- La producción de carne de vacuno contribuye a numerosas crisis mundiales, desde el cambio climático hasta la destrucción del hábitat y la pérdida de biodiversidad.
- Las grandes ONG que promueven la conservación han trabajado fervientemente para combatir estas crisis y muchas también tienen programas para fomentar prácticas ganaderas más sostenibles.
- Los defensores de la “ganadería regenerativa” y otros enfoques similares que involucran el pastoreo rotativo y otras estrategias dicen que estas prácticas tienen beneficios para conservar los hábitats de los pastizales, fomentar la diversidad de aves, la vida silvestre y pastos que viven en estas fincas ganaderas y capturar dióxido de carbono en sus suelos.
- Sin embargo, muchos ecologistas también sostienen que el mundo debe reducir la cantidad de ganado vacuno en el planeta y encontrar otras fuentes de proteínas.
Cuando la sequía se convirtió en un visitante perenne del Beatty Canyon Ranch, en Colorado, a fines de la década de 1990, Steve Wooten recuerda haberle dicho a su familia: “Tenemos que hacer algo distinto”.
Entre 1997 y 2003, los Wooten, que han criado ganado vacuno en este paisaje árido desde 1929, tuvieron que vender vacas, un último recurso para cualquier ganadero. Steve Wooten calcula que perdieron medio millón de dólares.
“No quiero volver a hacer eso nunca más”, le dice a Mongabay. “Consideramos que algo que debemos hacer es generar resiliencia en la finca ganadera para que la sequía no nos destruya”.
En esa época, la familia “tomó más en serio” la lucha contra la sequía, y eso ayudó a que la finca ganadera siguiera adelante. Planificaron para dar lugar a la recuperación de los pastos, de modo que resuciten cuando llegan las lluvias, dice Wooten. Y han apostado por una estrategia que ya habían probado anteriormente, una que pretende imitar el papel que desempeñaron los animales salvajes de pastoreo en las praderas de América del Norte durante millones de años.
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Los defensores dicen que centrarse en el pastoreo holístico ayuda a la tierra a recuperarse, proporciona hábitat para otras especies y extrae dióxido de carbono de la atmósfera. Para Wooten, la prueba está en los pastos que resurgen y alimentan al ganado vacuno año tras año.
“No me atrevería a decir que siempre estamos en equilibrio, porque somos extractores de ese recurso natural”, agrega. “Pero si su ganado está en equilibrio y usted satisface sus necesidades de forraje… va a lograr un buen nivel de resiliencia y regeneración”.
Las organizaciones de conservación —los mismos grupos que trabajan para identificar, rastrear y abordar las amenazas medioambientales a la vida en la Tierra— han aprovechado este aspecto “regenerativo”.
“Los ecologistas lo llaman la triple crisis: biodiversidad, clima y pandemias”, afirma Jeremy Radachowsky, director para Mesoamérica y el Caribe Occidental de la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre. “El ganado vacuno está en el meollo de todas esas cosas”.
El gusto de la humanidad por la carne vacuna tiene un costo enorme, posiblemente mayor que el de casi cualquier otro sector: la ganadería ha desplazado millones de hectáreas de selva tropical este siglo, particularmente en la Amazonía, donde es responsable del 80 % de la deforestación, de acuerdo con un estudio de 2008.
La pérdida de bosques aporta enormes cantidades de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera y produce enormes disminuciones en la biodiversidad. De hecho, la producción ganadera en general ha sido catalogada como la mayor amenaza a la biodiversidad a nivel mundial. Y el propio ganado vacuno emite óxido nitroso y metano, gases de efecto invernadero que atrapan el calor con mayor potencia que el CO2.
“Todavía me sorprende que las organizaciones de conservación no le presten más atención a esto”, dice Chris Jordan, director para América Latina de Re:wild, con sede en Estados Unidos. “La industria animal [agrícola] es una de las industrias más subsidiadas del planeta. Empresas como JBS [el procesador de carne brasileño] ganan muchísimo dinero. Entonces, ¿por qué utilizamos el poco dinero que existe para la biodiversidad para subsidiar aún más a estas industrias?”.
