestal que daba por terminado el régimen de concesiones y abría la posibilidad para que las comunidades se hicieran cargo de los servicios técnicos y el aprovechamiento de los bosques.

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De ejidatarios a socios de empresas forestales

Con Proformex ya en proceso de desmantelamiento, la Unión detectó que la empresa adeudaba a ejidos y comunidades casi 158 millones de pesos y procedió a exigir su pago. El miércoles 12 agosto de 1986, después de varias negociaciones fallidas, la Unión decidió bloquear los accesos a la planta industrial; cinco días después la empresa reconoció el adeudo y accedió a pagar 50 millones de pesos y establecer un calendario para cubrir el resto. Unecofaez se anotaba un éxito más.

Durante la segunda mitad de la década de los ochenta, la Unecofaez se consolidó, en buena medida, gracias a su participación en la Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas (Unorca). Fue a partir de esos años, cuando los ejidos y comunidades socias compraron la planta de transformación de madera que antes manejaba Proformex y formaron Silvindustria General Emiliano Zapata, Asociación Rural de Interés Colectivo, Grupo Sezaric.

“Desde entonces nos quedamos trabajando libremente”, recuerda don Andrés Carrera, quien en 1993 finalizó su segundo periodo como presidente de Unecofaez. Por reglamento, la asamblea no podía reelegirlo, pero lo nombró presidente del consejo de administración del Grupo Sezaric.

En 1990 la Unecofaez logró que el gobierno federal rentara a 40 de sus agremiados la planta industrial que había operado la paraestaral Proformex; dos años después la adquirieron. Imagen del área donde se realizan los trabajos de descortezado. Foto: Cortesía Grupo Sezaric.

Don Andrés explica la clave que les ha permitido seguir operando: “Lo que nos valió fue la decisión de formar un consejo de administración autónomo, casi desde que tuvimos la oportunidad de adquirir la empresa; definir una división clara de responsabilidades y una organización independiente”.

La administración de Sezaric desarrolló una estrategia empresarial que fue generando tanto utilidades para sus 5000 ejidatarios y comuneros asociados como recursos para seguir creciendo.

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El primer paso fue ser fiel a su lucha inicial y darle a sus asociados la libertad de vender su madera a quien quisieran, pero ofrecer comprársela al precio del mercado (no más barato) y con una cantidad adicional por metro cúbico para beneficio de los ejidatarios. Los recursos generados por la industria comenzaban transferirse de manera evidente a las comunidades.

Gracias a las asesorías técnicas con que contaron desde un principio, Unecofaez y Grupo Sezaric entendieron que si no desarrollaban infraestructura en la región, cualquier avance en la planta industrial tendría alcances limitados.

Por eso, impulsaron un proyecto carretero, formaron siete comités de caminos para dar mantenimiento a las vías de comunicación entre las comunidades, promovieron la instalación y operación de 15 líneas de electrificación en seis municipios y reforzaron el sistema de comunicación por radio entre las comunidades.

Grupo Sezaric ha mantenido un proceso constante de crecimiento y actualización de maquinaria con una estrategia de reinversión de utilidades y acuerdos de créditos y aportaciones de fondos con el gobierno federal y organizaciones internacionales. Foto: Cortesía Grupo Sezaric.

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Otro frente estratégico que decidieron atender de inmediato fue el de los servicios técnicos forestales. Conscientes de que, como lo expresa el doctor Chapela, “la llave del monte es el permiso de aprovechamiento”, y que ese tiene que ser gestionado por un ingeniero forestal, impulsaron la creación de cinco unidades técnicas para el manejo de recursos forestales.

Estas unidades pronto se transformaron en empresas independientes a las que ejidos y comunidades contratan la elaboración de los planes de aprovechamiento forestal para los bosques de sus asociados, pero que han sido clave, además, para un proceso de capacitación de las comunidades en el manejo sustentable del bosque.

Desde 1976, ejidos y comunidades de Durango administran de manera sustentable cerca de un millón de hectárea de bosques. Foto: Cortesía UCDFI Topia, S.C.

 

Con todo este soporte, Grupo Sezaric fue sumando proyectos que añadían valor a la madera: crearon Atym (Aserraderos Tableros y Molduras), para procesar la madera secundaria que no puede aprovechar la fábrica de triplay; fundaron otra empresa dedicada al abastecimiento de trocería y crearon Mudi (fábrica de muebles y dimensionado).

Hoy, el complejo industrial de Grupo Sezarik tiene capacidad para procesar 85 mil metros cúbicos de madera en rollo, y de hacerlo con el mínimo impacto ambiental gracias a una inversión constante en tecnología.

La crisis económica provocada por el COVID-19 hizo evidente, sin embargo, lo que el doctor Chapela considera el gran pendiente de todo ese impulso empresarial: el desarrollo de una estrategia para integrarse al mercado de manera más competitiva y más diversa, con menos dependencia de los grandes intermediarios del mercado de la madera.

