El accidente ocurrió cuando la empresa transfería crudo de la plataforma CX-11 —ubicada mar adentro, en el Lote Z-1— al buque Trade Wind Palm, mediante una manguera rota que sumergieron 40 metros en el agua. Contrario a lo comunicado por la empresa, el peritaje de la Dirección General de Capitanías y Guardacostas (DICAPI) arrojó que la cantidad de crudo vertido ascendía a 11,9 barriles. Aun así, en su informe final, BPZ reiteró, ante el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA), que el derrame había sido solo del 40 % de un barril.

El OEFA, notando la diferencia, sancionó a BPZ por presentar información falsa. En su sanción refirió que la cantidad derramada incluso podía ser mayor ya que, entre la plataforma y el buque, se transfirieron 92 barriles de petróleo y la rotura de la manguera era de 21 centímetros.

Un pescador de 40 años, baja estatura y cara redonda, que llevaba más de la mitad de su vida extendiendo redes dentro de las cinco millas del mar, fue testigo del derrame. “Siempre dicen que es menos porque hacen que no se vea. Cuando vino el equipo de contingencia regaron químicos que hacían que el petróleo desapareciera de encima ¿ya? Días después, cuando nosotros jalábamos las redes de fondo, salían con petróleo, manchadas. Olían fuerte a petróleo. Fueron tres o cuatro meses que estuvo así”, dice el pescador que prefiere que su identidad no sea publicada. Asegura haber visto una decena de vertimientos, los describe como caminos, hilos negros que se hinchan en el agua.

Las petroleras están obligadas a reportar al OEFA y al Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería (Osinergmin) los derrames de crudo. En dichos reportes deben indicar el lugar, la hora, el motivo, las acciones de mitigación y la cantidad derramada. Para el Osinergmin, si la cantidad vertida es menor a un barril, se debe colocar en un registro aparte, que se envía mensualmente.

Mongabay Latam analizó los reportes de Osinergmin y calculó que en 10 años, tomando en cuenta los vertimientos menores y mayores, se han derramado, en todo el territorio peruano, 9743 barriles de petróleo crudo, agua con petróleo, hidrocarburo líquido o agua de producción, en 9439 eventos. En perspectiva sería como considerar que a diario, durante una década, se vertieron casi tres barriles de crudo.

De ese total de eventos, el 88 % ha sucedido en la Costa Norte. Aunque de acuerdo con lo reportado por las petroleras, ahí solo han vertido poco más de la tercera parte de lo derramado a nivel nacional, es decir, 3104 barriles.

El registro del OEFA, por su parte, tiene menor alcance. Su función fiscalizadora comenzó en marzo de 2011 y desde entonces ha registrado solo 631 eventos. A diferencia del Osinergmin, que sanciona las deficiencias de las operaciones en la industria de energía, hidrocarburos y minería, el OEFA sanciona los daños ambientales. Tomando como base el registro de Osinergmin correspondiente a los años en que la OEFA ya se encontraba funcionando, es posible observar que en el 84 % de los casos la OEFA no sancionó a las empresas ni tampoco corroboró la información que estas entregaron.

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Cifras imprecisas 

 

Los derrames que ocurren dentro del mar no son monitoreados. Ni el Osinergmin ni el OEFA corroboran las cifras de las petroleras. En la práctica, este es un ejercicio exclusivo de la Dirección General de Capitanías y Guardacostas (DICAPI) que vigila que no se viertan desechos en el mar por estar prohibido.

Entre los años 2013 y 2018, el OEFA abrió seis procesos administrativos contra las petroleras que hicieron vertimientos en el mar: en dos utilizó los peritajes de la DICAPI para sancionar a las empresas por mentir sobre la cantidad derramada. En otros dos, al no haber peritajes de DICAPI, consideró la información consignada por las petroleras sin cuestionarla. En dos más, las empresas ni siquiera proporcionaron la información de la cantidad vertida y sobre esta ausencia se determinó la sanción.

El vertimiento de BPZ, expuesto al inicio de este reportaje, corresponde a uno de los casos en los que se entregó información falsa. El segundo ocurrió en julio de 2013 cuando la petrolera SAVIA, colombiana-surcoreana, reportó el derrame de 2,5 barriles al mar, pero la DICAPI precisó que habían sido 48,57 barriles.

Para la investigación de este reportaje se revisaron las bases de datos de eventos menores y mayores del Osinergmin, además de la base de datos de Emergencias Ambientales del OEFA. También se examinaron los reportes mensuales que las petroleras otorgaron al Osinergmin desde 2015 hasta julio pasado. Por el lado del OEFA, se revisaron los procesos administrativos sancionadores por derrames de petróleo en Tumbes y Piura, ocurridos entre 2009 y octubre del 2018.

