- En 2024, Perú alcanzó un récord de pérdida de bosques por incendios forestales, llegando casi a las 50 000 hectáreas en la Amazonía, el doble que el año anterior, y expertos advierten que este año los incendios también serán de grandes proporciones.
- El escenario obliga a los pueblos indígenas a tomar medidas, algunas con éxito.
- La Central de Ashaninka del Río Ene (CARE), organización que agrupa a 45 comunidades en la selva central de Perú, ha reducido en un 81 % los incendios forestales en los últimos tres años.
- Comunidades del río Tigre, en el norte amazónico del país, solicitan apoyo a la municipalidad local de Alto Trapiche para limpiar los ríos y poder desplazarse ante un incendio de grandes proporciones.
Una llamada telefónica alertó a Saúl Vega. Eran las 3 de la tarde del 19 de octubre de 2024. Parecía un día normal de reuniones en la Central Asháninka del Río Ene (CARE), en la selva central de Perú, pero la noticia de la reactivación de un incendio forestal en la comunidad Tziquireni, en el distrito de Río Tambo, alertó a los líderes indígenas.
En los días previos, del 19 al 28 de septiembre, los Comité Forestal y de Fauna Silvestre de la zona baja del río Ene habían luchado durante 10 días para apagar el incendio en la comunidad. Esta vez, el fuego parecía más feroz, al punto que los pobladores indígenas tuvieron que recibir apoyo del Ejército para controlar el incendio.
“Fue el incendio más largo que tuvimos, 16 días trabajamos para apagarlo entre el primer foco y la reactivación. En total se quemaron 145 hectáreas de bosque”, contó a Mongabay Latam el Jenry Dany Leon, coordinador del Sistema de Alerta Temprana (SAT-CARE). Sin embargo, no fue el más devastador. La comunidad Saniveni, ubicada en el distrito de Mazamari, perdió 340 hectáreas de bosque en apenas 5 días en octubre de 2024.
En la selva central, donde se ubica la organización indígena CARE, se registran grandes incendios forestales desde 2016, como lo documentó Mongabay Latam. El Parque Nacional Otishi y la Reserva Comunal Asháninka también estuvieron en riesgo ante estos incendios, al ser colindantes a las comunidades de CARE.
Ante el avance del fuego, desde 2023, los habitantes indígenas implementaron un Sistema de Alerta Temprana para detectar focos de calor o recibir reportes de incendios. “Este sistema nos permite registrar los incendios con reportes de comuneros o nosotros mismos identificándolos a través del monitoreo satelital”, dijo Henry Danny León.
Reducción de incendios
En los últimos tres años se han reducido los incendios en el territorio asháninka de CARE, afirma Saúl Vega, vicepresidente de la organización. Pasaron de 25 incendios forestales, con 2648 hectáreas perdidas en 2023, a 11 incendios, con la quema de 492 hectáreas en 2024. Y en lo que va del año no se ha registrado ningún incendio aún en la selva central, cuando un año atrás ya se habían producido cuatro incendios.

“Los datos nos dicen que hemos reducido en un 81 % los incendios en 2024 pese a que fue el año más devastador para Perú”, indicó el líder indígena. El año pasado solo la Amazonía peruana perdió 47 574 hectáreas de bosques debido al fuego, duplicando las 20 042 hectáreas de 2023, según el reporte Deforestación e Incendios en la Amazonía 2024.
Para conseguir la reducción de los incendios, la organización realiza anualmente siete capacitaciones sobre control y mitigación de incendios, técnicas adecuadas para el uso del fuego en el caso de quemas de residuos de cultivos y sobre la aplicación de la Ley Forestal en el país.
Además, en cada comunidad cuentan con Comités Forestales y de Fauna Silvestre conformado por siete guías, quienes dirigen entre 30 y 40 hombres por comunidad para controlar un incendio.
CARE es una de las pocas organizaciones indígenas que trabaja en la capacitación y equipa a sus comunidades con herramientas, mochilas a presión y equipos para que estén listos ante un foco de fuego en la selva.

Reclaman políticas públicas
“La principal causa de los incendios forestales es humana, debido a la quema que se realiza para fines agropecuarios, para limpiar el terreno, para cultivos”, señala Luis Zari, coordinador de gestión de proyectos en el Programa de Bosques y Servicios Ecosistémicos de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA). Sin embargo, también advierte que las sequías y las olas de calor intensifican el riesgo de incendios.
Si bien, hasta el momento, la mayor cantidad de incendios fueron a consecuencia de quemas incidentales, un informe de SPDA sobre los incendios ocurridos en Perú en 2024 indica que “las dinámicas detrás del fuego son diversas y no deben analizarse de forma simplificada y buscar culpables en las personas más vulnerables, dejando de lado razones más complejas e institucionales”, ya que “pueden existir también economías delictivas como el acaparamiento de tierras”.
Una de las críticas más cuestionables al manejo de los incendios es que en Perú está prohibido el uso del fuego para el manejo agrícola, pese a que es una práctica ancestral. Para algunos expertos, lo ideal sería que estas quemas se realicen de forma controlada y no clandestina.

“Al no existir un regulación concreta sobre el uso y manejo del fuego no se permite que existan reglas claras para su uso y se promuevan técnicas de cuidado”, explica Luis Zari, al indicar que este vacío legal es muy peligroso. Debido al cambio climático, la condición de humedad de la Amazonía se está reduciendo y la sequía avanza, provocando un escenario más propicio para la expansión del fuego.
El especialista también señaló que otro de los vacíos legales es que aún no se considera la muerte o heridas graves de animales silvestres durante un incendio forestal como crueldad contra los animales, pese a que muchas especies pierden la vida cuando ocurren estos hechos y los que sobreviven sufren mucho para recuperarse y no pueden volver a su hábitat natural.
Trabajo articulado
“Para detener el incendio, formamos una franja de tierra y así evitamos que el fuego pase a otros lugares. Eso lo hicimos con palas y picos entre todos los hombres y mujeres de la comunidad”, cuenta Delcio Bachiche, líder de la comunidad Nuestra Señora de Fátima, ubicada en el río Tigre, en la región de Loreto, al norte de Perú.

Esta comunidad enfrentó tres incendios forestales el año pasado, en los que perdieron 30 hectáreas de cultivos y bosque de las 9235 hectáreas que tienen en total en el distrito de Alto Tapiche, en la provincia de Requena. Los indígenas del pueblo Kapanawa tienen un comité de autodefensa que ante la emergencia se organizó para detener el avance del fuego.
La comunidad se encuentra aislada en este momento debido al bajó caudal del río Tigre y las embarcaciones no pueden transitar con normalidad por los palos y maleza en el agua. “Si se prendiera un incendio de grandes proporciones, no podríamos huir por el río ni usar el agua del río porque no hay forma de ingresar”, explicó Delcio Bachiche.
El líder solicitó el apoyo de la Municipalidad Distrital del Alto Tapiche para limpiar un kilómetro del río, pero no tiene respuesta hasta ahora. “Nosotros estamos organizados para atender un incendio, pero no contamos con herramientas para ello. Es urgente que las autoridades locales se involucren con las comunidades”, agregó.

Para Luis Zari si no existe un trabajo articulado entre las autoridades locales -municipalidades distritales y provinciales- y las comunidades, no se podrá realizar el adecuado control y mitigación de los incendios forestales y se repetirán las cifras alarmantes de pérdida de bosque de 2024.
Imagen principal: en Perú, los incendios forestales alcanzaron su pico más alto en 2024, arrasando con cerca de 50 000 hectáreas en la Amazonía, de acuerdo con cifras del programa Maap. Foto: cortesía Serfor