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Además de sus otras labores, grupos como WWF, The Nature Conservancy y la Sociedad Nacional Audubon han invertido en programas para apoyar la ganadería regenerativa, promocionándola como parte de la solución a los problemas causados, en cierta medida, por la producción de carne vacuna.

Conservación regenerativa
Los defensores de la ganadería regenerativa a menudo argumentan que los pastizales evolucionaron conjuntamente con la presencia de animales de pastoreo y que siguen dependiendo de ellos.
“El pastoreo no solo es compatible con las tierras de pastoreo que existen en la mayor parte de América del Norte. Es necesario”, afirma Rob Manes, codirector de la estrategia de pastoreo regenerativo de TNC. “La mayoría de nuestros pastizales evolucionaron bajo la presión del pastoreo”.
De hecho, en todo el oeste de Estados Unidos, los herbívoros de gran tamaño, como el bisonte (Bison bison), removían el suelo con sus pezuñas mientras se desplazaban por el paisaje, permitiendo que el agua y el aire llegaran a los sistemas de raíces de las gramíneas perennes. Sus depósitos de orina y estiércol proporcionaban nutrientes clave necesarios para la salud de las plantas. Y mientras pastaban, directamente sobre el terreno, creaban la clase de irregularidad en los ecosistemas que sostiene la biodiversidad local.
“Se logra este mosaico de vegetación y hábitat en todo el lugar”, dice Chris Wilson, director del programa de la iniciativa de ganadería de conservación de Audubon. “Así que, ya seas un chingolo saltamontes, un chingolo de Henslow o una alondra cornuda, puedes encontrar tu tipo de hábitat en algún lugar”.
Manes señala que el “pastoreo de perturbación” también ayuda a limitar la gravedad de los incendios, manteniendo bajo control las especies de plantas leñosas que proporcionan combustible más sustancial.
Los beneficios de los animales de pastoreo también se pueden medir en los pastos mismos, explica a Mongabay Pablo Modernel, agrónomo de la empresa de alimentos FrieslandCampina, con sede en los Países Bajos. Alrededor del 60 % de su país de origen, Uruguay, aún posee pastizales nativos, dice, donde “la diversidad de especies de gramíneas es bastante única”, lo que constituye un indicador de la salud del sistema.
Estos paisajes han evolucionado con el ganado vacuno durante los últimos cuatro siglos, desde su introducción en la tierra por los españoles, explica Modernel.
Por supuesto, mucho antes de que el ganado vacuno domesticado llegara a las praderas nativas, otros animales de pastoreo cumplían esa función, ya sea en las pampas de América del Sur o en las praderas de América del Norte.

“Sería maravilloso si los bisontes todavía existieran, y tuviéramos 80 millones de bisontes en 500 millones de acres [200 millones de hectáreas]”, dice Wilson. “Pero hoy tenemos ganado vacuno, y el ganado se puede usar de maneras que imitan estrechamente al bisonte”.
Para lograr ese objetivo es necesario involucrar a los ganaderos, añade: “Tenemos que trabajar con los administradores de esos pastizales”.
Ese trabajo requiere implementar nuevos procesos y ajustar otros, porque la realidad es que el pastoreo de ganado vacuno a menudo ha sido bastante diferente de lo que ocurría en el pasado.
“El pastoreo excesivo fue casi la norma en muchos estados del oeste [de Estados Unidos] durante mucho tiempo”, afirma Wilson. “Ese tipo de pastoreo es absolutamente incompatible”.
El pastoreo excesivo en una zona específica puede dificultar la recuperación de los pastos, especialmente en épocas de sequía. Puede ocasionar el ingreso de plantas invasoras, entre ellas aquellas que suponen peligro de incendio. Asimismo, disminuye la capacidad del suelo para retener el dióxido de carbono.