En los documentos es común ver reportes que no contienen información sobre la cantidad vertida. Un caso es el del 22 de septiembre de 2014, también de BPZ. La petrolera derramó crudo en el mar sin decir cuánto. El OEFA sancionó la falta de información pero, para conveniencia de BPZ, ese año estaba vigente la Ley ‘del paquetazo ambiental’: del 2014 al 2016, el Estado exoneró del pago de multas ambientales a las empresas del sector productivo por lo que BPZ no obtuvo sanción económica y no fue posible saber cuánto crudo derramó.

El 3 de abril pasado, en medio de una caminata diurna, habitantes de Lobitos registraron un derrame no documentado por el Osinergmin ni por el OEFA. Las fotografías, tomadas por los vecinos como prueba, están dentro del lote VI, operado por SAPET. Sin embargo, el último derrame menor informado por SAPET a Osinergmin fue en septiembre del año pasado.

OEFA, en cambio, supervisó a SAPET el mismo día que los vecinos de Lobitos tomaron las fotografías, pero la supervisión fue en Pariñas, un distrito cerca de Lobitos. Ahí OEFA no encontró “hechos que constituyan presuntas infracciones administrativas”, se lee en su acta de supervisión.

La base de datos del Osinergmin está llena de registros en «cero» por consideración unilateral de las empresas. Esta cifra, sin embargo, no indica ausencia de derrame sino cantidades vertidas al mar menores a un barril. Solo entre enero y julio de este año, de los 69 derrames reportados en esos siete meses, 21 corresponden a “cero”.

El Osinergmin aseguró a Mongabay Latam que actualmente están pidiendo precisión en los datos para que no haya más ceros.

Sumada a las dificultades técnicas y humanas para calcular la verdadera cantidad de petróleo derramado, la confianza que el Estado ha depositado en las petroleras para que sean ellas quienes entreguen información sobre sus derrames, ha dado como resultado un registro impreciso sobre el petróleo que se ha vertido en la naturaleza. El reporte de 3104 barriles derramados al mar, que ni siquiera considera las rectificaciones de DICAPI, es apenas un indicio de la cantidad real. 

Prueba de las imprecisiones en los reportes es el informe de la Comisión del Congreso que investigó los derrames de petróleo en el Oleoducto Nor Peruano: en su informe final refiere que se han vertido, solo en la Amazonía, 25 000 barriles en los últimos 9 años. Esa cantidad que no se condice con la reportada por las petroleras de la selva norte, selva central, selva sur, zona zócalo y noroeste. De acuerdo con los informes enviados al Osinergmin, durante los últimos 10 años, los derrames en todo el territorio nacional no suman ni 10 000 barriles de petróleo crudo, agua con petróleo, hidrocarburo líquido o agua de producción.

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El viaje del Petróleo en el mar 

 

Gregorio Eche, sargento de playa de Lobitos, localidad piurana, es un hombre delgado, de 80 años de edad, que dice estar cansado de dar entrevistas sobre escasez de peces y contaminación. En el distrito de Lobitos hay cuatro concesiones petroleras: el lote X explotado por China National Petroleum Corporation (CNPC), al norte del distrito; el lote XV, de la Petrolera Monterrico, en el centro; el lote VI, que opera SAPET, sucursal de CNPC, al sur y el lote Z-2B que opera SAVIA, dentro del mar.

“Gracias a Dios el mar se limpia solo”, dice el sargento de playa, “las mismas olas se encargan de sacar lo malo, no es como los derrames en los ríos, que se convierten en tragedia”. Su hipótesis es secundada en la caleta y, aunque es cierto que el mar degrada naturalmente al petróleo, su limpieza no es tan simple como para depositarla en el vaivén de las olas.

Andrea Collantes, bióloga marina experta en derrames, explica que en el mar, el petróleo vertido desciende. En un primer nivel, sus componentes más ligeros se evaporan o disuelven, mientras que los más pesados inician un proceso de oxidación hasta llegar a los sedimentos. Al estar en la superficie, la mancha impide que el fitoplancton reciba la luz solar. El movimiento del mar puede romper su concentración hasta formar pequeñas esferas negras que se descomponen. Existe la probabilidad de que, en la columna de agua, estas esferas empequeñecidas sean consumidas por organismos, entre ellos peces. Aquellos que no mueren por la contaminación, se introducen en la cadena alimenticia. Quizá son pescados y llevados hasta la mesa de cientos de familias peruanas.

Lo que explica Collantes es respaldado por diferentes estudios científicos que han documentado que no siempre, tras un derrame, acontece una mortandad masiva de especies, sino que también procede la bioacumulación de los componentes del petróleo.

Collantes detalla que existe la posibilidad de que el movimiento del mar devuelva las esferas de hidrocarburo a la superficie para que se evaporen, aunque siempre existe el riesgo de que una parte se hunda en los sedimentos. Además, agrega que lo que puede ocurrir es que “los peces pequeños se traguen las esferas de petróleo y mueran de hambre, porque van a sentir que están llenos cuando no. Lo mismo que pasa con el plástico”.

