En este reality de la biodiversidad, la primera temporada durará alrededor de ocho meses, el tiempo que tarda en acabarse la batería de los transmisores que envían una señal a un satélite cada vez que la aleta de los delfines sale del agua.

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Aletas a la vista

 

A bordo de una embarcación grande y armados con binoculares, redes y peque peques (canoa tradicional), el equipo de expedicionarios salió en busca de los ocho delfines rosados. Se distribuyeron adelante, atrás y hacia los lados para cubrir todo el perímetro y no dejar que una sola aleta se escape de su campo visual.

La participación de los pescadores de las comunidades fue clave sobre todo en la zona del Nucuray. Ellos desplegaron una estrategia para poder atrapar a los escurridizos delfines y luego darle paso a los científicos para realizar el muestreo e instalar en cada uno de ellos los transmisores satelitales.

 

 

“Trabajamos en el último sitio (Nucuray) con pescadores, porque si bien ellos no cazan delfines, saben cómo podríamos capturarlos. Pro Delphinus lideró las actividades en ambos sitios y en un día capturamos cuatro delfines en el Huallaga y cuatro en Pacaya”, explicó Mena.

Esta es la primera vez que se marcan delfines rosados en el Perú y es un paso importante para conocer mejor a una especie que figura con Data Deficiente en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

 

 

Joanna Alfaro, presidenta desde hace más de 20 años de Pro Delphinus, organización que trabaja para la conservación de fauna acuática amenazada y en peligro de extinción, explica que lo que buscan es generar más información sobre esta especie, estimar su abundancia y monitorear sus actividades.

“Luego de haber trabajado en el tema por años, haciendo desde encuestas a pie para levantar información de línea base en algunas zonas, el usar esta tecnología (marcas en los delfines) nos permitirá responder en forma más eficiente —dinero, tiempo, logística— a preguntas de uso de hábitat, diseño de reservas, movimiento, que nos tomaría muchos años en poder responder con métodos básicos”, explicó la bióloga.

El despliegue para marcar cada uno de los delfines, sobre todo en el río Nucaray, en la zona donde convergen los ríos Huallaga y Marañón, demandó del trabajo de los diez integrantes de la expedición —entre biólogos, veterinarios y geógrafos— más un número similar de pescadores.

 

 

Montados en los peque peques, con los motores apagados, los pescadores fueron tendiendo lentamente una red hasta establecer un primer cerco. Luego otro grupo colocó una segunda red dentro de esta para poder capturar a los cuatro individuos.

Lo más complicado: extraer las muestras y colocar las marcas en veinte minutos. Ni un minuto más. De ello dependía la vida de cada de uno de los delfines. Por eso en la expedición se decidió sumar a dos veterinarios para controlar el estado de salud de cada animal.

“Sacas a los delfines, los llevas a la playa, los mantienes húmedos y hay que trabajar rapidísimo. Pesarlo, medirlo, identificar el sexo, sacar muestras del tejido del animal para conocer de su alimentación y la red trófica, sacar sangre y luego colocar el tag (la marca)”, explica Mena, con la tranquilidad de haber logrado su objetivo sin poner en riesgo la vida de los ocho cetáceos.

La escena llamó la atención de los habitantes de la zona. Por un momento un rincón de la Amazonía de Loreto se convirtió en un quirófano. Cada delfín rosado fue sacado del agua y trasladado hasta la orilla en una pequeña camilla cargada por cuatro personas. En cuanto el animal fue colocado sobre una tela empezó a correr el tiempo. Mientras los biólogos iban extrayendo las muestras con mucho cuidado, los veterinarios armados con estetoscopios medían el ritmo cardíaco y otra persona iba mojando el lomo del delfín. Durante toda la operación, colocaron una toalla en los ojos del cetáceo para reducir los niveles de estrés. Pocos minutos antes de que venciera el plazo, el paciente fue devuelto en la misma camilla al río y lo que siguieron fueron aplausos de todo el equipo. “Majaz” acababa de ser marcado y devuelto a su hábitat.

 

 

Le preguntamos a Elizabeth Campbell, una de las biólogas de Pro Delphinus, sobre el tipo de datos que buscan recabar y explicó en una entrevista con Mongabay Latam que quieren “recolectar información de los movimientos de los delfines, cuánto espacio necesitan o usan y si su comportamiento espacial cambia en función al clima. También hemos marcado hembras y machos, y podríamos conocer si se comportan de forma diferente”.

A esto agrega Campbell que hay también una intención detrás del monitoreo en dos espacios distintos —una reserva y un lugar sin una categoría de protección. “Queremos saber si los movimientos de los delfines —sostiene la bióloga— son afectados por la calidad de hábitat en el que se encuentran. En el área reservada están expuestos a amenazas pero de una menor manera, mientras que en la zona del Marañón sin manejo hay una degradación del hábitat. Es una zona donde hay extracción de petróleo, madera, pescado”.

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“Delfines varados con machetazos”

 

Los científicos están al tanto de los peligros que acechan a los delfines de río. José Luis Mena menciona la pesca incidental y cuenta que cuando quedan atrapados en las redes, lo que viene luego es matar al animal. “Ha habido casos en los que encuentras delfines varados con machetazos, que es parte de la interacción”, se refiere al conflicto entre los delfines y los pescadores.