“Muchas veces, cuando vemos un paisaje degradado, esos procesos se ven comprometidos”, afirma Jeff Goodwin, director del Centro de Gestión de Tierras de Pastoreo y Ranchos de la Texas A&M University. Explica que un enfoque general podría ser pastar intensamente un área particular durante un corto periodo de tiempo y luego trasladar el ganado, incluso varias veces al día.
“Logramos una distribución más uniforme de la orina y las heces, lo que favorece el ciclo de nutrientes”, afirma Goodwin. El pastoreo rotacional también permite que los pastos tengan tiempo para descansar, agrega.
Investigadores como Modernel y ganaderos como Wooten recurren al trabajo de Allan Savory, un agricultor y político zimbabuense, cuyas enseñanzas ahora están codificadas en programas educativos impartidos por el Instituto Savory. El instituto defiende la “gestión holística”, con el objetivo de replicar los procesos naturales.
Por su parte, TNC tiene como objetivo mejorar la gestión de alrededor de un tercio de las tierras de pastoreo en los Estados Unidos (aproximadamente 97 millones de hectáreas) para 2030, como una forma de impulsar el hábitat de pastizales, el almacenamiento de carbono, la calidad del agua y las economías locales.

Manes señala que el objetivo coincide con la meta establecida por la U.S. Roundtable for Sustainable Beef de tener planes de gestión escritos para 156 millones de hectáreas para 2050. Tanto Manes como Wooten forman parte de la junta directiva de la organización.
Los planes escritos apuntan a aumentar la sustentabilidad de las fincas ganaderas, dice Wooten, y la idea es llegar a un área aún más grande, donde ese trabajo podría ser más difícil, después de mediados de siglo.
“Al principio es fácil conseguir lo que está más a mano”, agrega. “Luego hay que salir a trabajar de verdad”.
Los productos de carne vacuna de las fincas ganaderas que cumplen con los requisitos de certificación de Audubon llevan una etiqueta que indica que el ganado fue criado en “tierras amables con las aves”.
“Ver el sello de certificación es una señal clara para los consumidores de que la carne de vacuno que compran realmente beneficia a las aves y los ecosistemas de pastizales”, dice Wilson. La organización certificó recientemente la red Thousand Hills Lifetime Grazed, que abarca 243 000 hectáreas de tierra en Estados Unidos, lo que eleva el total de pastizales cubiertos por el programa a 1.2 millones de hectáreas.
En todo el espectro de opiniones sobre la ganadería regenerativa, casi todos coinciden en que criar ganado vacuno en pastizales nativos tiene mucho más sentido que talar bosques para crear pasturas.
“En este momento no hay lugar en el mundo para reemplazar bosques con ganado vacuno”, dice Radachowsky. Sin embargo, esto sigue ocurriendo para satisfacer la creciente demanda de carne de vacuno.
“En un momento en el que enfrentamos crisis existenciales mundiales, y tenemos una causa, una fuente de producción de alimentos que es responsable de buena parte de todas esas crisis, creo que la única solución práctica es tratar de reducir ese problema”, dice Radachowsky. “Hay muchísimas alternativas. Básicamente, cualquier otra cosa. Cualquier otra cosa es mejor que el ganado vacuno”.


¿Se le da perpetuidad a un problema?
A pesar de los supuestos beneficios que pueden aportar los animales de pastoreo, muchas personas siguen escépticas sobre el enfoque —en particular de las organizaciones de conservación— en el pastoreo regenerativo, cuando el ganado vacuno está en el centro de tantos problemas medioambientales.
Se espera que la demanda de carne de vacuno, y de carne en general, aumente considerablemente de aquí a 2050. Es probable que Estados Unidos represente más de una quinta parte de la demanda en 2025, la mayor de cualquier país. Sin embargo, es probable que en el futuro también se vaya incrementando en los países menos industrializados y de ingresos medios a medida que sus ciudadanos se vuelvan más prósperos.