La frecuencia de los derrames en la costa norte es una pieza clave para comprender su importancia: el problema de contaminación del petróleo surge cuando la cantidad de hidrocarburos es mayor a la capacidad de degradación que tiene el mar.

Antes de la empresa china CNPC, la brasileña Petrobras operó el lote X hasta finales del 2014. En sus reportes de derrames menores a un barril, llegó a registrar de 100 a 200 eventos por mes y de 10 a 30 eventos por día, según los datos que reportó al Osinergmin. Ninguna otra petrolera ha reportado a ese nivel de detalle sus derrames.

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Necesidad de cuantificar

 

Según distintos estudios científicos consultados por Mongabay Latam, el petróleo en el mar tiene distintos efectos en los organismos marinos. Por ejemplo, en los informes Contaminación ambiental: monitoreo y evaluación, así como en Calidad acuática e hidrocarburos de petróleo, determinación de Hidrocarburos de petróleo en sedimentos marinos, en posesión del Instituto del Mar Peruano (IMARPE), está documentado que los hidrocarburos se adhieren a las branquias de los peces afectando su respiración; lo mismo pasa con las vías respiratorias de los mamíferos marinos; o bien, las comunidades marinas pueden sufrir deformaciones, pérdida de fertilidad y reducción del nivel de eclosión de huevos. Los efectos para los mejillones (Mytilidae) y otros moluscos que se adhieren a las rocas son especialmente determinantes, ya que pueden perder su capacidad de adhesión y por ende su capacidad de alimentarse.

La pesca también encuentra efectos negativos: hay especies que varían su ruta migratoria al detectar el petróleo.

Miguel Ángel Saldaña Serrano,  investigador especialista en ecotoxicología, concuerda con Collantes en que otra posibilidad es que las especies bioacumulen componentes de hidrocarburos: “los peces, como nosotros, tienen su sistema de defensas y van a tratar de defenderse de los componentes del petróleo. Los peces que no mueran, los pescadores los van a capturar y van a llegar al consumo humano”.

El investigador del laboratorio de biomarcadores de contaminación acuática e inmunoquímica (LABCAI), de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC), en Brasil, detalla que es necesario hacer estudios de monitoreo tanto en el mar como en las especies, hasta en derrames no significativos, ya que toda información dota de herramientas al Estado y a las empresas para mitigar los impactos ambientales.

En mayo de 1988, la Comisión Permanente del Pacífico Sur (CPPS), con apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), realizó una publicación de los mapas de áreas críticas y recursos vulnerables como prioridades de protección contra la contaminación accidental por petróleo en el pacífico sudeste. El área crítica número uno se conformó por el territorio demarcado por los puertos de Paita y Punta Aguja; playas como Los Organos, El Alto, Talara y Colán, de la Costa Norte. A sabiendas de ello, los últimos monitoreos públicos de contaminación por hidrocarburos totales del petróleo en el mar han sido del 2010 y del 2008.

La publicación del 2008 es la que ofrece más información. En ella, el Instituto del Mar Peruano detalló que el nivel de concentración de hidrocarburos aromáticos, disueltos en agua y sedimentos marinos de Talara, era comparable con áreas críticas reportadas en Chimbote y el Callao —características por su nivel de contaminación—,  aunque inferiores al nivel máximo permitido establecido por la Comisión Oceanográfica Internacional en 1984 (10 microgramos por litro).

Ambos estudios ofrecen únicamente monitoreo de Talara, que si bien es una de las caletas que más aporta peces al consumo humano directo, lo mismo hacen las playas norteñas de Cabo Blanco, El Ñuro, Los Organos, Máncora, Cancas, Acapulco, La Cruz, Puerto Pizarro y Zorritos.

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Reserva Nacional Mar Tropical de Grau

 

El pescador zorriteño que presenció el derrame de BPZ y el sargento de playa de Lobitos, coinciden con que ya no se ve la misma cantidad de peces, ni las mismas especies en el mar de la Costa Norte. El zorriteño, por cierto, ya no es pescador. Se ha conseguido una mototaxi para trabajarla porque “ya no da para vivir de pescador. Da pena. Mi padre y el padre de mi padre también lo fueron”, dice.

El zorriteño comenta que después de los derrames del 2014 los peces simplemente “dejaron de llegar” y durante dos años “no hubo pescado”. Refiere que los peces que dejaron de verse con la misma frecuencia en sus redes fueron la sierra (Thyrsites atun), el pámpano (Stromateus fiatola), la cachema (Cynoscion analis) y el tollo (Mustelus whitneyi), cuando antes eran especies abundantes.

