Este recorrido forma parte del mapeo territorial que realizan los waoranis del Pastaza desde hace tres años, con el objetivo de demostrarle al gobierno ecuatoriano que vale la pena conservar el territorio en el que viven. “Lo único que queremos es que vean cómo somos y que nos dejen vivir tal cual somos”, dijo Awane Ahua, una de las pikenani (o abuela sabia en su lengua).

Este mapeo territorial ha sido promovido por la  Fundación Alianza Ceibo, conformada por indígenas de los pueblos Siekopai, Siona, Cofán y Waorani, que se desarrolla en doce comunidades de esta última nacionalidad, enclavadas en el Bloque petrolero 22. “Nosotros tenemos suficiente riqueza, tenemos suficiente con todo lo que ves a tu alrededor. Nosotros no somos pobres, somos ricos en recursos y no es necesario que nadie venga a construir porque ya está construido y eso nos basta”, aseguró Awane.

A lo largo de tres años, los líderes indígenas de Alianza Ceibo, con el soporte técnico de la ONG Amazon Frontlines, han ido reuniendo en un mapa cada uno de sus hallazgos. Han utilizado distintas figuras de animales para marcar, por ejemplo, en qué parte de su territorio viven o acuden para alimentarse los jaguares, pumas, tigrillos, ocelotes, tapires; además de identificar caminos que atraviesan el mapa. Y es en esos puntos donde han ido colocando cámaras trampa para identificarlos, respetando una distancia mínima de 200 metros entre un punto y otro. Contar con evidencia es esencial para este proyecto. 

“Creo que es importante herramienta para que podamos explicar qué tenemos dentro de la comunidad, dentro del territorio”, explica Nemonte Nequimo, mujer waorani que sueña con ver el resultado del mapeo pegado en la escuelita de cada comunidad. “Porque cada vez que yo veo una escuela, solo está pegado mapa del Ecuador, vacío nomás y no habla de animales, pájaros, plantas”.

 

 

Los waoranis ya han cubierto doce comunidades, 180 000 hectáreas y han identificado 1832 rutas entre ríos, quebradas, caminos de cacería y trochas que están en su imaginario y sirven para conectar sus comunidades a través de la selva. Además han registrado 235 zonas que pueden incluir ecosistemas sensibles, zonas de plantas medicinales, maderables, frutales, zonas de de pesca y cacería, como las ‘saladeras’, que es como llaman los waos a los lugares donde se acumulan animales chicos y grandes para beber agua salada que brota de la tierra.

Son 9300 puntos georeferenciados que se han marcado bajo la guía de los pikenanis de ambos géneros, ya que esa diferencia determina sus destrezas. “Los hombres saben de árboles, bejucos y venenos; las mujeres de medicinas y recolección de frutas”, comenta uno de los coordinadores del proyecto e integrante de la etnia wao, Camilo Guamone. “Los guías sabios siempre acompañan a los técnicos locales. Ellos dicen: ‘Esto es importante’, y nosotros tomamos nota”, precisa.

Los waoranis han sido capacitados, para la elaboración del mapeo, en el uso de herramientas como GPS, softwares o programas de computadora, y cámaras trampa sensibles al movimiento para registrar los hallazgos. Mitchel Anderson de Amazon Frontlines explicó que se instalaron entre 3 y 5 cámaras trampas en cada una de las 12 comunidades Waos en las que se hizo el mapeo, y que esas cámaras se quedaron instaladas entre tres y cuatro meses en el mismo sitio. “Estamos hablando de al menos 60 sitios que han tenido las cámaras puestas”, dijo Anderson. Estos cinco videos muestran la vida silvestre con la que conviven los waoranis del Pastaza.

1.Perro de monte (Speothos venaticus)

2.Jaguar (Panthera onca)

 

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3.Tigrillo (Leopardus tigrinus)

4.Trompetero alagrís (Psophia crepitans)

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5.Tres especies de animales devoran la corteza de un árbol

 

 

Artículo publicado por alexa
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