- Por primera vez se realizaron estudios de densidad poblacional del jaguar en dos paisajes clave de la Amazonía ecuatoriana.
- En el Parque Nacional Sumaco-Napo-Galeras y su zona de amortiguamiento se registraron diez individuos y en la cordillera del Kutukú-Shaimi, siete.
- La densidad poblacional es baja, comparada con la unidad de conservación Yasuní-Cuyabeno-Pastaza, y esto respondería a causas ecológicas.
- No obstante, todavía no se puede descartar que haya una relación con las actividades humanas: la pérdida de hábitat es una de las mayores amenazas para la especie.
“El jaguar es el rey de la selva, vigila el bosque y es dueño del bosque”, dice Germán Narankas, indígena shuar y técnico de control y vigilancia del primer estudio sobre la densidad poblacional del gran félido americano (Panthera onca) en la cordillera del Kutukú-Shaimi, en el sur de la Amazonía ecuatoriana. A través de cámaras trampa instaladas en los bosques del territorio shuar, se identificaron siete individuos en un área de 486 kilómetros cuadrados.
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Este es uno de los componentes de Paisaje Jaguar, un proyecto que busca la conservación de este animal y que es ejecutado por el Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica (MAATE) y Wildlife Conservation Society (WCS) Ecuador. El estudio también se realizó en las estribaciones orientales de los Andes, en la región amazónica, donde se hallaron diez individuos en un área de más de 700 kilómetros cuadrados.
Las estimaciones de densidad poblacional para estas dos unidades de conservación, con 0.7 y 0.2 jaguares por cada 100 kilómetros cuadrados respectivamente, son bajas si se comparan con la cifra de 1.8 individuos registrada en la unidad Yasuní-Cuyabeno-Pastaza. “Esto no necesariamente está relacionado con los impactos humanos, puede estar relacionado con causas ecológicas”, dice Galo Zapata Ríos, director científico de WCS Ecuador.

El Kutukú Shaimi y las estribaciones orientales de los Andes conforman el borde de distribución de la especie, explica Zapata Ríos. El corazón está en la parte occidental de la Amazonía, en Perú, Colombia y Brasil. Desde el centro hacia afuera, se va reduciendo la densidad poblacional “porque no necesariamente en los bordes va a haber un hábitat óptimo para la especie”, añade.
Sin embargo, se necesitan más estudios ecológicos para entender las causas de la baja densidad poblacional y todavía no se puede descartar que haya una relación con las actividades humanas. El estudio ya identificó que el animal enfrenta la pérdida y fragmentación de su hábitat, provocado por la deforestación, la minería ilegal y el crecimiento de las fronteras agrícola y ganadera. Otras amenazas son los conflictos con comunidades locales, la caza furtiva, la cacería excesiva de sus presas y el tráfico de vida silvestre. Por eso, en la Amazonía ecuatoriana, el jaguar está clasificado En Peligro.
Con base en la información recabada se diseñarán acciones para la conservación. Por lo pronto, el MAATE y WCS presentaron los resultados y reflexionaron sobre la importancia de proteger al jaguar durante talleres en las comunidades donde se realizó el estudio.
Apoyo en las comunidades y la tecnología

En el país existen cuatro unidades de conservación del jaguar, es decir, áreas donde expertos consideran que todavía existen poblaciones saludables, relata Zapata Ríos. A pesar de eso, solo existían estimaciones de densidad poblacional para una sola unidad, la del Yasuní-Cuyabeno-Pastaza. Sobre las otras tres áreas, una de ellas ubicada en la ecorregión del Chocó y las otras dos en la Amazonía, “no sabíamos, la verdad, nada”, dice el experto. “En ese contexto, es super importante haber hecho los muestreos de población”, agrega.
El trabajo empezó con visitas a las comunidades para dar a conocer el proyecto y la metodología que se usaría. Melissa Loayza, técnica de campo del proyecto Paisaje Jaguar, cuenta que el trabajo fue más sencillo en las estribaciones orientales de los Andes, pues ahí trabajaron con los guardaparques y con cinco comunidades que ya tienen experiencia con iniciativas de monitoreo y conservación.
La difícil topografía de la cordillera del Kutukú Shaimi y la falta de conocimiento que las comunidades shuar tenían con este tipo de experiencias retrasó el inicio del monitoreo en este paisaje. Loayza cuenta que las comunidades, muchas veces asediadas por concesiones mineras, minería ilegal y proyectos de carbono, pedían varias reuniones en las que se les explique en detalle qué se realizaría, por cuánto tiempo y cómo funcionarían las cámaras trampa. Finalmente, obtuvieron la autorización y apoyo de 18 comunidades shuar.