“El mundo no puede sobrevivir con el mismo consumo de carne de vacuno que Estados Unidos”, afirma Matthew Selinske, científico social especializado en conservación de la consultora medioambiental Mosaic Insights, con sede en Australia.
Por un lado, el pastoreo regenerativo podría considerarse parte de la solución, porque ofrece una forma de producir carne de vacuno que no depende de la destrucción de los bosques. Hay quienes sostienen que es posible realizar mejoras en la industria ganadera estadounidense, aunque representen un desafío.
No obstante, por otro lado, el ganado vacuno produce emisiones significativas tanto de CO2 como de metano y, en realidad, el ganado vacuno alimentado con pasto produce cantidades superiores a las que produce el criado en las explotaciones de engorde. Además, las explotaciones de engorde permiten una mayor producción de carne en áreas de tierra más pequeñas. Sin embargo, para la mayoría de las organizaciones de conservación, son un fracaso, dice Jordan de Re:wild.
“La forma más eficiente de criar vacas, en lo que respecta al uso de la tierra, es en los establecimientos ganaderos de engorde, entonces ¿por qué no se los promueve?”, le dice Jordan a Mongabay. “La respuesta es que es desagradable, ¿verdad?”.
La idea de que el ganado vacuno pase su corta vida hacinado y tragando barro parece que resulta demasiado difícil de aceptar. Además, todavía se requieren grandes extensiones de tierra para producir el alimento altamente concentrado con el que se engorda a esos animales lo más rápido posible.
Hoy, sin embargo, la elección no se reduce a criar ganado vacuno en establecimientos de engorde o en tierras de pastoreo (o a una vía intermedia hacia el mercado que combine ambas, como sucede con muchas vacas). En lugar de eso, podríamos comer otra cosa.
Si bien todas las formas de ganadería conllevan problemas, en la mayoría de las comparaciones con la carne de vacuno son inferiores en cuanto al impacto sobre el clima, el agua y la biodiversidad, señala Radachowsky. Por ejemplo, otras dos opciones populares —pollo y cerdo— producen un impacto ecológico mucho menor, aunque conllevan preocupaciones de bienestar similares.

Y abandonar por completo el consumo de carne podría conducir a ganancias aún mayores.
“Actualmente vivimos con una densidad de población de ganado vacuno en este planeta como nunca antes, y es la forma más ineficiente de producir proteínas para los humanos”, afirma Radachowsky. “Estamos alimentando al ganado con lo que debería ser nuestro alimento y, en el proceso, perdemos la mayor parte de esa nutrición y energía”.
Los beneficios de una reducción en la cantidad de ganado vacuno podrían conducir a lo que Radachowsky llama un “efecto doblemente positivo”.
“Están todos los impactos del uso de la tierra, por supuesto, todo el dióxido de carbono del que todo el mundo habla”, afirma. “Pero el metano… desde una perspectiva climática, tiene una cronología diferente. Básicamente, estamos en una crisis climática y el metano produce un impacto mucho mayor en el corto plazo”.
Las proteínas alternativas también podrían compartir cada vez más la carga, según los defensores. Un objetivo es implementar células vegetales o una fermentación que “se vea, se cocine y tenga un sabor” como la carne de origen animal, dice Daniel Gertner, analista económico e industrial líder del Good Food Institute (GFI), un grupo de expertos sin fines de lucro con sede en Estados Unidos.
“Con las proteínas alternativas no se pretende decir a los consumidores lo que no pueden o no deben comer”, afirma. “Tenemos que llegar a un punto de encuentro”.
Dice que los productores de proteínas alternativas han logrado avances “notables” a la hora de igualar el sabor y el precio de la carne. Empresas como Beyond Meat, Impossible Foods y MorningStar Farms han sido líderes en este espacio.
GFI también ha estado rastreando la energía requerida para las proteínas alternativas, que ha sido una preocupación. En un análisis de 2023, los investigadores descubrieron que la carne cultivada producida con energía renovable genera menores emisiones de gases de efecto invernadero que la producción tradicional de carne de vacuno o de cerdo, y aproximadamente iguales a la de pollo.