Para conocer mejor esta problemática, en el 2015, especialistas de ambas organizaciones, realizaron un diagnóstico sobre las amenazas que existen sobre esta especie. Entrevistaron a 250 pescadores en 12 puertos de la selva peruana ubicados en las regiones de Loreto y Ucayali. Uno de los principales hallazgos de estas entrevistas fue que el “70 % reportó haber tenido por lo menos un incidente de enredo de redes con delfines de río”, señala Campbell.

Algunas de las frases recogidas dejaron en evidencia este conflicto. “Siempre jalan, rompen las redes”, “esos animales a veces nos quieren botar de la lancha” o “rompen la red y se llevan el pescado”, repetían una y otra vez los pescadores.

Campbell se ha topado también en las salidas de campo con delfines “en mal estado, descompuestos y algunas veces con heridas”. No puede afirmar que todas las muertes sean producto de una interacción problemática con los pescadores, sobre todo porque también han encontrado delfines sin dientes, lo que puede estar relacionado a la venta de estas partes del animal como amuletos.

Pero también existen otras amenazas. El director científico de WWF menciona, por ejemplo, la degradación del hábitat de estos animales:  “En el Perú no hemos avanzado con el tratamiento de residuos sólidos, a eso agrégale algunos problemas por derrames de petróleo por el Marañón, agrégale algunos casos de sobrepesca que es el alimento para los delfines, y ahí vamos dándonos una idea de que la calidad del hábitat para los delfines ha venido disminuyendo y eso nos interesa medirlo, porque es una forma de tener una idea de la salud de las cuencas”.

 

Los investigadores también se refirieron al riesgo que representa para esta especie la construcción de represas en el Marañón y la puesta en marcha de la polémica Hidrovía Amazónica. WWF menciona que este proyecto en particular, “no cuenta con estudios técnicos rigurosos sobre sus potenciales impactos ambientales. Por ello, resulta crucial entender las dinámicas de estos ríos, su estado actual, la biodiversidad y recursos que albergan y cómo asegurar su permanencia”.

La Hidrovía Amazónica cubrirá una extensión de 2687 km en los ríos Huallaga, Marañón, Ucayali y Amazonas, lo que significará el dragado de bancos de arena y otros obstáculos ubicados en esos cuerpos de agua.

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Tecnología para la conservación 

 

Si bien es la primera vez que se marca a un grupo de delfines rosados en el Perú, esta técnica viene siendo utilizada en distintos proyectos de la región desde hace muchos años. Sin ir muy lejos, en Colombia, Bolivia y Brasil se ha aplicado para analizar el desplazamiento  de las poblaciones de este cetáceo.

Sin embargo, este grupo de científicos peruanos ha sumado esta vez una técnica nueva conocida como el ADN ambiental para estudiar la distribución de los delfines.

“Recogemos agua con unos envases, filtramos el agua, 500 mililitros aproximadamente —depende de la cantidad de sedimentos presentes en el lugar de muestreo— y al final tienes un papel filtro donde has retenido los pedazos de ADN de las especies que habitan en el agua. Luego por una técnica conocida como metabarcoding (técnica de análisis genético), se logra tener un listado de las especies que están presentes”, explica Mena.

A lo largo de los más de mil kilómetros recorridos, los biólogos recolectaron muestras de agua en 19 sitios distintos para analizar la presencia de vertebrados a través del ADN ambiental. Los resultados preliminares —el estudio científico aún no ha culminado— indican la presencia en estos lugares de bagres migratorios, de las dos especies de delfines, lobos de río y manatíes, que es el más raro de detectar.

 

 

“Es impresionante lo que uno obtiene con eso, a nosotros nos da un alcance espacial mucho más grande que al hacer un estudio de abundancia. Con el ADN ambiental lo que queremos ver es una línea de base de la biodiversidad de vertebrados”, explica el experto de WWF.

Los especialistas de ambas organizaciones señalaron que los trabajos realizados en los últimos años con los delfines de ríos apuntaban a recoger la información necesaria para elaborar el Plan de Acción Nacional para la Conservación de Delfines de Río (Inia geoffrensisy Sotalia fluviatilis) y Manatí Amazónico (Trichechus inunguis) en el Perú.

Este plan está pendiente de aprobación por el Ministerio de la Producción (Produce) desde abril del año pasado, cuando se publicó el proyecto de decreto supremo con el objetivo de recibir opiniones y comentarios de la ciudadanía durante 30 días hábiles. En este punto, Bolivia, Colombia y Ecuador nos llevan la delantera en los esfuerzos por conservar a estas especies.

Lo que adelantó la bióloga Joanna Alfaro es que en los próximos días se ingresará un cambio sobre el estado de conservación de esta especie en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN.

“Ahora está siendo actualizada, la van a poner en una categoría más elevada. Si no ha salido, está por salir”, precisó Alfaro, quien añadió que se está debatiendo si se clasifica al delfín rosado en la categoría de En Peligro o Peligro Crítico.

Foto de portada: © Jeffrey Dávila / WWF Perú.

 

Artículo publicado por alexa
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