Carlos Chapilliquén, presidente del gremio de pescadores en El Alto, región piurana que entre 2017 y 2018 denunció activamente los derrames ocurridos en el lote Z-2B, operado por SAVIA Perú, también asocia la contaminación de las petroleras con la escasez de peces. Indica que los peces que ahora escasean son los sucos (Paralonchurus peruanos), cherelas (Cilus gilberti), fortunos (Seriola rivoliana) y meros murique (Mycteroperca xenarcha). “Ya no vamos a permitir que nos sigan ahuyentando el pescado”, detalla el presidente del gremio, “ahora nos hemos puesto fuertes y les hemos dicho [a representantes de SAVIA] que tienen que cambiar la tubería. Esas tuberías tienen como 50 años y eso es notorio, se vio en las fotos. Ahora la empresa está cambiado toda su tubería”.

En abril del año pasado en Cabo Blanco, lugar al que fue Hemingway para hacer tomas cinematográficas para ‘El viejo y el mar’, un manchón de petróleo cubrió 350 metros del largo de la costa. El desgaste de una tubería de SAVIA lo había provocado. Residuos de hidrocarburo se acumularon en charcos bajo la tubería, de los que supervisores del OEFA, Capitanía del Puerto de Talara y del Osinergmin, pudieron extraer muestras sumergiendo botellas de plástico.

El lote Z-2B, de SAVIA, abarca los distritos de Los Órganos, El Alto, Lobitos, la Brea y Colán; una buena parte de la costa de Piura. En el historial de esta empresa hay sanciones del Osinergmin por no remitir informes de derrames, y del OEFA por no adoptar medidas para evitar el impacto ambiental.

Desde hace seis años se espera la creación de la Reserva Nacional Mar Tropical de Grau, que involucra una porción de la Costa Norte. De acuerdo con su documento técnico de creación, en playas aledañas al lote Z-2B anidan tortugas verdes y golfinas (Lepidochelys olivacea). A un costado de Cabo Blanco se encuentra el Ñuro —a menos de 10 kilómetros—, una localidad que ha cobrado fama por darle oportunidad a los turistas de nadar con tortugas verdes (Chelonia mydas). En este tramo, entre Cabo Blanco y el Ñuro, viven 179 especies de peces, 95 de moluscos, 46 de equinodermos, 12 tipos de aves, 12 mamíferos marinos y 6 tipos de esponjas además de medusas, corales y anémonas.

Es el hábitat de caballitos de mar (hippocampus ingens), estrellas (Nidorellia armata), peces loro jorobados (Scarus perrico), robalos (Centropomus nigrescens), peces cirujanos (Prionurus laticlavius). Es lugar de tránsito de ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae), ballena de Bryde (Balaenoptera brydei) y hasta ballena azul (Balaenoptera musculus), orcas (Orcinus orca), delfines hocico largo (Delphinus capensis), corto (Delphinus delphis), nariz de botella (Tursiops truncatus), piloto de aleta corta (Globicephala macrorhynchus), Risso (Grampus griseus), oscuro (Lagenorhynchus obscurus) y cachalotes (Physeter macrocephalus).

Pedro Solano, director ejecutivo de la organización no gubernamental Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA), está convencido de que habrá un mejor papel de las autoridades en el cuidado del océano cuando al fin la Reserva sea creada. Ello, puesto que el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp) tendrá que dar su opinión técnica favorable en todas las operaciones que se realicen y se creará un comité de gestión ambiental.

Solano puntualiza que el papel fiscalizador y los mecanismos para monitorear derrames serán los mismos. “Lo que yo sí espero del OEFA en el área protegida es que tenga un acceso más directo, más inmediato a la información, y que los documentos de las empresas sean más claros para evaluarlos. El OEFA ahora a lo que se enfrenta es a una incapacidad de poder medir o constatar cosas y en el mar es mucho más complicado”, menciona.

El 14 de octubre pasado, el presidente Martín Vizcarra inauguró el tercer Congreso de Áreas Protegidas de Latinoamérica y el Caribe (III Caplac), que se desarrolla en Lima. Ahí, una vez más el Estado se comprometió a impulsar la creación de las áreas naturales protegidas oceánicas pendientes. Mientras, de enero a julio de este año, a la Costa Norte le vertieron alrededor de 20 barriles de petróleo.

Mongabay Latam solicitó al OEFA expedientes de procesos sancionadores en donde sí se haya verificado la información consignada por las petroleras, sin embargo hasta la publicación de este reportaje el organismo no entregó respuesta. También se solicitaron los descargos de SAPET, BPZ, SAVIA y CNPC quienes tampoco contestaron a las preguntas de este medio.

*Imagen principal:La existencia de cinco lotes petroleros que se superponen al espacio propuesto para la reserva marina ha sido una de las razones por las que esta área ha demorado en aprobarse. Foto: Vanessa Romo

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Artículo publicado por michelle
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