Gertner afirma que la creciente demanda mundial es un motivo de peso para invertir en proteínas alternativas. A medida que aumentan los ingresos, imagina un mundo en el que la carne tradicional desempeña una función inferior en la demanda global.
“Así como algunos países nunca tuvieron teléfonos fijos, tal vez podamos recurrir directamente a las proteínas alternativas”, afirma.
Los resultados podrían ser asombrosos: sustituir solo el 20 % del consumo de carne de “rumiante” (que incluye cabras y ovejas, pero está dominado por el ganado vacuno) por proteínas alternativas podría reducir la deforestación a la mitad para mediados de siglo, según un estudio de 2022 publicado en la revista Nature.

El futuro de la carne vacuna
Con lo que sabemos sobre la carne de vacuno y su impacto en nuestro planeta, ¿qué le espera a la vaca (o, mejor dicho, a la relación de la humanidad con ella)?
“Lo bueno es que prácticamente cualquier cosa que hagamos es mejor, ¿cierto?”, dice Radachowsky en referencia a los cambios necesarios para abordar ese impacto.
Sin embargo, hay quienes consideran que la respuesta radica en llevar la producción de ganado vacuno a los pastizales en la mayor medida de lo posible, si no se la elimina en su totalidad.
“Tenemos que acoger ese sistema y descubrir cómo hacer que ese sistema sea compatible con la conservación de pastizales, que es absolutamente posible”, dice Wilson de Audubon. “Eliminar un animal de pastura clave, donde la pastura ha sido un proceso esencial para toda la existencia de ese ecosistema de pastizales, no es la solución al problema”.
Tampoco es probable que dé lugar a la protección de paisajes, dice. Uno de los beneficios que promueven quienes respaldan la ganadería regenerativa es que evita que la tierra se transforme en cultivos en surcos, que no tiene los beneficios para la biodiversidad de los pastizales y conduce a la liberación de dióxido de carbono de los suelos cuando se los ara anualmente.
“Si no hubiera mercado de ganado vacuno y si no hubiera mercado de carne de vacuno, estos lugares no se convertirían simplemente en reservas naturales”, agrega Wilson.
Alrededor del mundo, el ganado vacuno también sirve como medio de sustento de las personas en algunos de los medioambientes más severos del mundo, desde el Sahel africano hasta las estepas de Asia Central.
“Una vaca es una forma asombrosa de almacenar riqueza y tener acceso a proteína”, dice Selinske de Mosaic Insights.
La cría de ganado también es un medio de vida que puede arraigarse en la cultura de una sociedad, hasta el punto de que abordar los problemas que conlleva pueda parecer abrumador, si no imposible.
Las generaciones quinta y sexta de la familia Wooten viven en Beatty Canyon Ranch ahora, y Steve Wooten dice que cree que las generaciones futuras seguirán con las actividades ganaderas en las llanuras de Colorado. No obstante, al mismo tiempo, sabe que los ganaderos deben participar activamente en el abordaje de desafíos como el cambio climático.
“Ya sea que consideremos que el cambio climático es una crisis existencial o no, es un problema de nuestra época reconocer que estamos todos juntos en esto y que ninguno de nosotros puede pararse y decir: ‘No voy a participar’”, dice.
Y la urgencia es real, dice Radachowsky. “Estamos superando la capacidad de carga en términos de clima, en términos de uso del suelo”.
“Creo que es algo de lo que tenemos que hablar. Quizás sea la única salida para la humanidad en este momento”, agrega. “Para mí, es simplemente ridículo que la gente hable de esto como si fuera imposible, solo porque es tradición o demasiado difícil o porque la gente está demasiado acostumbrada. Nuestra supervivencia depende de esto”.
Imagen principal: una finca ganadera regenerativa en Texas, Estamos Unidos. Foto: AP / David Goldman
John Cannon es periodista de reportajes de plantilla de Mongabay. Encuéntrelo en Bluesky y LinkedIn.
Referencias:
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