La planta de generación de energía con biomasa, inaugurada en las instalaciones de Sezaric noviembre de 2018, es la primera en su tipo instalada en una empresa forestal comunitaria en México. Foto: Cortesía Grupo Sezaric.

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Proyectos comunitarios para quitar presión al bosque

Si a partir de 1993 el trabajo de Andrés Carrera consolidó la dimensión empresarial de la organización; la llegada de Roberto Vidaña a la presidencia de Unecofaez ese mismo año le inyectó a la organización un impulso diversificador en su generación de valor económico y social.

Una vez más, el acompañamiento de los asesores fue clave para que don Roberto desarrollara, durante seis años, proyectos como el establecimiento del vivero, la creación de un colegio de Bachilleres, la formación de la unión de crédito, el impulso de talleres de costura y de mantenimiento de maquinaria a la construcción, así como la integración de empresas ecoturístcas, de procesadoras de frutas y de 16 granjas para la producción de trucha en los cauces de sus ríos. Todo esto con la doble intención de generar empleo y reducir la presión sobre el bosque.

Unecofaez impulsó la creación de cinco Unidades de Conservación y Desarrollo Forestal Integral, que proveen a los integrantes de la Unión los servicios técnicos forestales que garantizan el aprovechamiento sustentable de los bosques. Foto: Cortesía UDDFI Topia.

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Don Roberto realizó dos viajes de estudio a Estados Unidos, a su regreso a Durango llegó con una de las iniciativa que, para entonces, era novedosa: impulsar la certificación de la sustentabilidad del manejo de sus bosques: “Es algo que descubrí en Washington, en las oficinas de la Rainforest Alliance, cuando acá en México no se hablaba todavía de eso, y yo regresé muy entusiasmado con esa idea”, recuerda.

En la actualidad, la mayoría de los ejidos y comunidades miembros de la Unecofaez cuentan con el certificado internacional por el buen manejo de sus bosques, otorgado por el Forest Stewardship Council (FSC).

El doctor Chapela es escéptico sobre los beneficios de la certificación, un proceso que él mismo llegó a impulsar en algún momento. “La certificación ha tenido una parte muy positiva: la elaboración de los planes de manejo, ordenamientos o inventarios que son necesarios para obtener y mantener una certificación internacional, ha hecho que el personal de las comunidades desarrolle una capacidad técnica muy valiosa para lograr un manejo sustentable de los bosques y, sin embargo, esa inversión no ha podido traducirse en mayores ingresos para las comunidades”.

Durante diez días, las cuadrillas de prestadores de servicios técnicos forestales se internan a los bosques para levantar información de campo necesaria para el diseño de los planes de manejo forestal que permiten un aprovechamiento sustentable del bosque y el combate a plagas e incendios. Foto: Cortesía UCDFI Topia, S.C.

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Nuevos retos para el manejo forestal

El 12 de enero de 2020, ejidos y comunidades socias de Unecofaez eligieron a José Raquel Ramírez Nevárez como presidente de la Unión. Durante tres años tendrá ese cargo.

Por la contingencia sanitaria provocada por la pandemia de COVID-19, Ramírez Nevárez tuvo que posponer las visitas a los ejidos y comunidades, así como las reuniones con funcionarios para poder definir la lista de prioridades para el tiempo que durará su gestión al frente de la Unecofaez.

Además, también se tuvieron que cancelar los torneos deportivos, la carrera de cinco y diez kilómetros por Santiago Papasquiaro, así como la asamblea y la comida para celebrar los 44 años de la creación de la Unecofaez.

Lo que los ejidos y comunidades no pueden suspender son los trabajos para conservar sus recursos forestales, como las acciones de prevención de plagas y de incendios. Los años les han enseñado que mantener la salud de sus bosques es la garantía de continuidad de su modelo forestal.

Manejo forestal comunitario en Durango. Foto: Cortesía UCDFI Topia, S.C.

 

Esa continuidad también depende de que en un futuro próximo, la Unecofaez —así como otras organizaciones forestales en el país— logren sortear algunos de los desafíos que la pandemia de COVID-19 hizo aún más visibles. Entre ellos, el que la madera producida por las comunidades forestales pueda comercializarse a un precio justo, en el que se reconozca la labor que se hace para conservar el bosque.

Gustavo García López, investigador portorriqueño que dedicó a la zona forestal de Durango su tesis doctoral, resalta que las imágenes de satélite ofrecen una evidencia incuestionable: cuatro décadas después de que los ejidos y comunidades tomaron en sus manos el manejo de esos territorios, sus bosques gozan de salud.

“Los mexicanos —resalta García— deberían estar bien orgullosos de que la gente de los ejidos hagan un esfuerzo monumental por manejar sus bosques bien y por tener una vida digna asociada al bosque. Eso es algo que no se ve con mucha frecuencia en otras partes.”

*Imagen principal: los 76 ejidos y comunidades que forman parte de la Unecofaez son dueñas de cerca de un millón de hectáreas de bosque. Foto: Carlos Zapata, de UDDFI Topia.

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