Para empezar se hicieron talleres de capacitación sobre la instalación de las cámaras trampa. “Fue excelente, fue la primera vez que participé en un estudio de felinos”, dice Narankas. Ya en el campo, Loayza instalaba una cámara a manera de demostración y los monitores comunitarios colocaban la siguiente.
Estos dispositivos se activan con el movimiento que realiza un animal al pasar frente a ellas. Se instalaron dos cámaras, una frente a la otra, para obtener fotos de ambos costados del animal e identificar a cada individuo con base en sus patrones de manchas únicos. Además, se colocaron perfumes con feromonas que garantizaron que los jaguares se detuvieran a oler y se quedaran el tiempo suficiente para obtener buenas fotografías.
Los dispositivos permanecieron unos cuatro meses y después de eso fueron retirados, también con la ayuda de comuneros y guardaparques. Zapata Ríos explica que hasta hace unos años, una persona tenía que revisar cada foto para identificar a los individuos. En esta ocasión trabajaron con un modelo de reconocimiento llamado Miau ID, de Whiskerbook, un proyecto en construcción que usa inteligencia artificial para la identificación de gatos. La herramienta agiliza el proceso y facilita la identificación de individuos incluso cuando las fotografías no son de buena calidad.
Cazadores reflexionan sobre su actividad

Cuando los técnicos de WCS tuvieron autorización para entrar al territorio shuar, buscaron a conocedores del territorio que actúen como guías en el bosque. “Muchos de los que conocen el territorio son cazadores”, cuenta la técnica de Paisaje Jaguar. La ley ecuatoriana permite que los pueblos indígenas cacen en sus territorios para el autoconsumo. Sin embargo, los seres humanos y los jaguares cazan las mismas especies y tienen a la huangana (Tayassu pecari) como su favorita. La cacería excesiva puede dejar sin alimento al gran félido americano.
Después de cuatro meses de monitoreo y más de 100 cámaras trampa instaladas en los bosques del Kutukú Shaimi, se obtuvieron unas 3835 fotografías. Además del jaguar, se registraron 22 especies de mamíferos, incluyendo el oso andino (Tremarctos ornatus), el puma (Puma concolor) y el tapir amazónico (Tapirus terrestris), clasificados En Peligro, y el oso hormiguero gigante (Myrmecophaga tridactyla), la tigrina norteña (Leopardus tigrinus) y el armadillo gigante (Priodontes maximus), clasificados como Vulnerables.
La primera revisión de imágenes estuvo llena de emotividad, tanto para los niños como para los adultos, relata Loayza. “La gente se quedó sorprendida de que haya eso en el bosque de Kaputna”, afirma Narankas. Este momento motivó a algunos cazadores a reflexionar sobre su actividad y aunque no es algo que podrán abandonar por completo, por motivos culturales y de acceso a recursos, a Loayza le alegra que al menos se haya tocado el tema.

En Kaputna están unos pasos adelante, pues WCS les apoyó en la instalación de proyectos para crianza de pollos y piscicultura, con el objetivo de generar trabajo para las mujeres y disminuir la presión de la cacería sobre el bosque. “Los socios ya no hacen cacería, por eso el felino se acerca”, dice Narankas sobre un avistamiento de huellas hace unos 15 días, en un sendero cercano de la comunidad.
En términos generales, en la cordillera del Kutukú Shaimi, la biomasa de las presas del jaguar es baja, según encontró el estudio. Loayza señala que los jaguares se distribuyen principalmente en las partes altas, pues en las bajas se asientan las comunidades, en donde además hay una gran número de perros domésticos que también compiten con el jaguar por las mismas presas.
El estudio reafirma la importancia de esta zona como un refugio vital para el félido y sus presas, pero también destaca la urgente necesidad de implementar medidas de conservación efectivas para salvaguardar este ecosistema.
Un oportunidad de vinculación comunitaria

Entre septiembre y diciembre de 2024, WCS Ecuador y el MAATE realizaron reuniones con el personal del Parque Nacional Llanganates, el Parque Nacional Sumaco-Napo-Galeras, el Parque Nacional Cayambe Coca y la Reserva Biológica Colonso-Chalupas con el objetivo de identificar ubicaciones estratégicas para la instalación de cámaras trampa. Después, se obtuvo el consentimiento de las comunidades Ávila Viejo, Chuskuyaku, Río Guacamayos, Pacto Sumaco y Payamino para recopilar información sobre las rutas óptimas para la instalación de cámaras.
En enero de 2025 se llevó a cabo un taller sobre el uso de GPS y cámaras trampa, en el que participaron 29 guardaparques. Esta fue una oportunidad para “reafirmar los conocimientos del manejo de estos dispositivos”, dice Augusto Granda, administrador del Parque Nacional Sumaco-Napo-Galeras.
En palabras de Granda, la instalación de cámaras permitió la vinculación con otras áreas protegidas, pero, “lo más importante”, se articularon acciones con las comunidades. Este tipo de actividades ayudan a que los habitantes de la zona conozcan cómo el jaguar interactúa con su entorno, reforzando acciones para disminuir los conflictos gente-fauna. Por ejemplo, los ganaderos aprenden a mantener a sus vacas en perímetros delimitados, lejos de los límites del bosque y, por tanto, fuera del alcance del jaguar.

Se instalaron más de 100 cámaras trampa en puntos estratégicos del Parque Nacional Sumaco-Napo-Galeras y su zona de amortiguamiento. Aunque tanto guardaparques como técnicos de WCS tuvieron que caminar por días y dormir en la selva, el trabajo fue motivante, de acuerdo con Granda. “Estamos contentos de que se valore el trabajo y se reconozca la experiencia de los guardaparques”, añade el presidente de la Asociación de Guardaparques del Ecuador.
Las cámaras permanecieron cuatro meses en los sitios de muestreo y capturaron 27675 fotos. Uno de los 10 jaguares registrados en este paisaje es melánico. Además, se identificaron 33 especies de mamíferos. Entre ellos está el tapir andino (Tapirus pinchaque), clasificado En Peligro Crítico. Otros cuatro están clasificados En Peligro: el oso andino, el puma, el tapir amazónico y el pecarí de labio blanco (Tayassu pecari). Cinco están clasificados como Vulnerables: el oso hormiguero gigante, la oncilla nublada (Leopardus pardinoides), el armadillo gigante, el zorro de orejas cortas (Atelocynus microtis) y el zorro vinagre (Speothos venaticus).
Conocer la densidad poblacional del jaguar en estos paisajes claves es un primer paso para establecer las medidas para su conservación. Granda dice que los guardaparques tienen la expectativa de conocer más sobre la especie, como su comportamiento y el sexo y grupo etario estimado de los individuos registrados. “Tenemos que continuar con este esfuerzo en el que necesariamente van a estar involucrados los guardaparques y la gente de las comunidades”, dice Zapata Ríos, el director científico de WCS Ecuador.
Foto principal: Un monitoreo realizado por Wildlife Conservation Society (WCS) Ecuador en 2024 reveló que hay solo 0,5 jaguares por cada 100 km² en la costa ecuatoriana. Foto: Cortesía WCS Ecuador